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Altomar la mano de Mason un extraño escalofrío recorrió su cuerpo por completo,no estaba acostumbrada al contacto ajeno. Cuando alguien se acercaba demasiadoa la fémina, ella simplemente los hacía a un lado. Impidiendo qué fuerancapaces de romper su burbuja personal. “Toda una victoria para ti.” Comentó conhonestidad, no era de la clase de personas qué festejaba a lo grande suscumpleaños. Normalmente sus abuelos le preparaban algo de comer, y la italianainvitaba a sus más cercanos amigos. Desde su salida de Italia nada había sidolo mismo, en Estados Unidos las cosas se hacían diferentes; ella se encerrabaen su habitación, y pasaba el día leyendo los clásicos. “¿Cuándo no lo hehecho?” Una de sus cejas se arqueó, sintiéndose un poco ofendida por lapregunta. Ella confiaba plenamente en él, y lo seguiría a cualquier parte de launiversidad con los ojos cerrados. Muchos rumores comenzaban a esparcirse porla institución, varios de ellos trataban sobre los sentimientos de Flora. ¿Quésentía en realidad por Mason? Era su mejor, y en ese instante no quería seguirdándole más vueltas al asunto. Comenzó a caminar por la institución, percatándoseque no había muchos estudiantes despiertos a esa hora. Al parecer Morfeo se loshabía llevado antes, les otorgó el privilegio de descansar; para olvidarse desus problemas por algunas horas. “Mason…¿a qué te refieres?” La interrogantesalió a flote cuando escuchó las palabras de su interlocutor, no lograbacomprenderlo… pero se dejó llevar por las palabras del joven. Una venda leimpidió continuar viendo el escenario, tuvo qué confiar plenamente en él paradejarse guiar por las instalaciones de la universidad. Largó un enorme suspiroy recordó varias cosas. Su propuesta de matrimonio había sido parecida,confianza, una venda, y entregarse por completo a la idea de estar con lapersona indicada. Los ocelos de la joven lograron ver nuevamente la luz, yparecía que se trataba de la escena de una película. Mierda, ¿acaso todo esoera para ella? No pudo evitar llevarse las manos a la boca, evitando soltar ungrito por la emoción del momento. Flora se dio la vuelta, quedando frente a Mason. “No debiste hacerlo, miele.” Agregó con la voz entrecortada, evitandosoltar algunas lágrimas de felicidad. “E ‘bello, vi ringrazio molto.” Musitó enitaliano, aprovechando la cercanía con el joven para darle un abrazo. Rompiópor completo sus reglas, y se dejó llevar por el momento. “Te tomastedemasiadas molestias, Aladdin.” Susurró, mientras escondía su rostro en elpecho ajeno. “Las palabras se han esfumado, y para una escritora eso es difícil.”Comentó con un tono bastante bajo, separándose del castaño para mirarlo con una sonrisa en sus labios. Sin duda alguna, la había sorprendido en demasía.
