De cómo Bolaño me acompañó en el insomnio tectónico
Ah, que dice Quim Font que existe la literatura de los desesperados y que no sólo es ruinosa sino además dura muy poco. O algo así.
Ah, que le leí como si estuviera hablando de mi, y madre, qué pena me dio.
Una que definitivamente se espera hasta caer en un pozo para ponerse a escribir, en libretas, o en servilletas, o en la pared, o en cualquier lado, así, por desesperación. Así, cual adolescente. Literatura inmadura, pues. Como sin ánimos de trascender.
Ah, qué pena me dio. Y me puse a pensar en mis poemas catárquicos, y en mis intentos de versos, o en el exhibicionismo emocional de mi tumblr y de NUIT, y en la desesperación... y en la desesperación millennial, que es peor (por vacía, digo).
Y me puse a pensar en Nicanor Parra y su antipoesía, y me puse a pensar en Cortazar y en Gerardo Deniz y en Borges y en Alaide Fopa y hasta pensé en Patty Smith... y en esta absurda idea que siempre he tenido de querer escribir, en este ímpetu desesperado de escribir. Pero si la literatura ya está hecha, si los verdaderos poetas ya existen, ¿qué trae de bueno otra desesperada (yo) derrochando tinta?
Y dice Quim Font, o más bien, Roberto Bolaño, que la literatura desesperada no es más que eso... y qué malditos esos real visceralistas que arruinaron, hasta de manera indirecta, a todos los "poetas".
Qué pena. Madre, qué pena (...)
En fin, me atrapó nuevamente una madrugada y así como así me dieron las 7 de la mañana. Y aquí estoy pensando en la Pizarnik y en Sylvia Plath y en Rimbaud y Verlaine que también escribieron desesperadamente, pero sí trascendieron... o algo así (?)
En todo caso, qué pena me da, y qué pena me doy, por no encontrar una "voz poética" más "madura", lo que sea que eso signifique. Qué pena no haber pasado ya a esa etapa de la literatura tranquila, cualquiera pensaría que ya es hora.
Y aquí estoy viendo salir el sol otra vez, sintiendo que cada crujido en la casa es otra sacudida de la tierra, sintiendo a los muertos de una patria que no es mía pero que me abraza. Aquí estoy con el estómago hecho un nudo y una desesperación (vaya que eso es) por sentirme llena de energía y apoyar a quienes no han descansado, con la esperanza de que el tejido de amor que he visto nacer estos días no se rompa en las próximas semanas, cuando los escombros pretendan ser sólo escombros.
Me atrapó la madrugada y qué pena me dio no despertar (porque no dormí), y qué pena me dio estar pensando en Quim Font y en que yo desesperadamente quiero ser escritora, o bueno pues, poeta (pero no de literatura desesperada). Qué digo, pena... coraje, por andar perdida en trivialidades y escribir tonterías y pensar en movimientos literarios inventados para arruinar potenciales escritores en lugar de dormir y tomar energías para salir a las calles y ayudar a esta ciudad a volver a ponerse de pie.