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@lucyferlija
Tengo un novio maravilloso, una madre hermosa y cariñosa, dos hermanas divertidas... Aun así siento la necesidad de morir
El Tlacuache es el animal que robo el fuego para darselo a los humanos.
Segun la cultura Huichol.
Cuando me gusta alguien en Instagram y le doy muchos likes pero no me sigue devuelta:
“Prometo acordarme siempre de aquel raro diciembre. Prometo encender en tu día especial una vela y soplarla por ti…”
— Nena Daconte - Tenía tanto que darte
Te extraño tanto 😔
Juntos 💘 https://www.instagram.com/p/BxJfcD8AFih/?igshid=ivedf63rw700
Caligrafia florida…
Ya debería de estar acostumbraba a la idea de que nadie luchará por mi, y que nadie me querrá de verdad..
-1998
Frases y pensamientos
Después de días tranquilos, de la nada y de forma salvaje llegó tu recuerdo. Tu cabello chino, tu nariz enorme, tu barba, tu aroma, tu voz de locutor, tu risa que retumbaba en todo el departamento ¿por qué la vida es tan hija de puta? ¿Por qué tuviste que morir? Te extraño tanto, que me duele hasta respirar.
Te daría el sol /Jandy Nelson
Duelo y Melancolía
“En el duelo, lloramos a los muertos, en la melancolía, morimos con ellos.”
Freud vio tanto al duelo como a la melancolía como formas en que los seres humanos respondemos a la experiencia de una pérdida, ¿pero cómo las diferencia? El duelo involucra la larga y dolorosa labor de separarnos del ser amado que hemos perdido. «Su función», escribe Freud, «es separar los recuerdos y esperanzas de los sobrevivientes de la persona muerta.» El duelo, entonces, es diferente del dolor. El dolor es nuestra reacción a la pérdida, pero el duelo es cómo procesamos este dolor. Cada recuerdo y expectativa ligada a esta persona que hemos perdido debe ser revivida y confrontada con el juicio de que se ha ido para siempre. Éste es el difícil y terrible período en el que nuestros pensamientos regresan perpetuamente a la persona que hemos perdido. Pensamos en su presencia en nuestras vidas, volvemos a recuerdos de momentos que pasamos juntos, imaginamos que los vemos en la calle, esperamos escuchar su voz cuando suena el teléfono. De hecho, los investigadores afirman que al menos un cincuenta por ciento de personas afligidas de hecho experimentan alguna forma de alucinación de la persona amada perdida. Ellos están ahí, obsesionándonos durante el proceso de duelo, pero cada vez que pensamos en ellos, una parte de la intensidad de nuestros sentimientos está siendo fraccionada.
Las acciones cotidianas como ir de compras, caminar en el parque, ir al cine o estar en ciertas partes de nuestra ciudad de súbito se tornan increíblemente dolorosas. Cada lugar que visitamos, incluso el más familiar, revive recuerdos de cuando estuvimos ahí con la persona que amábamos. Si comprar en el supermercado o caminar por la calle con nuestro compañero nunca habían sido experiencias particularmente especiales, hacerlas ahora se vuelve doloroso. No es sólo el resurgimiento de recuerdos felices ligados a aquellos lugares que importan, sino el hecho de saber que no los veremos ahí nunca más. Incluso las nuevas experiencias pueden volverse angustiosas. Ver una película, ver una exposición o escuchar un fragmento de música nos hace querer compartirlo con aquél que hemos perdido. El hecho de que no esté ahí hace que nuestra realidad cotidiana parezca agudamente vacía. El mundo a nuestro alrededor parece albergar un lugar vacío, un hueco. Pierde su magia.
Con el tiempo, nuestro apego disminuirá. Freud le dijo a uno de sus pacientes que este proceso llevaría entre uno y dos años. Pero no sería fácil. Recaemos, dijo, a causa de cualquier actividad que causa dolor, y así hay «una sublevación en nuestras mentes en contra del duelo.» No pasará automáticamente y tal vez incluso estemos haciendo todo lo posible para resistirnos a ello sin saberlo conscientemente. Si no obstante somos capaces de seguir el proceso de duelo, dicho dolor se volverá menor, junto con nuestros sentimientos de remordimiento y de autorreproche. Nos damos cuenta poco a poco de que la persona que amábamos se ha ido y la energía de nuestro apego a dicha persona se volverá gradualmente menor para que algún día pueda quizás estar vinculada a alguien más. Nos daremos cuenta de que la vida aún tiene algo qué ofrecer.
