Hoy salí con todo mi curso a terreno. Antes de partir, estuve a punto de irme sola porque ya estabamos atrasados y andaban todos dispersos... Pero finalmente nos esperamos unos a otros como buenos compañeritos que somos y nos fuimos en dos grupos: unos en micro y otros en metro. Yo iba en metro, y al bajarnos igual teníamos que tomar micro. El asunto es que cuando tomamos la micro, iba el resto del curso allí. Fue en ese momento cuando comenzó la gran odisea. Durante los viajes de ida y vuelta compartimos como nunca y fuimos un curso lindo. Creamos ese ambiente propio que todos parecían envidiar. Son esas instancias en que no te importa gritar o hacer cosas muy estúpidas, porque tu grupo de "amigotes" te entiende. Con todo esto no pude evitar recordar que en algún momento tuve una "amigota" que parecía tener un millón de amigos. Me daba tanta envidia de sólo pensarlo... me la imaginaba con un montón de gente y muchas cosas divertidas por hacer. Pensaba en que su vida debía ser la más divertida de todos. Bueno, al parecer no lo es. He hablado muy poco con ella, pero hasta lo que sé su vida no tiene nada de feliz. Tener un millón de "amigos" y hacer muchas cosas locas, podría volverte interesante, pero no determina muchas otras cosas. El problema es cuando se trata de buscar a ese gran grupo de gente permanentemente, sin ser capaz de darle importancia a los buenos amigos que si tienes. Al menos yo, creo que dejé de buscar a ese gran grupo hace varios años, justo a tiempo para retener a esos poquitos hermosos amiguitos que ahora tengo.