
if i look back, i am lost
Not today Justin
we're not kids anymore.
Game of Thrones Daily
$LAYYYTER

ellievsbear
cherry valley forever

Discoholic 🪩
todays bird
No title available
h

Kiana Khansmith
Sade Olutola
Acquired Stardust

PR's Tumblrdome
Sweet Seals For You, Always
trying on a metaphor

Love Begins
"I'm Dorothy Gale from Kansas"
i don't do bad sauce passes

seen from United Kingdom

seen from Germany

seen from Spain
seen from United Kingdom
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from Netherlands

seen from France
seen from Canada

seen from United States
seen from Türkiye
seen from United States

seen from United States

seen from Singapore

seen from United States
seen from T1
seen from United Kingdom

seen from Japan

seen from United States
@lucisisi
Siempre siempre siempre que viajábamos en auto papá nos hacia mirar por la ventana, era casi obligatorio que aprovecháramos el paisaje, que nos nutriéramos de la visión de la naturaleza circundante, que valoráramos los puentes y edificios, que observáramos todos los detalles del afuera, que hiciéramos turismo en definitiva. Era una alternativa para que dejáramos de pelear con mis hermanos: por el asiento, por la almohada, por la música, por el aire acondicionado. Nos abríamos paso a codazos, luchando por el espacio, comprimidos en la camioneta Mercedes de mi padre, que finalmente optó por instalar un asiento en la parte de atrás para que uno -el mas desgraciado de los 4- viajara con las valijas en la parte de atrás, sin aire y con los sonidos apaciguados del CD que tocaba. A veces eso también era un alivio porque a mis padres les gustaba escuchar Maná o Enya, lo que personalmente, ya de niña, me provocaba impulsos suicidas. La mayor parte del tiempo íbamos ensimismados en pensamientos, extrañando cada uno su espacio personal, forzados a estar en familia. Y en ese sentido, el afuera no estaba tan mal, eran ciudades abismales, campos interminables de color verde impactante o de un rojizo rocoso o un paisaje arenoso y seco que acompañaba esa suerte de meditación en parentella. Pobre el que viajaba en el medio.
Por eso no me resulta ahora para nada extraño elegir este estado de pegoteo 24/7 con los relativos, con los coapellidadados, los de mi clan. Miro por la ventana como un descanso del discurso interminable de mi tía que escucho de forma intermitente. Ella insiste: “Vean: mil tonos de verde en la llanura levemente ondulada, parece Uruguay ¿se acuerdan de los libros de geografía? … a mi lo que no me gusta es el invierno, sufro con la oscuridad…las cosas que pasamos, si ustedes supieran”.
Volvimos a Suecia bajo el prestigio de mi padre. Como en tantas otras cosas, papá nos allanó el camino, nos dejó una marca y dijo, aunque sin palabras, “Si van acá y dicen mi nombre, todo les será mas fácil.” Incluso en este territorio lejano donde se armaron la vida mis primos y primas, sus hijes, sus padres, sus suegros y suegras, con su insoportable cercanía y con lo difícil que es estar lejos también. Le pregunté a mi tío si había sido muy díficil aprender a hablar sueco sin internet y sin dinero y me dijo “A mi no me resultó más díficil que otras cosas en ese momento. Un día no entendes nada, al otro sabes decir un hola, un gracias, tu nombre, donde queda el baño, las frases se alargan y hasta el acento se pierde, pero el arraigo solo si vos querés”.