Freud no se refiere simplemente al duelo aquí. Usa la expresión de «trabajo de duelo», en una frase que recuerda el concepto que ya había introducido en su libro La interpretación de los sueños, «el trabajo de sueño» o «trabajo onírico». El trabajo de sueño es lo que transforma un pensamiento o deseo que quizá tenemos en un sueño manifiesto, complejo. Consiste en desplazamientos, distorsiones y condensaciones, equivalentes al mecanismo del inconsciente mismo. Freud usa el mismo tipo de expresión para hablar del duelo, quizá para indicar que no sólo son nuestros pensamientos sobre la persona amada perdida los que cuentan, sino lo que hacemos con ellos: cómo son organizados, dispuestos, repasados, alterados. En este proceso, nuestros recuerdos y esperanzas sobre aquél que hemos perdido deben ser sacados a la luz en todas las posibles formas en que han sido registrados, como mirar un diamante no sólo desde un ángulo sino desde todos los ángulos posibles, de modo que cada una de sus facetas pueda ser observada. En términos freudianos, debe accederse al objeto perdido en todas sus representaciones variables.
Cuando Freud habla del objeto perdido no quiere decir una persona perdida por la muerte. La frase también puede referirse a una pérdida que sobreviene debido a la separación o el extrañamiento. Aquel que hemos perdido puede aún estar ahí en la realidad, aunque la naturaleza de nuestro vínculo con esa persona haya cambiado. Pueden incluso estar viviendo en la misma casa, o en la misma ciudad, y es claro que el significado de la pérdida dependerá de las particulares circunstancias de cada individuo. El luto es quizá el más claro ejemplo de una pérdida, ya que señala una ausencia real, empírica, pero Freud pretendía que sus ideas tuvieran un alcance más amplio. Lo decisivo será la eliminación de cualquier punto de referencia que ha sido importante en nuestras vidas y que se ha convertido en el centro de nuestros apegos. En el duelo, este punto de referencia no sólo es eliminado, sino que su ausencia está siendo registrada, inscrita indeleblemente en nuestras vidas mentales.
¿Y que hay de la melancolía? ¿Cómo se la distingue del duelo?
Freud argumenta que mientras que el que está en duelo sabe más o menos que ha perdido, esto no siempre es evidente para el melancólico. La naturaleza de la perdida no necesariamente se conoce a un nivel consciente, y puede igualmente involucrar una decepción o desaire de alguien más como la perdida ocasionada por el dolor, o incluso el colapso de un ideal político o religioso. Si el melancólico si tiene una idea de a quien ha perdido, no sabe, dice Freud, “lo que él ha perdido” en ellos. Este punto brillante complica el panorama simple del dolor. Debemos distinguir entre a quien hemos perdido y lo que hemos perdido en ellos. Y, como veremos, tal vez la dificultad de hacer esta separación es una de las cosas que pueden bloquear el proceso de duelo.
La característica clave de la melancolía para Freud es una disminución en la autoestima. Aunque la melancolía comparte con el duelo tales características como un abatimiento profundamente doloroso, su primer rasgo distintivo es “una baja de sentimientos de autoestima a un grado que llega al pronunciamiento de autorreproches y auto - injurias, y culmina en una expectación delirante por ser castigado “. El melancólico se representa a sí mismo como “pobre, sin valor y despreciable, y espera ser expulsado y castigado”. La melancolía significa que después de una perdida, la imagen de uno mismo es pro fundamente alterada.
