Te abracé fuertemente mientras lloraba pedirte cambiar, que fueras un buen hombre. Tú me presionabas contra tu pecho y mientras acariciabas mi cabeza me prometías una y otra vez ser diferente, esta vez ser diferente. Pero algo era distinto, esta vez a pesar de todo, a pesar de tus lagrimas, a pesar de la calidez de tu cuerpo yo no te creía, yo no te podía creer ni una sola palabra, pero deseaba con todas mis fuerzas creerte, deseaba que esta vez fuera real, deseaba nunca haberme separado de tu lado, te extraño, pero debo aceptar que ya no existes más, que nunca lo hiciste, pero es terriblemente doloroso pensar que nunca me amaste.
Me tuve que amar más yo para dejarte, pero oh cariño, te hubiera dado mi vida entera si de verdad me amaras, si nunca me hubieras lastimado de la manera en que lo hiciste.
Cada día al despertar duele mucho pensar en la terrible realidad de tu persona. Y no te imaginas lo terrible que es recordar la última cara que me diste y saber que eso era el verdadero tú. No te imaginas lo que es que la misma persona que amabas sea la culpable de llevarse todo lo que amabas de ella, de derrumbar su propia imagen y concepto ante ti.