No, señor. No soy educada, si hay algo que me molesta, se lo diré sin rodeos. No soy perfecta, pero tampoco un fiasco total. No tengo mi futuro planeado, de echo, ni siquiera sé si viviré. No soy inútil, sólo que usted no sabe apreciar mis dones y resalta muchos mis defectos. Y definitivamente no porque compartamos la misma sangre, tiene el derecho de que yo llame "Padre".










