Hoy es uno de esos días en que nada está bien, pero nada está mal.
Sonreí dos veces mientras me vi al espejo, y lloré una vez, antes de despertar. Sé que lloré porque mis mejillas amanecieron inundadas, parecían un mar y sobre mi cabeza sobrevolaban gaviotas.
Había un barco a la deriva justo en esa parte de mi mejilla donde se ubica el triángulo de las bermudas.
Pobres tripulantes, pobre barco, pobre mejilla mía. Ella no es mala, apuesto a que jamás hubiera querido que ellos naufragaran en el confín de sus aguas.
Hoy es uno de esos días en que nada me sale bien, pero eso ya no me pone mal. Una aprende a desaprender las razones por las que algo debe o no doler.
Está bien, lo que tengo es necesario en la justa medida, lo que me falta es tema de mi despertar futuro, así que no me voy a preocupar.
Me he puesto a leer, y no encuentro las palabras que busco, quién sabrá en qué libro, en qué línea se esconden.
Ojalá las pueda encontrar.
Hoy es uno de esos días donde morir o vivir me resulta lo mismo.
Estoy feliz, y estoy en paz, y también y por rebeldía, estoy triste.
Amo a alguien que me ama, qué fortuna ¿no?.
Yo, que siempre asumo que soy difícil de amar, yo que siempre huyo, antes de besar.
Hoy es uno de esos días en que quisiera correr sin rumbo y caer cansada en medio de una acera, dormir bajo el manto del cielo estrellado, para luego no, o sí despertar.
Hoy nada va bien, pero nada está mal.
- Viento María | Se regalan Tristezas