Unas cuantas carcajadas salieron de sus labios al ver la emoción relucir en el rostro de su amiga. Aquel simple gesto por su parte logró llenarlo de una alegría infinita que ni si quiera sabía que podía sentir. –Claro que debía hacerlo. Y lo he hecho –aseguró a la vez que una amplia sonrisa se extendía por su rostro. Era un hombre que cuidaba los detalles. Le gustaba tenerlos con las personas más cercanas a su círculo. Y como había pensado muchas veces, su mejor amiga, una persona tan especial para él, no iba a ser menos. –Con todo esto quiero desearte un feliz cumpleaños. Quiero que hoy te lo pases bien, porque quiero verte feliz. Y agradecerte por todo lo que has hecho por mí y, por supuesto, agradecerte por aparecer en mi vida –dijo, dejando sus sentimientos a flor de piel, entonando aquellas palabras con seguridad y sobre todo con completa sinceridad. –No soy un experto en el italiano, pero puedo deducir que se trata de un gracias –contestó soltando una risa suave. No se esperó el abrazo de la fémina. Aun así, él también la estrechó en sus brazos, sintiendo el cálido y agradable contacto. Era una sensación reconfortante y que desde luego no le importaría experimentar cada día. Sintió como la fémina escondía el rostro en su pecho y bajó la mirada para contemplar la escena. Le acarició el pelo suavemente. –No ha sido nada. Además, te lo mereces –aseguró. –Entonces no digas nada. Para mí es suficiente ver que te ha gustado, pequeña –dijo, riéndose internamente por aquel mote que le había otorgado única y exclusivamente a la italiana. Al fin y al cabo, la contraria era mayor que el. Quizás el físico de ambos hacía que parecieran de la misma edad. Depositó un fugaz beso en su mejilla antes de agarrar su mano para conducirla hasta la mesa que, imponente y ante todo su esplendor impulsado por las luces, se alzaba en el centro de la azotea. –Vamos. Esto no ha hecho más que empezar –todo parecía sacado de una película. Al llegar hasta la mesa después de breves pasos, apartó la silla que ocuparía la fémina para que esta pudiera sentarse. Después, procedió a sentarse en la que quedaba vacía, una sonrisa blanca fija en sus labios mientras contemplaba su alrededor y lo bonito que se veía todo.
“a mi me gusta usar tonos claros para ir a clases y bueno en días que no tengo nada importante que hacer. para salir en la noche, en cambio, prefiero usar rojos o tonos más llamativos. es como elegir tu ropa de acuerdo a la ocasión, lo más elegante para la noche y algo neutro para la mañana” comentó, sin poder evitar sonar justo como su madre, siempre hablando de temas como esos. “bueno, gracias” sonrió, realmente apreciaba las lindas palabras del chico.
Asintió varias veces con la cabeza como si entendiera todo aquello a la perfección. Algo que desde luego no hacía. –Ya veo. Lo que nunca he entendido es por qué algunas mujeres poseen todas las paletas de colores posibles en cuanto a pintalabios se trata –dijo. –No sé si llegarán a usarlos todos –añadió. –He visto a muchas chicas de por aquí que llevan uno distinto cada día. Otras incluso lo cambian cada hora –explicó haciendo gestos con sus manos. –Entonces, ¿ese color para qué ocasión es?
sms; Mason.
Flora: De esas personas que logran sacar lo mejor de uno, Mason.
Flora: Gracias por semejante confianza, la verdad aprecio mucho tus palabras, cariño.
Flora: Por supuesto, los recuerdos forman parte de la vida de cada uno de nosotros.
Flora: Yo suelo charlar muy poco de mis padres, normalmente sólo hablo de Caterina, pero Alexander siempre es un tema bastante delicado, ya sabes.
Flora: Italia es hermoso, sigue siendo uno de mis lugares favoritos del mundo.
Flora: ¿Yo en zeta? Ni siquiera encajo en Kappa, Jajajaja.
Flora: Gracias de todos modos, Mason.
Flora: Debemos de ir empacando, hay qué preparar los pasaportes, miele.
Flora: Te encantará la navidad italiana, hay mucha variedad de comida.
Flora: Terminarás gordo, lo prometo.
Flora: Te tengo en un buen concepto, jajaja
Flora: Me sorprende qué sepas cocinar. Sólo no me envenenes.
Mason: En ese caso me alegro de ser una de esas personas ;)
Mason: De nada, italiana. Ya sabes que yo siempre soy así.
Mason: Sí. Puedo imaginármelo un poco desde el momento en que me hablaste de él en la azotea.
Mason: Yo ya estoy deseando ir. Con lo bien que hablas de Italia es imposible que las ganas no se incrementen cada vez más jaja.
Mason: Bueno, a lo mejor nadie encaja del todo en sus respectivas fraternidades.
Mason: Todos tenemos nuestra propia personalidad, ya sabes.