El melancólico piensa de sí mismo que no vale ni merece nada. E insistirá en esto con mucha obstinación. Estos comentarios ya ayudan a dividir el panorama clínico. Muchas personas deprimidas se sienten indignas, pero el melancólico es diferente en que puede articular esto sin la reticencia encontrada en otros. De manera similar, muchas personas neuróticas relacionarán sus sentimientos de indignidad o de inutilidad con aspectos de su imagen física: su cuerpo simplemente no está bien, su nariz o su cabello o todo estará mal. Pero el melancólico tiene una queja mucho más profunda. Para el, es la misma esencia de su ser la que es indigna o está mal, no solo sus rasgos superficiales. Donde un neurótico puede volverse intranquilo al tener un pensamiento malo o impulsivo, el melancólico se condenara a sí mismo como una persona mala. Esta es una queja ontológica, concerniente a su existencia en sí misma. Donde la persona neurótica puede sentirse inferior a otras o inadecuada, el melancólico en verdad se acusara a si mismo de inutilidad, como si su vida misma fuera una clase de pecado o crimen. No solo se siente inadecuado: se sabe inadecuado. Hay certeza aquí, más que duda.
Los melancólicos se reprenderán a sí mismos sin tregua por sus faltas. No existe ningún consejo racional o persuasión que pueda detenerlos. Están convencidos de que ellos están equivocados. En contraste con el paranoico, quien culpa al mundo exterior, el melancólico solo se culpa a sí mismo. Freud usa este motif de autorreproche como un rasgo distintivo de la melancolía, apartándola así de muchos otros casos de sentimientos depresivos.
La necesidad del melancólico de reprenderse a sí mismo intrigaba a Freud. ¿Por qué esta insistencia en culparse a sí mismo? ¿Pudiera ser que cuando el melancólico estaba tan ocupado culpándose a sí mismo, en realidad estaba culpando a alguien más? Ha redirigido los reproches que tenía para alguien más en contra de sí mismo.
Estos clamorosos autorreproches son de hecho reproches dirigidos a otra persona que ha sido internalizada. El melancólico se ha identificado por completo con el que ha perdido. Esto no siempre significa que una separación real o luto ha tenido lugar. Puede ser quizá la persona que el sujeto ama, o amó, o incluso la que debió haber amado. Pero una vez que la pérdida ha ocurrido, su imagen ha sido transferida al lugar del yo del melancólico. La furia y el odio dirigidos a la persona perdida son de igual forma desplazados, así que el yo ahora es juzgado como si fuera el objeto abandonado. En la famosa frase de Freud, “la sombra del objeto ha caído sobre el yo” ahora sujeto a la crítica despiadada tan singular al sujeto melancólico. Las espadas se han convertido en boomerangs.
Para Freud, el autorreproche del melancólico es de hecho un reproche al ser amado perdido. Pero, ¿por qué un reproche en primer lugar? ¿Infaliblemente los muertos y los que ya se han ido solo merecen nuestra simpatía? Puede haber enojo por la simple razón de que, cuando alguien se esfuma, los culpamos por su partida. Los cantos fúnebres en muchas culturas a menudo castigan amargamente al fallecido por haber abandonado a los vivos. Y esta rabia es ubicua en la vida mental de la persona afligida. Puede que encuentre difícil llorar una pérdida cuando sentimientos amorosos luchan contra la furia hacia la persona por haber muerto. La ausencia nunca es aceptada sin enojo. En duelo por un ser amado, un hombre describió su sueño aterrador de una lápida agrietada, como si estuviera “destrozada por un acto de venganza”. Darle sentido a esto era difícil ya que él no sentía enojo consciente; sin embargo, más sueños mostraron lo real que era esto. No podía perdonar a la persona muerta por partir. El sueño es ejemplar en que muestra lo difícil que puede ser construir un memorial para una persona si el enojo lo destruye continuamente.
Los viajes a visitar la tumba del ser amado traían consigo el mismo dilema. Cada vez que salía para el cementerio, equivocaba el camino: se pasaba de la parada correcta del metro o se perdía en el laberinto de calles que rodeaban al cementerio. Estas desventuras lo dejaban en total desesperación, hasta que de súbito se dio cuenta de que estaban representando su reproche contra la persona fallecida. Encontrarse solo y sin apoyo en un lugar extraño, dijo, era como culpar a la persona muerta.
Este es uno de los más importantes descubrimientos del psicoanálisis: el hecho de que podemos sentir furia sin ser conscientes de ello. Freud señaló después que las relaciones entre los vivos eran en sí mismas ambivalentes. Como escribió en Tótem y tabú:
“En casi todos los casos donde hay un apego emocional fuerte para con una persona en particular, encontramos que detrás del amor más tierno hay una hostilidad oculta en el inconsciente.”
