Hay estábamos y hay estaremos.
Hay estábamos, apenas dos desconocidos aún sin saber el porqué, el porque nuestro destino nos ponía uno enfrente al otro. Ella lo llamaba suerte y yo le decía que era destino, dos polos aparte pero que se atraían.
La suerte la creas y el destino solo surge, emerge y se materializa, revelándose en nuestras vidas de frente a nuestras narices.
Hay estábamos, desde el primer momento nuestras miradas ya se hablaban, como si se conocieran ya, se sentían y se expresaban como si las dos fueran íntimas, como si nuestros destinos ya se hubieran conocido antes tal vez lo sabían y esperaban el momento de encontrarse.
Hay estábamos, nos mirábamos para ella mi mirada, mis ojos decían tanto, podía leer en mi, a través de mi. Para mi sus ojos pedían ayuda, brillaban me decían dame un poco de ti, de ese coraje, de esas ganas de salir al mundo y cometerlo, para ella eran profundos nuestras miradas podrían atravesar cualquier obstáculo o como lo llamaba ella, un muro, no importaba como fuera este muro, podíamos atravesarlo. No interesaba como estuviera formado , si por miedos, inseguridades. De una manera u otra yo también tenia un muro, la diferencia era que el mío estaba hecho de cristal, frágil y delicado. Y por eso ella pudo ver a través y llegar a mis ojos.
Hay estábamos, ya no éramos dos desconocidos este muro imaginario empezaba a tener aperturas así dejando lugar a saber más y más el uno del otro. Las sensaciones y emociones empezaban a tomar forma, la intriga hacia camino al interés y las preguntas empezaban a aparecer. Habíamos dejado entrar un poco del otro.
Hay estábamos, pasaban los minutos, las horas, días y hay estábamos siempre en el mismo bar a la misma hora el mismo café y el cigarro después, nos seguíamos conociendo, sabiendo un poco más del otro,nos sorprendíamos, sentíamos curiosidad y lo más lindo nos mirábamos y manteníamos nuestra miradas fijadas en un silencio rotundo. Por momentos, momentos de silencio total, nos estábamos leyendo y sin darnos cuenta mientras lo hacíamos escribíamos nuestro destino, ese destino que ella llamaba suerte ahora venía escrito letra por letra, palabra por palabra y empezaban hacer y crear forma a lo que sería un texto o tal vez una historia.
Hay estábamos, habíamos creado un legame, un legame creado en tan poco tiempo pero que no nos hacía preguntarnos el porqué. Fue en un instante, ni siquiera nos dimos cuenta. Era de noche, nos veíamos por segunda vez en un día, no había todavía pasado pero nuestros muros necesitaban del otro para mantenerse en pie.
Era una noche perfecta, ni frío ni calor, cielo y estrellas atrás de nubes negras, la luna tenía su lugar cada tanto se dejaba ver y nos iluminaba con su luz , nos dejaba desnudos, nos atravesaba y mágicamente pasaba a través de estos dos muros imaginarios que habíamos creado para protegernos, pero no de nosotros sino de los demás. Eso creíamos porque cuando la luz entraba a través de los muros, un poco de nosotros aprovechaba para atravesar también y dejar algo del otro dentro, tanto dentro que de pensarlo nos venían cosquillas en el estómago pero era una linda sensación, única que cuando sucedía la abrazaba con todas mis fuerzas.
Hay estábamos, nos contábamos todo, nuestro pasado, nuestras experiencias pasadas, hablábamos del presente y dejábamos un pequeño espacio al futuro pero muy pequeño porque no queríamos alejarnos del presente que estábamos viviendo ahora, no querías cerrar los ojos y saber que sería tiempo de dejarnos ir, aunque fuera hasta el otro día, aunque solo unas horas porque nos volveríamos a ver de nuevo mañana. Hablábamos de las veces que rompieron nuestro corazón, cuantas veces lo han roto y cuantas veces fueron … pero sin saberlo los dos teníamos la pieza para repararlo como si fuéramos dos rompecabezas.
Nos sentíamos bien, nos gustaba estar el uno con el otro y repetíamos a continuación ¡cuánto me haces bien!
Nos estábamos dejando desnudar delante un mar bellísimo con su ruido y tranquilidad, serenidad y paz. Nos daba la sensación de estar en el lugar y tiempo correcto.
Hay estábamos, todavía cada tanto se mantenía ese silencio donde nos mirábamos y nuestras miradas se hablaban entre ellas y nosotros éramos afuera de esa conversación, pero a la misma vez, éramos la raíz de ese tulipán que nacía y nace hasta hoy, tarde o temprano tomará forma, será maduro y tan grande que pasará ese muro.
Hay estábamos y hay estaremos.