Mason: Y si entraste en Kappa es por algo, ¿no?
Mason: Aunque yo no te considero ni de lejos como muchas de las chicas que hay ahí.
Mason: No te preocupes, lo tendremos todo a tiempo. Pero mejor prevenir, así que te haré caso e iré haciendo la maleta.
Mason: Soy un gran fanático de la comida, así que espero que me lleves a los mejores restaurantes, Flora. Más te vale. Jajaja
Mason: ¿Envenenarte yo? Ni en sueños, pequeña.
Mason: Lo que se me da mejor en estos momentos son los macarrones. Mi madre los cocinaba muy a menudo.
Se sentía satisfecha cuando el castaño respondía en su idioma natal, pudiendo de alguna forma regresar a su país con solo platicar con él. “No me has visto enfadada aún, lo cual es raro viniendo de mi… Estoy segura que el noventa por ciento de la Universidad me ha visto así” rió al imaginarlo, pues tenía un carácter irascible. “Perfecto, pues no perdamos más tiempo” hizo una seña al taxi y le indicó la dirección de la cafetería. Acomodó su espalda contra el respaldo del asiento, asintiendo enérgicamente con la cabeza, logrando que los tirabuzones creados en las puntas de su cabello se movieran con gracia. “Claro que sí. De hecho tengo pensado probar varios sabores. Necesito sentirme como en casa de nuevo. Aunque debo admitir que últimamente estando tanto con Flora me ha entrado ganas de probar algún platillo italiano… ¿Has probado los canolis alguna vez? Dice que son exquisitos.” Sabía que el chico hablaba con Flora y que eran buenos amigos, así que no dudó en nombrar a su amiga.
Se recostó levemente en el asiento de aquel taxi, el cual para su sorpresa resultaba ser muy cómodo. Ladeó la cabeza en dirección a la francesa, escuchando sus palabras. –¿Lo es? –cuestionó, uniéndose también a las risas de su contraria. –Se me hace raro que me digas eso. Y es cierto que desde que te conocí no te he visto enfadada. Aun así, te considero una persona agradable –dijo sincero. Lo cierto era que no había tenido la oportunidad de ver a la fémina enfadada. Y tampoco esperaba hacerlo. –¿Y por qué es raro viniendo de ti? –indagó con curiosidad. –Flora también me ha recomendado algún que otro plato italiano –comentó alegre. –No. No he tenido la oportunidad. Me parece que es un postre, o quizás un dulce, ¿no? –preguntó con visible duda en su semblante. –De todas formas, espero probarlo cuando vaya a Italia –añadió. –Si tengo que ser sincero, la pizza es lo que más me gusta de la gastronomía italiana. Aunque sea muy popular en todo el mundo –explicó. Al moreno le gustaba probar comida nueva, sin embargo, se aferraba a aquel plato italiano tan típico que cada vez que probaba parecía ser un bocado de gloria.