Ahora mi tía habla de Silvia Sommerlight (debo chequear este nombre pues es demasiado perfecto) la reina sueca que es, en verdad, brasilera. Su padre era parte del partido pronazi, detalle no menor. “Todas las colonias grandes necesitan un zángano”. Y agrega: “Es totalmente inapropiado, hasta el lobby lo podría hacer alguien con más conocimiento y capacidad técnica.” Mi tía si que domina la oratoria y yo soy fan de su murmullo sin pausa desde que amanece hasta que se duerme aunque las horas solares alarguen surrealmente los días aquí y yo no tenga cabal idea de donde estoy ni geográfica ni históricamente. Aunque no sé un pomo de la monarquía, ni mucho menos del dolor del exilio. Aunque si del de la muerte y como beatifica a las personas, como da nostalgia y continuidad al tejido agujereado de las familias, impulsadas a querer juntarse en la distancia, a querer hacerse espacio en la cercanía. Afuera el pasto sigue infinito y me sonrío, me relajo, medito intentando ubicar la mirada en la línea del horizonte y pienso en que voy a contar cuando me toque hablar a mi.
/audiochat/
Bueeno ¿Qué haces Lucy in the sky? ¿How u doing men? Anoche soñé contigo, y con Liu, que jugábamos un partido de futbol.
Veo tu cara de situación y escucho tu risa de fondo…
Ta, nada, tenía tremendas ganas de salir hoy pero estoy recansada boluda, estuve dos semanas al palo esta semana en el laburo. Faltando gente, cubriendo oficinas que no son mías. Y con un trip con una flaca ahí. Ahora esta todo bien, de a poco te contaré.
Trip, ¿de qué tipo de trip hablamos?
No se ni por dónde empezar. Tengo una contradicción, quiero salir, pero estoy cansada. Me gustaría bailar y meter una noche pim pum pam, pa arriba. Contame vos lo primero que se te venga a la cabeza, ya:
…
Jajajaja, silencio. La nada misma
Quiero que me cuentes ese trip. Perdón, estoy fumada, estoy fumando y lavando los platos.
No podría ser concisa para lo largo que es. No, mentira, para lo largo no, para lo ancho de todo este trip. Por suerte quedó todo bien. Ay, no se, un viaje, un viaje. Es una flaca que tiene 42, es arquitecta. Vive en Maldonado. Tiene sus problemitas como yo. La fui conociendo, al principio no peleamos y luego nos peleamos. Yo siempre una paciencia de oro. Al menos no fue un “te bloqueo y chau”. Pero después te cuento mejor. Y Borges, ¿cómo estamos? ¿Solita Silveira? O … ¿Acompañadita Giménez?
Yo estoy Malena Muyala, jajaja. Estoy…Sonia Despierta, ¿lo qué? Nah boluda, yo no estoy con nadie ahora, estoy soltera, por decisión propia. Porque me gusta, porque hace un montón de tiempo que estoy así y me gozo. Me gozo con seudo romances efímeros, esporádicos, con historias. Me bajoneo también, pasan cosas, pero ta, ese es mi deseo. Pero pará, no me contaste nada de la tipa
.Que buena decisión. No-estar-en-pareja. Yo estoy pa esa también. Más difícil que hacer bizcochuelo con merengue.
Siempre metáforas de torta…
Te voy a decir una cosa. Estemm… No puedo ser concisa en este momento. Luego te contaré. Se que te interesa saber. Pero, ta, nada, mucha info, no la podría volcar en este momento. La pasé mal, ella también, pero bueno quedo todo bien y me alegro por eso.
Estás dejando mucho para después…
Es que en un rato voy a ir caducando. Ya tengo la pastillita abajo de la lengua. Quería saber como estabas, como estas.
No se, creo que estoy contenta con algunas cosas en mi vida. Con otras en paz y con otras laburando, tet-a-tet. Es como un ping-pong, un devenir constante. Nunca sabes para donde va a picar la pelota. Pero, ¿sabes que? Empecé a ir a un taller de escritura. Y pienso mucho en vos alrededor de eso. Me acuerdo de tus carpetas con textos. Me acuerdo de la máquina de escribir.
Mis textos jaja. Aún no me puedo dormir, la pastilla igual me va haciendo efecto
Vos estas despegada, diría que tenés que publicar. Yo estoy experimentando. Siempre me gustó y tengo cosas sueltas por ahí. Estoy fantaseando con la idea de escribir algo legible para alguien, para mi al menos.
Me parece fantástico eso del taller de escritura. Esta alucinante eso ¿Vas a escribir sobre mi?
