El pasado fin de semana se celebró en el Palacio de Congresos de Torremolinos (Málaga) la 5ª edición del festival de fotografía, Photofestival.
Con cambio de ubicación debido al crecimiento del número de asistentes, ya que antes se realizaba en Mijas, el evento ha continuado con su línea todoterreno de aunar a grandes fotógrafos de distintas disciplinas y demostrar que tenemos arte y calidad para todos los gustos.
Presentado en colaboración con la delegación de Promoción Cultural del Consistorio de Torremolinos, Eduardo Jerez (Backstage Producciones Fotográficas) y Antonio Hurtado, artífices de este acontecimiento anual gestionado de manera genial, consiguieron llevar a los más de 400 aficionados por un recorrido fotográfico que iba “in crescendo” desde las jóvenes promesas como Pitu López o Rosie Hardy pasando por la historia más reivindicativa mostrada por dos señoras de la categoría de Colita y Joana Biarnés hasta la guinda que cerró el festival, Eugenio Recuenco.
Aún siendo estos puntos fuertes y de las mejores presentaciones que vivimos, el cartel no daba un respiro.
Comenzó dos días antes con un taller de Javier Damlow (Street Photography) que repetía este año de nuevo, sacando a la calle de Torremolinos a los casi 30 aficionados que se apuntaron. Otros dos talleres sobre fotografía social e infantil con Juan Luis Limeres y Ana Cruz completaron la previa del acontecimiento. Ambos realizaron una exposición posterior dentro de la agenda del festival que completaron las dudas de los asistentes, que por cierto fueron inquisitoriales, para aprovechar bien su entrada.
El viernes comenzó la fiesta. Juan Luis Limeres, Nuria López Torres, Pitu López, Ana Cruz y Fernando Bayona abrieron el primer día sin paliativos. Pudimos disfrutar de unas fotografías sociales increíbles que nos transportaron al Voge de los años 50 o al gran Henry Clarke, pasamos a la fotografía documental con el trabajo “Sex and revolution in Cuba” de Nuria López, donde comprobamos el discurso comprometido de la fotógrafa en una sociedad colorista y retrógrada.
Para seguir con el todoterreno de la fotocomposición Pitu López, una de las mejores ponencias que pudimos ver por su dinamismo y contenido. Hizo hincapié en la necesidad de tener capacidad de reacción frente a los problemas que pueden presentársenos y en el trabajo duro para despertar la creatividad que cada uno llevamos dentro. Una de las sorpresas del festival y un joven profesional al que seguirle la pista muy de cerca.
En esta misma dinámica, usando la fotografía como medio para contar historias terminó la jornada con Fernando Bayona. Un escultor reconvertido a fotógrafo que deja sus imágenes abiertas, que trata temas oscuros y que sabe de su poder como narrador. Una ponencia realista y directa llena de información no solo técnica, la forma de realizar sus elaboradísimas imágenes, sino de cómo encontrar la inspiración en cualquier elemento, con cualquier sonido o en cualquier situación.
Platos fuertes para un sábado sin descanso
El sábado se las prometía tan intenso como el día anterior. Llegarían cabezas de cartel que revolucionaron el patio de butacas y el photocall, ya que los asistentes estaban ávidos de historias, de las que se escriben con H mayúscula y que dejan el alma llena con esta aventura que es la fotografía.
Gonzaga Manso nos dejó un sabor de boca dulce, suave, como quien está mirando a su hermano pequeño hacer algo grandioso y se siente orgulloso de su trabajo. Nos hizo partícipes de sus planos generales llenos de detalles, de sus decorados, del proceso creativo y de dejar que las cosas surjan en el estudio. Mención especial al momento de la foto del lago con los dos abuelos fundidos en un abrazo inmortal… El conocer el porqué y el cómo se realizó llenó el auditorio de un suspiro general que dejó el camino allanado a la revolución de una de las mujeres más esperadas. Colita, que a sus 84 años no dejó que nadie pudiera despegarse del asiento mostrando su mejor “yo” en una entrevista muy personal y muy directa. Nos lo contó “casi” todo, desde los inicios al ya tan mencionado Premio Nacional de Fotografía que rechazó (en realidad, rechazó ir a recogerlo a manos del exministro Wert). Hablar por los pasillos y poder hacernos un selfie con ella hizo las delicias de todos los que asistimos. “La fotografía es un arma“, nos comentaba “y otorga poder para dar a conocer a los jóvenes lo que ha pasado, ya que somos testigos privilegiados de la historia de España“. Ahora solo dispara en digital y “le importa un rábajo a estas alturas el analógico sea en estos momentos el Santo Grial“. Genio y Figura.
El parón para comer nos dio aire para seguir con más. Chema Conesa, Rosie Hardy y Joana Biarnés, esperaban turno para llenarnos de nuevo de verdad y anécdotas que nos dejaron pegados al asiento.