Llevaba todo el día en su habitación,leyendo algunos libros que sus maestros les habían encargado. Ella no saldríahasta el fin de semana, y a pesar de recibir varias invitaciones para abandonarsus deberes por un tiempo, la italiana prefería entregarse a los clásicos. Laluna estaba apareciendo en lo alto del cielo, quitándole el protagonismo al solpor unas horas. Las estrellas le hacían compañía, adornándola con su magníficabelleza. Los orbes aceituna de la joven se fijaron en el cielo nocturno,prestando atención al brillo de los astros. ¿Su madre sería alguna de esasestrellas? ¿Logró convertirse en un ángel? Esa clase de interrogantes rondabanpor su mente; pero estaba cansada de torturarse, su corazón no podía soportarmás tanto dolor. El celular de Flora comenzó a vibrar, y cuando desbloqueó lapantalla se encontró con un mensaje de Mason. Una sonrisa casi invisible sedibujó en su rostro, ¿estaba esperando acaso ese mensaje? Posiblemente. Lerespondió de manera breve, dejando los libros para después. Finalmente alguienhabía logrado sacarla de la cama, y la italiana haría algo para celebrar sucumpleaños. Un año más en el que no estaba Caterina para felicitarla. Se colocóalgo sencillo, un vestido negro que le quedaba justo a la medida; y paraacompañarlo unos tacones rojos. ¿Cómo debía de vestirse? No tenía ni la menoridea. Esperó en la entrada principal delas Kappa, hasta que finalmente el timbre sonó. No tardó mucho en abrir, y alencontrarse con el castaño, el semblante de la italiana cambió radicalmente. “Lograstesacarme de la cueva, miele.” Articuló con un tinte de voz neutral, recibiendola muestra de cariño del joven. Se sintió un poco extraña, pero decidió dejarque todo fluyera de manera natural con él. Al separarse, sus ocelos lo miraronfijamente, examinándolo de pies a cabeza. ¿Qué tenía planeado? “Te seguiré.Confío en ti.” Tomó su brazo, dejando que Mason la guiara a su sorpresa.
Sin borrar la sonrisa de sus labios, cogió a la castaña de la mano para conducirla al lugar de destino. –Entonces me alegro de haberlo hecho –confesó sincero. Tenía un objetivo marcado. Y por nada del mundo iba a dejar que la italiana se quedase encerrada entre cuatro paredes el día de su cumpleaños. –No está muy lejos pero... sí, deberás confiar plenamente en mí –dicho esto no articuló ningún otro comentario. Concentrado, guió a la fémina por varios pasillos del edificio principal repletos de carteles. Algunos sobre eventos importantes, obras de teatro e información sobre las fraternidades. Esta vez, la universidad parecía estar más desierta que nunca. Dio unos cuantos más hasta quedar al lado de una puerta de metal y bien reforzada. –Vale, ahora ha llegado el momento de que te dejes llevar y confíes en mí, ¿de acuerdo? –sin esperar respuesta por su parte, sacó un trozo de tela de uno de los bolsillos de sus pantalones. Lo suficientemente largo como para poder cubrir los ojos femeninos y enrollarlo alrededor de su cabeza. Una vez hecho eso, la sujetó por ambos brazos, guiándola por las escaleras hasta subir arriba. Sí, el sitio escogido había sido la azotea. Al llegar, el moreno contempló nuevamente la escena que el mismo había creado. Una pequeña mesa se erguía en el centro de aquel espacio, iluminada por un pequeño foco proporcionado por el equipo de iluminación del club de teatro. Dos platos y varios cubiertos se encontraban encima de la mesa y, como pequeña decoración extra, un par de globos estaban atados a una mesa cercana a la principal. El castaño se caracterizaba por ser detallista, y no lo iba a ser menos con la italiana. Además, sintió que debía proporcionarle una velada especial en aquel día. –Ya puedes mirar, Flora –dijo suavemente, posicionado detrás de ella mientras su aliento chocaba contra la nuca contraria, acto seguido quitándole la tela y que pudiera contemplar aquello.