Puede que te invoque en algún pasaje. O que desgrabe alguna de nuestras conversaciones. O mejor, que transcriba alguno de los mails que nos mandábamos de pendejas. ¿Te acordas?
Un triciclo de obviamente tres ruedas. Un flan hecho a puro huevo. Clara y Ema. “No me mires, tengo la bombacha estirada”…
Jajajajaja
Hay material ahí, sin duda. Yo tengo que escribir un libro, pero antes tengo que agarrar la lapicera y antes tengo que hacer otras cosas. Pero sin duda quiero hacerlo. Estoy medio trancada y quiero darle de bomba.
Otra vez contradicción. Casi un oxímoron. Inquetamente estática.
Estas semanas, últimamente, pensé que tengo que aprovechar eso, yo que se, yo que se, yo que se..
Vos sabes. Sabes que tenes un montón de cosas. Eso de las carpetas me acuerdo, hasta con folios. Yo soy más desprolija. Aunque vos debes haber visto que soy muy prolija en otras cosas de mi vida, en esto soy… errática y deshilvanada. Este es el ejericio de hilvanar. No me sale muy bien. No sé a donde quiero ir. ¿Cómo haces para escribir vos?
Hilvanar, asociar, está bien. Es como que yo te pregunte ¿como haces para manejar? Yo no se manejar y no creo que aprenda nunca porque son muchas cosas a la vez. Mirar el espejo, mirar pal costado, pa delante, apretar el acelerador, mover la palanca, tocar la mano de la persona que tenes al lado. Yo que sé. Un montón de cosas. No se como escribir, no se, no lo se, no se. Asocio mucho, pero no se, no sabría decir como hago.
En este momento.
Creo que ahora que me haces pensar una de las cosas que me hacen escribir, simplemente, es la imaginación + la asociacion + coherencia y todo eso. Algo así. Que difícil la pregunta que me hiciste.
Jajajaja
No es que yo me siente a escribir y frente a la pagina en blanco empiece a escribir. Es como si estuvieras viendo una película y te vienen imágenes y, de algún modo, letras. No se, algo así. Y bueno, cada uno tiene su habilidad. Vos, en el sueño la rompías en el futbol, te juro, amasabas la pelota
Y dale con la panadería. Me gusta tu sueño. Sos crack
Gustavo Alzugaraiche y el autotemplo.
Una vez fui a subir una montaña, humilde elevación terrenal que me hizo pasar calor y rasparme las piernas. Encontré evidencias -un especie de altar policromático y de brillos metálicos- de un superdeportista, un ser-humano-maquina, afín al rendimiento y la competencia, condecorado en demasía y modestia, aparte. Pensé en el valor en confiar en uno mismx pero, ¿por qué comunicarlo a los demás con tanto afán? ¿que hay detrás del biombo del reconocimiento? Me dio vértigo esta idea, la de tener que mostrarse ideal y completo para sostenerse. Subir el cerro tuvo su recompensa, ver desde otro topos. Ya dejé el psicoanalisis por que su marca (brand/stain) me quedaba demasiado grande, o mejor dicho, me empequeñecía. Y en verdad no hay algo desestimable en ser pequeña, olvidable, invisible. Jugar al juego de la sombra.
Al mirón
Si no lo hago ahora no lo voy a hacer nunca. Soy demasiado permeable al afuera. Todo lo que me rodea, me habita. Me atraviesa punzante, invade exitosamente mis pensamientos, se interna entre los árboles de mis neuronas y empieza a generar conexiones. Al principio ramificantes, rizomáticas después, aéreas quizás más tarde. Luego se hacen humo. No encuentro otra forma de hilvanar mis partes duras si no es anfitrionando esta invasión, esta derrota del raciocinio. Un rinoceronte que arremete contra cualquier intento de encauzar una palabra de entendimiento, una palabra común y comunicable. Pero entonces no sucede nada, nada se mueve porque estoy quieta en mi interior. Mientras se amplifica el sonido de los insectos y se estratifican los tonos de verde del Almirón, como los blancos para los esquimales. Fracaso, me entrego y renazco, una y otra vez.