Freud argumenta, después de todo, que el factor decisivo no es la fuerza de nuestro apego hacia quien hemos perdido. No es el amor, sino la mezcla del amor y el odio lo que importa. Tendremos dificultades durante el duelo no porque amábamos a alguien demasiado, como sugeriría el sentido común, sino porque nuestro odio era tan poderoso. Tal vez es el esfuerzo mismo para separar el amor del odio lo que incapacita a la persona en duelo, dejándola atrapada en un limbo doloroso y devastador que puede tomar la forma del abatimiento y el pánico.
Hemos vista cómo Freud distinguía el duelo de la melancolía. En el duelo, nuestros recuerdos y esperanzas ligadas a alguien que hemos perdido son repasados y cada uno es confrontado con el juicio de que la persona ya no está aquí. Este proceso de reconocer y reorganizar pensamientos e imágenes eventualmente se agotara a sí mismo, y la persona en duelo elegirá la vida por encima de la muerte. En duelos patológicos o complicados, este proceso es detenido, debido primordialmente a la presencia de sentimientos poderosos de odio mezclado con nuestro amor por el fallecido. En la melancolía, el odio inconsciente hacia el que hemos perdido se vuelve contra nosotros para hundirnos: nos enfurecemos contra nosotros mismos de la misma forma que antes nos enfurecíamos contra el otro, debido a nuestra identificación inconsciente con él. Nos hemos convertido en aquello a lo que no podemos renunciar.
Fragmento del libro “La Moda Negra: Duelo, Melancolía y Depresión” de Darian Leader
Dude: Asi es la vida.(2018)
Me quiero morir.
Quiero morirme con él y que el dolor acabé.
Esto sin él no tiene sentido.
La vida continúa sin ti.
No se cómo haré para aceptar que no volverás, que ya volaste a otro cielo.
Te ame, te amo, te amare por siempre.
UNAM poniendo el ejemplo de que unión es igual a fuerza. Hoy gritaron Goya como uno solo para eliminar la violencia de la Máxima Casa de Estudios del país 🇲🇽❤️✊🏽
Conflicto universitario en México.
Como en cada ocasión que hay un conflicto en la UNAM, muchos de ustedes no tienen idea de lo que está pasando. Los paros los toman por sorpresa causándoles molestias y luego me escriben para preguntar por qué otra vez “los sociales” cerraron la facultad. Así que anticipándome a sus mensajes aquí va lo que, hasta ahora, entiendo sobre la situación.
Este conflicto tiene al menos 8 meses gestándose. Comienza en diciembre del 2017 cuando cambia la administración en los Colegios de Ciencias y Humanidades. La nueva administración se conduce de manera torpe y/o autoritaria. Autoritaria porque toma medidas unidireccionales que afectan a la comunidad académica y estudiantil; torpe porque no da cuenta de su actuar, se niega a dar explicaciones o a dialogar con quienes protestan.
Este tipo de medidas, de malos manejos del Poder, siempre resultan en que las personas que se sienten vulneradas por alguna razón se unan, se enardezcan, interpreten todas las acciones de las autoridades como agresiones personales y manifestaciones de un mismo conflicto, por lo que eventualmente toman medidas drásticas. Esto no es un fenómeno novedoso y las autoridades deberían saber que esto pasa, pero parecen impedidas para aprender de la experiencia.
Según la página “Confesionario CCH-Azcapo”, creada por quienes organizaron el paro de actividades en el CCH, la nueva directora del CCH-Azcapotzalco, Guadalupe Márquez Cárdenas, decidió, por alguna razón, quitar los murales hechos por los estudiantes. Esto se vivió como una agresión de la Dirección hacia la comunidad estudiantil. Esto tampoco es nuevo: la destrucción de las manifestaciones artísticas y/o culturales de una comunidad, incluso si a gran parte de la comunidad le son indiferentes, se vive como violencia simbólica, y eso también deberían saberlo las autoridades.