El regalo ya estaba listo y el castaño se encaminaba con paso alegre hacia la fraternidad de Kappa. El sol se estaba poniendo y los estudiantes cada vez se reducían en el exterior. Se había propuesto que aquel día fuera uno especial para la italiana, y para ello había pensado en un regalo que pudiera sacarle una sonrisa el día de su cumpleaños. Se acercó hasta la puerta principal de la fraternidad de la italiana, pudiendo comprobar como la figura femenina se mantenía de pie a la espera. Sin previos aviso y antes de que pudiera decir algo, la estrechó entre sus brazos. –Muchísimas felicidades Flora –dijo aún pegado a ella. Al separarse, una amplia sonrisa surcó sus comisuras. –No he traído el regalo hasta aquí, por lo que tendrás que venir conmigo para que te lo de –informó, extendiendo su mano, animándola de esa manera a seguirlo. {@adark-rose}
❛ siempre confío de manera ciega en tus teorías pero esta vez me has roto el corazón ❜ bromeó dejando que una suave risa se colase de entre las propias palabras, haciendo un suave mohín con los labios ❛ ¿vigilar a un asesino serial? bueno, teniendo en cuenta que probablemente verías cosas que te llevarían directo a terapia, dejando de lado los efectos psicológicos sería una buena idea ❜ reconoció ❛ ¿por qué siempre termino hablando de estas cosas contigo?❜
–No era mi intención Teagan. Ya sabes que los estudios franceses no son lo mismo que la criminología. Porque tu estudias criminología, ¿no? –preguntó con un atisbo de duda en sus facciones, temiendo haber metido la pata. –Es cierto. Al fin y al cabo me temo que solo se abriría esa posibilidad a los más arriesgados y más inteligentes. Sería difícil vigilar a uno durante tanto tiempo –opinó. –No lo sé. Supongo que es porque a los dos nos gustan este tipo de temas, y yo tengo curiosidad por saber más –finalizó con una pequeña sonrisa.
azcff:
“bueno supongo que eso depende de los gustos de cada quien, y de cuántos y qué lugares visites.” explicó, prácticamente mordiendo su lengua para no extenderse demasiado en el tema del que podía hablar por horas y horas·“gracias de nuevo, Mase. pero no me viste hace un rato así que tu opinión no cuenta”
–¿Y cuál es tu caso?–preguntó, curioso por la explicación y obligándola de alguna forma a extenderse en aquella explicación. El no había tenido hermanas, por lo que no sabía lo que era eso. –Sí que cuenta. Y aunque no te hubiera visto antes puedo deducir que no parecías un zombie como me has dicho antes–dijo convencido.
Cuando vio al castaño llegar, una sonrisa asoló sus comisuras. “Je suis heureux de vous voir, Mason” dijo en su perfecto francés, haciéndole un gesto con la cabeza para que le siguiera. Abrió la puerta de la Universidad tras presionar un botón para que les abrieran en secretaría, a lo que no tardaron en conceder su petición. “Un poco, pero aún no había comenzado a enloquecer por la espera” respondió con cierto tono divertido, dejando que el hombre pasara para después liberar la puerta y así ir directos hasta el taxi. “He pedido un taxi. El sitio queda un poco lejos y me parecía una pérdida de tiempo caminar tanto, se nos haría de noche enseguida. ¿Te importa?” Inquirió, abriendo la puerta del vehículo para ir entrando en su interior, deslizándose hacia el otro asiento para dejarle sitio a su acompañante. “Vamos, es la hora de los macarons.”
–Je aussi –le respondió en el mismo idioma. Se alegraba de poder practicar el francés con alguien más. Y más con la chica, la cual sabía mucho más sobre él que su profesora. Salió del recinto que conformaba la universidad. El campus ya era grande de por sí, y en ocasiones le parecía que se trataba incluso de una ciudad independiente.Los estudiantes solían llenarlo de vida. –Entonces me alegro, porque tampoco hubiera querido que te enfadaras conmigo –le ofreció una sonrisa blanca. –Claro que no. Si tú lo consideras así por mí perfecto. Mejor no desperdiciar el tiempo con una caminata tan larga –contestó, subiéndose después de unos segundos al taxi contratado por la fémina. Cerró la puerta y el vehículo se puso en marcha. Aquello era todo un detalle por parte de la chica, pensó. –¿Al final te animarás a probar el de praliné? –cuestionó una vez que ya estuvieron acomodados en aquel reducido espacio con olor a cuero.
HH: ¿Qué sientes realmente por Flora? ¿Hay alguien más que te atraiga?