El Retrato de Chema Conesa, gran exposición y con quien tuvimos tiempo de charlar después, nos dio de frente con el derecho a la imagen propia. A la opinión reveladora del fotógrafo, que frente a la persona a retratar, hace que nos conectemos con la imagen gracias al sentimiento que para cada cual ofrezcan aquellos personajes. En estos momentos el espectáculo ha superado a la realidad pero lo que no ha cambiado es que el reportero gráfico sigue tratando de acercarse cara a cara con su “modelo” para luego intentar no dejar rastro.
Ver a Rosie Hardy en directo es como ver una película de teenagers, rebosante de cariño y jovialidad, en la que solo puedes disfrutar de su imaginación y del “por qué” de cada imagen. A nivel de retoque es verdad que nos dejó un poco fríos, pero su cercanía y el resultado final (que es lo que realmente cuenta) acaba siendo exquisito.
De Joana Biarnés solo puedo decir que me fue imposible tomar notas. El respeto, el amor y la dignidad ante su profesión llenó el auditorio del Palacio de Congresos y anécdota tras anécdota, nos llevó a la última hora de la noche dándonos palmaditas para intentar ser valientes y seguir abriendo caminos para otras mujeres o para el pago respetuoso del trabajo del sector gráfico. Tengo la sensación que fue la primera gruppie de la historia española, colándose en el avión y en el hotel de los Beatles, seguir a Raphael durante 7 años … para mí fue un descubrimiento, tanto a nivel profesional como personal.
Fin de fiesta por todo lo alto
Tengo que mencionar que Photofestival es antetodo, un encuentro de amigos, año tras año ves entre el público las mismas caras y entre los ponentes se desgrana un buen rollo que se hace evidente en los pasillos y las firmas de libros. Fotógrafos de todas las edades y sectores se reúnen por 5 año consecutivo frente a un escenario ávidos de información e historias que les sirvan en su día a día. Visitantes como Rebeca Saray (quien ayudó a crear la primera edición y que mantiene un idilio con este festival y su ciudad) o Jesús Botaro, hacen que se note que quien viene la primera vez se engancha y acaba preparando la maleta para volver un año después.
Y con este buen rollismo nos despertó Miguel Trillo y su famosísimo trabajo sobre la juventud y las tribus urbanas. Es uan “rara avis” de la foto española que ha mantenido su independencia ante todo realizando el trabajo que más le ha gustado, un espíritu libre que demuestra una cercanía única en alguien que ha pasado por la movida madrileña y sigue siendo sencillo en el trato de tú a tú. Para él no ha distancias cortas, sus planos son siempre centrados y buscando que sus fotografíados interactúen, se dejen querer por la cámara y representen el papel para el que se han estado esmerando tanto en su estilismo. Se nos quedó corta la propuesta de Trillo, y al terminar el escenario se llenó de jóvenes y no tan jóvenes para conocerle y comprar sus famosas postales.
Según la organización de Photofestival, conseguir que Recuenco asistiera ha sido como un parto largo y difícil. Es uno de los mayores exponentes de la fotografía de moda y autor de nuestra generación y los compromisos y exposiciones hace que cuadrar fechas sea encaje de bolillos (el día anterior cerró su última exposición en Berlín). De ahí que el auditorio estuviera lleno y que tuviéramos muchísmas ganas de verle.
Repasó con nosotros su trabajo desde el año 2000 comparándolo con lo que se hacía en esos momentos, un ejercicio de autocrítica que demostró el porqué él sigue donde está y de dónde viene su búsqueda de la experimentación. Su estilo es honesto, él busca en cada foto lo que tiene que ser y mantiene su planteamiento de no cambiar el fin ya que hay algo que subyace, que supera a los modelos, al tiempo y a los estilismos, lo que hace que vaya evolucionando pensando en que esa es la última foto.
Asistir a Photofestival es una montaña rusa de emociones en la que al salir sólo quieres más y más. Los ponentes son siempre de excepción, no sólo fotográficamente hablando, si no que el trato cercano y la posibilidad de poder mostrarles los propios trabajos hace que la vuelta a casa sea un no parar de ganas de seguir trabajando y de seguir creando.
Esta quinta edición ha podido ser el momento en el que se asiente de manera definitiva en Torremolinos un evento, que lejos de “pretender ser“, ES una de las mejores citas anuales a las que asistir si de verdad amas esta profesión.
Os emplazo al próximo número de lymaler magazine donde tuvimos la oportunidad de entrevistar a varios de los ponentes, entre ellos Eugenio Recuenco y Gonzaga Manso.
Photofestival, 5 años al más alto nivel El pasado fin de semana se celebró en el Palacio de Congresos de Torremolinos (Málaga) la 5ª edición del festival de fotografía, Photofestival.