Lo siguiente fue una serie de manejos turbios con las horas de clase. Esto también es muy frecuente con los cambios de administración, por lo menos en México. Con el acceso al poder viene el pago de complicidades, las horas para los amigochos, el castigo para quienes no apoyaron al ganador, y un conjunto de vilezas gremiales férreamente arraigadas en nuestra cultura organizacional. El resultado de esto fue que los horarios de los alumnos no estuvieron disponibles sino hasta un día antes de entrar a clases; que muchos profesores se quedaron sin grupos; que a muchos profesores les fue imposible cumplir con sus nuevos horarios; que muchos alumnos se quedaran sin profesores; que haya grupos de 60 alumnos y grupos de 12 alumnos; y demás problemas que suelen ocurrir cuando uno piensa en beneficiar a los amigos en vez de cumplir con su trabajo.
Esto se sumó al descontento por los murales, y después vino el problema de la inscripción. La educación superior y media superior es gratuita, pero se paga una cuota de 20 centavos; es una cuota congelada desde hace décadas que, originalmente, no era tan ridícula. Los estudiantes pagan 20 centavos, siempre y cuando paguen en las ventanillas del campus. En esta ocasión las cajas no se abrieron, por lo que los alumnos tuvieron que pagar en el banco, y el banco no acepta pagos de 20 centavos; así que para poder inscribirse, los alumnos tuvieron que pagar 100 pesos.
Sé que a muchos de ustedes, cien pesos no les parece demasiado; pero, primero, hay alumnos para los que estos cien pesos sí representan un problema; y, segundo, el cobro de la educación pública es un tema muy-muy-muy sensible en la UNAM.
El que la educación en todos los niveles sea gratuita cumple con una función social importante: es el único medio a través del cual es –o era– posible trascender la clase social y tener un mejor nivel de vida. En México, quien nace pobre se queda pobre: quien no posee recursos para emprender un negocio está obligado a ser empleado, con el salario que el patrón quiera pagarle. Mientras más bajo sea tu nivel de estudios, más bajo será tu salario y “peor” tu empleo. Cuando uno observa este fenómeno masivamente, esto implica que los pobres siempre van a ser pobres, y que la clase media baja siempre será media baja: puedes hacerte más pobre, pero no puedes subir en la escala social. La educación gratuita es un mecanismo que permite –o permitía–que las clases bajas y medias bajas ascendieran en la escala social por medio de la educación. De ahí que se defienda la gratuidad de la educación con tanta fiereza: el cobro de una cuota hace que quienes no puedan pagarla sean condenados a mantenerse en el nivel socioeconómico en el que nacieron.
Aunque las estadísticas actuales demuestran que la educación ya no es un medio efectivo para ascender en lo económico, al menos identitariamente todavía hay repercusiones, es decir, en términos de prestigio, el que uno mismo se sepa arquitecto sigue siendo más valorado que entenderse como albañil. Ser profesionista es más prestigioso que ser obrero, etcétera, etcétera. La cuestión es que cualquier cobro de cuotas en la UNAM siempre-siempre ha desencadenado un problema serio, y eso también deberían saberlo las autoridades.
Todos estos agravios reunidos resultaron en la organización de asambleas estudiantiles, que exigían que se aclararan estas acciones. De las asambleas surgió un pliego petitorio que exigía cinco acciones por parte de las autoridades:
- Esclarecimiento del presupuesto escolar, ya qué hay un obvio desvío de recursos por parte de la directora.
- Restauración del acervo mural del colegio y permiso para la creación de nuevos murales por parte de alumnos.
-Asignación de profesores y horarios.
- Castigo a profesores y administración abusivos y deficientes.
- Esclarecimiento de las exigencias de cuotas por parte de trabajadores de la escuela a alumnos de los tres años.
La respuesta de la Dirección fue no dar ninguna respuesta, no dialogar, no explicar nada a nadie, y por el contrario, mandar a grupos de golpeadores a amedrentar a los estudiantes. Y siempre que se utilice el poder para reprimir a un grupo que se siente vulnerado, el grupo se va a radicalizar, se hará mucho menos racional, y se volverá inaccesible a diálogos posteriores. Esto es una medida de supervivencia: no se puede dialogar con quien te violenta. No se puede solucionar un problema hablando si uno de los interlocutores está apuntando al otro en la cabeza con un arma. La negociación sólo es posible entre iguales y sin el Poder de por medio; y eso también deberían saberlo las autoridades.
Ante esta respuesta los estudiantes hacen un paro, toman el CCH y exigen ahora la renuncia de la Directora, el castigo para los golpeadores, y medidas que garanticen la seguridad de los estudiantes.
