En el nombre del Padre, del Estado y del Calor sagrado
Ante la última jornada de elecciones, la cual nos dejó a todos indudablemente cansados, insatisfechos y alborotados, fue evidente ver la manera en que influenciaron las provincias costeras en los resultados. Han estado circulando en redes sociales como a los de la GAM ¨se les estalló la burbuja¨ o como dijeron por allá ¨les explotó el pañal lleno de caca¨.
Efectivamente así es. Para los que vivimos en zonas rurales y sobretodo la zona costera norte, la vida pasa lento, a muchos les pasa por encima mientras están sentados en el pollo del parque. Ya sea por el calor, el estado paternalista, la esperanza de que Dios proveerá, etcétera, los que queremos hacer las cosas bien, chocamos de frente y sin frenos, ante una actitud que muchos sólo describirían como ¨tortuosa¨. Y para que se den una idea, les cuento estas 3 pequeñas anécdotas, propias y ajenas, de cómo funciona la actitud ante la vida en Guancaste.
Historia de terror 1: El electricista
Poco tiempo después de que llegué a vivir a esta provincia, tuve que hacer un trabajo grande en la casa en las instalaciones eléctricas. Como yo era nueva en el vecindario y no conocia a nadie, no tuve de otra más que preguntarle a un señor, conocido de años de la familia y vecino de Sardinal, quién podría ser apto para el trabajo. Señalando al fondo de la calle empolvada, me dirigí hacia la última casita de madera donde estaba Javier, meciéndose en su mecedora de madera a las 10 am, esperando-como efectivamente sucedió- que el trabajo lo viniera a buscar a él, en vez de él ir activamente a buscar trabajo.
Javier, quien era una persona respetuosa y jovial, se tomaba descansos de hasta una hora, unas 3 veces al día durante sus 5 horas laborales diarias, y tenía un alma tan llena de paz, que no le molestaba salir de su carro, encender su cigarro, arrescostarse a el mientras me contaba toda su vida y terminar con la imponente frase: “Ay doña Mari, esque hoy sí que no quiero trabajar...¨”
Historia de terror 2: cuatro días de descanso
Tengo otro conocido que es un pequeño empresario, responsable, trabajador, proveniente de zona rural pero no de estos alrededores. Es sabido que la mayoría de los hombres que trabajan en esta zona y que se dedican al oficio de la construcción y sus derivados, son famosos por faltar mucho los días Lunes. A este amigo su personal le fallaba tanto en presentarse al trabajo este día de la semana, que tuvo que tomar la radical decisión de dárselos libre. Así como lo oye. Cáigase de espalda. Les dió un día extra libre a sus empleados con tal de que llegaran a trabajar los otros 4 días de la semana que quedaban. ¿Puede imaginarse usted, teniendo su propia pequeña empresa, y no empezando, no, ¡con años de experiencia!, cartera de clientes y buena reputación, tener que asumir todas las responsabilidades de sus empleados un día extra a la semana porque no encuentra personal responsable?
El cuento no termina allí. Una vez que les dió libre los Lunes, ¿qué pasó? Pues dejaron de llegar los Martes...
Por suspuesto eventualmente, a duras penas, tuvo que hacer borrón y cuenta nueva y después de muchos meses, encontrar personal que estuviera dispuesta a trabajar los 5 días de la semana.
Historia de terror 3: como si nada hubiera pasado..
Ya perdí la cuenta de cuántas veces el jardinero no viene a trabajar, no avisa y al día siguiente aparece como si nada hubiera pasado. También perdí la cuenta de cuántas veces le he dicho que no puede hacer eso. Ustedes me dirán: ¡pues despídalo, vieja babosa, para qué lo sigue teniendo ahí! Yo, con cara de lástima, tanto por ustedes como por mi, me les reiría en la cara y les diría: ¡como si fuera tan fácil encontrar a alguien más!
Esto es lo que poca gente de la GAM no entiende. En las zonas rurales, la gente que quiere trabajar, se va, la gente buena que se queda, está abarrotada de trabajo. Porque encontrarse a un buen trabajador - ¡de lo que sea!- en Guanacaste, es como encontrarse la última botella de agua en el desierto. La mayoría de los que quedan, son personas jóvenes, usualmente con secundaria inconclusa, muchos con hijos, y sin trabajo fijo. Dígame usted, si yo despido a mi jardinero, ¿qué bien le hago?, ¿dónde va a encontrar trabajo? Siento una responsabilidad social de soportarme la tortura y darle el poco de trabajo a ese muchachito de 23 años al que yo le tengo que indicar cuánto abono usar en relación a la cantidad de agua, porque “aprendió” a multiplicar, pero en realidad nunca entendió para qué sirve; siendo él prácticamente la única entrada estable de dinero para su familia, que consta de mamá, hermana y tres sobrinos.
Este es el verdadero paronama de cara a estas elecciones, esta es una de las tantas preocupaciones que vivimos todos los días los que responsablemente nos levantamos y trabajamos por hacer mejor esta provincia. Pero conforme se acerca la fecha de la segunda ronda, me retumba en la cabeza la segunda frase célebre con la que me dejó mi joven jardinero al preguntarle días antes de la primera ronda si él iba a votar: “¿Ahh? ¿Yo? Nom’bres... ¡Que pereza!”













