Lo vi bailar entre dientes llenos de colores, aplaudí su presencia como quien celebra una fiesta que no ha comenzado, llevé en mi boca su quietud, y le sonreí sin peso en los hombros porque la música para mi no era más que su voz llevando mi tempo, mi cuerpo seguía el compás de sus vocales azucaradas y silentes. Hoy no dejo de pensar que todo esto fue un abrazo infinito de la suerte.
Malucustruda (via malucustruda)