El tema de la seguridad dará pie a que se integren los reclamos de otras víctimas de violencias que no necesariamente provienen de las autoridades, pero que sí se pueden entender como negligencias de las mismas: los casos de robos, hostigamientos, acosos, secuestros, violaciones y hasta asesinatos, que han ocurrido en los campus, en la periferia de los mismos o a miembros de la comunidad estudiantil. Hay que tener presente que, para este momento, el movimiento ya se crispó y cualquier agresión contra cualquiera de sus miembros, provenga de quien provenga, se considera parte del mismo problema.
Sea como sea, esto es lo que estaban demandando los estudiantes ayer frente a Rectoría, cuando fueron atacados, otra vez, por grupos de golpeadores.
Yo no sé si alcanzan a vislumbrar la magnitud del problema. Están en el corazón del campus universitario, de la máxima casa de estudios del país. En las puertas de la dirección de la Universidad, y ahí, con absoluto descaro, a sabiendas de la impunidad que les garantiza el Poder, alguna autoridad de la UNAM mandó a estos sujetos a reventar una manifestación pacífica. Estos bárbaros golpearon, patearon, apalearon, apuñalaron y quemaron con bombas molotov a los estudiantes de las preparatorias. Esto es un acto criminal y una abominación; es una repetición de las mismas políticas represivas de hace 60 años, que deja ver que en la UNAM se siguen manteniendo organizaciones subrepticias para acallar violentamente las demandas de la comunidad estudiantil.
No es verosímil que por cuenta propia, estos sujetos, muchos de los cuales ya han sido identificados como provenientes de distintos CCHs y Facultades, se hayan organizado y hayan decidido ir a reventar una manifestación que exige la renuncia de las autoridades y la desaparición de los grupos de golpeadores auspiciados por las autoridades. No es verosímil que por pura casualidad estos sujetos anduvieran por el campus, armados con palos, navajas y bombas molotov, justo en el momento de la manifestación.
Ante estos hechos, estudiantes de distintas facultades y algunos de los estudiantes agredidos comenzaron a organizarse, acudieron a varias Facultades a solicitar el respaldo de la comunidad estudiantil. En una asamblea que tuvo lugar durante la noche de ayer, unas cien personas votaron y se decidió hacer un paro de 48 horas en la Facultad. Decidieron que, dado que ya era tarde, se haría otra asamblea a las 12:00 del día en la explanada de la Facultad, para que los estudiantes de la mañana también votaran; pero por alguna razón tomaron la Dirección de la Facultad en ese momento. Creo que esta medida fue un error, pues no puedes emprender una acción antes de la votación en la que se decidirá si se emprende esa acción. Me imagino que en ese momento se pensó que las autoridades podrían tomar alguna acción preventiva para impedir el paro si se esperaban hasta el día siguiente. Aún así, me parece un error, pero entiendo que este es el tipo de decisiones que toman las comunidades cuando se les violenta.
El paro, por supuesto, no es una protesta, no es una medida simbólica, ni una breve vacación; tiene como finalidad la organización de la comunidad estudiantil, la difusión de los hechos, la planeación de una estrategia, y el planteamiento de demandas a las autoridades.
Yo creo que sí es importante que la comunidad estudiantil responda, y que esa respuesta vaya más allá de una “enérgica reprobación” de lo ocurrido. La comunidad debe hacerle saber a las autoridades que no está dispuesta a aceptar estos manejos del poder, y el uso de la violencia como medio para solucionar los conflictos entre los estudiantes y las autoridades. Es necesario que los culpables materiales e intelectuales de estos hechos sean castigados. Que la respuesta no sea una mera simulación como la generalidad de las soluciones que la UNAM ha dado a los problemas recientes; que esto no se soluciona cambiando los focos de las luminarias del circuito o prohibiendo por tres semanas la entrada de taxis sin pasajeros a la Universidad.
No sé si el paro vaya a ser funcional, pero creo que sí debemos responder de alguna manera, y sobre todo difundir lo que está pasando, para que el país y, si es posible, la comunidad internacional, sepa lo que ocurre en la universidad. Muchas veces, las autoridades sólo responden a la presión internacional, por lo que la difusión me parece importante.