Escribo con tinta roja. Me diste una lapicera maldita que no quería andar. Rayé y rayé hasta que empezó a escupir gotas secas que fueron aflojándose mientras yo me volvía más intensa y torpe, como soy. Te dije que iba a usar este viaje en tren para escribir mis memorias, en tinta roja. Me desplomé en la butaca y empecé a escribir como si me saliera un hilo de sangre de entre los dedos y se formaran palabras.
Me pregunto qué vine a buscar. Qué hay ahí afuera que no entra en mi memoria visual. Qué hay adentro mío que necesito registrar. Un otoño de colores infinitos y paisajes subacuáticos helados y turquesas, un mundo rural que me es ajeno y también familiar. Extrañeza, fascinación y olvido. Necesito olvidar la forma de las rocas, el hup de los carpinchos, las bandadas azules de cotorras histéricas, los cerros negros que asoman envueltos en campos secos. Hoy, antes de venir al tren, me corrieron chirriando unos chimangos para robarme unas migas de empanada, se me cayó la cerveza, la junté y le di un sorbo con arena que saboreé con mi ridiculez.
Viene por el pasillo la señora de "reserva para la cena". Solo efectivo. Sirven trucha con guarnición y gaseosa y postre pero todos declinan la oferta. En el tren no hay señal, no hay celular, no hay pos. Es papel y tinta roja. No hay otro artificio que medie, aunque siempre hay ficción. No me alcanza para la cena pero la camarera me tranquiliza, también hay sanguche de milanesa por 1000 pesos y café por 400, medialunas por 200 y "podes comer todas las que quieras". Un universo de medialunas infinitas, como Mar del Plata.
Escucho el filo de las vías del tren, que a veces se inclina un poco por su peso y, como por aquí todo es barranco, parece que se podría voltear. Siento vértigo. Veo muchas cosas asombrosas. Pasan 8 ovejas: 5 blancas, 2 negras y una miti miti. Pasamos por el costado de una laguna seca, un espacio polvoriento con el fondo impreso de una laguna que ya no está más aunque si están ahí todos los demás elementos, musgo, cantos rodados, esqueletos de pescados, caracolas. Hay una orilla pero no hay agua. La gente se las arregla para hablar sin gritar ni susurrar. Hay un leve equilibrio. Es la primera vez que me tomo un tren tan largo y tan lento. Tanto que puedo mirar los arbustos en detalle, sus ramas quebradizas, sus hojas rizadas, su variación cromática, su amarillez.
El paisaje no ha cambiado mucho aunque vale decir que los cerros son ahora mas bajos y oscuros, el suelo más árido y los afluentes de los ríos están casi todos secos. Pasamos hace mucho esa ex-laguna y yo pienso en los ademanes que haces al hablar. Si saltara de este tren no pasaría nada, solo abandonaría mis cosas, mi celular obsoleto, mi tecnología de tinta y papel para vagar por el desierto patagónico, para mirar los patitos en el agua estancada al costado de la vía, para caminar sin fin y perderme en la incomodidad.
No hizo falta que te contara la historia de mi vida. Me leíste como si tuvieras un libro en frente. Entendiste de dónde venía y cuáles eran las cosas que más me impresionaban sin que yo abriera la boca. Es complejo e intraducible como absorbemos todo el mundo, aquello que se pliega y se vuelve parte interior y se manifiesta en lo que hacemos y lo que no. Como si la piel fuera permeable y útil solo para separarnos entre si y no andar desparramándose por ahí.
Viajar en tren es realmente de lo mejor. Le llamaría un estado ideal, como una sujeción elevada. Como estar en un carril de aire firme que contiene a un cuerpo que flota y se traslada y atiende a todas las sensaciones que lo habitan.
back in town https://www.instagram.com/p/CnddUZ5smNDnRlnexjS7NZWHEG54o42iGoPI1M0/?igshid=NGJjMDIxMWI=
El loco