Creo que se lo he dicho más de una vez vez a Flora. Es mi mejor amiga y una persona realmente importante para mí. Nunca se me pasaría por la cabeza el hacerle daño. Siempre saca lo mejor de mí y es algo de lo que le estoy agradecido cada día. De una u otra forma, se ha convertido en alguien muy valiosa para mí. ¿Y qué más puedo decir? Tal vez esté algo confundido por mis propios sentimientos, pero querer a Flora es algo que no puedo evitar.
Y respecto a la segunda cuestión, hay una francesa que me ha llamado la atención. Pero no sé si llamarlo atracción aún. Solo puedo decir que su carácter la hace destacar.
❛ ¿cómo te pondrías tu un paso adelante de un asesino serial? realmente me gustaría escuchar Mason❜ replicó con una sonrisa animada tintando los labios, los ojos claros expectantes, era consiente de que aquella conversación gritaba por todos lados lo bizarra que era y sin embargo no le importó.
–Si te digo la verdad... no lo sé. Solo era una teoría –soltó una risa ante su incapacidad para explicarlo. Había sido una simple deducción. Pero no había profundizado más allá de aquellas palabras. –Aunque yo creo que cabe la posibilidad de que ocurra. ¿Tal vez si lo tuvieras vigilado? –entrecerró los ojos, esperando una respuesta por parte de la contraria. Con aquella torpe pregunta intentó, por lo menos, responder al interrogante de la fémina.
Tal y como habían acordado por mensaje, ambos quedaron en la puerta principal de la Universidad, dispuestos a salir y disfrutar de aquella pastelería francesa que ella siempre visitaba cuando tenía oportunidad. Se tomó la molestia de pedir un taxi, pues no tenía allí su moto como para poder llevarle al lugar, e ir andando tomaría mucho tiempo de caminata, así que observó a través de las rejas del enorme portón de la Universidad cómo el taxi amarillo esperaba en la puerta pacientemente, al igual que la castaña. Miró su reloj de pulsera, esperando que Mason no se demorase mucho más. @maskcs
Se apresuró todo lo que pudo. La hora establecida con la francesa se acercaba y lo que menos quería era llegar tarde y parecer un impuntual. La idea le entusiasmaba, y también el hecho de que la contraria hubiera propuesto aquella salida. Aquella tarde se podría decir que iba a estar en un pedacito de Francia. Supuso que los dueños de la pastelería serían franceses. A lo mejor alguna pareja que había decidido traer algo de su país natal a América. Y si se trataba de esa suposición, les estaba muy agradecido. Divisó a la francesa junto a la puerta e imponente puerta principal, tal y como habían acordado. –¡Nicole! Ya estoy aquí –alzó la voz para que la fémina pudiera escucharlo a medida que se acercaba. –¿He tardado mucho? –cuestionó soltando una suave risa. Por su aspecto parecía llevar varios minutos plantada en aquel punto en concreto.
sms; Mason.
Flora: De nada, cariño.
Flora: ¿De hombres? Sí, no todos por aquí me agradan. Puedo hablar con ellos, pero sólo son charlas superficiales. Contigo existe una especie de conexión más especial, no la puedo explicar.
Flora: Por eso hablamos de muchos temas a la vez, creo que me di cuenta desde qué charlamos ese día en la azotea. Nunca te agradecí por escucharme, eres una persona increíble.
Flora: Deberíamos de ir un día a visitarlos, se alegrarán mucho de vernos nuevamente. Sí, quería hacer algo por ellos, se merecen todo lo bueno del mundo, príncipe.
Flora: Todo va mejorando, luego te hablaré de eso; mis hermanas de fraternidad no paran de hacer fiestas, me terminaré volviendo loca con el ruido, jajaja.
Flora: Ellos no están listos para ser padres. Amber es buena, pero a Alexander le falta mucho para ser padre. No sabe ni cuidarse a él mismo, bah.
Flora: Por supuesto, no te dejaré ir solo, cariño. Además, debemos de visitar luego París, debes de contagiarme tu amor por esa ciudad, corazón.
Flora: Aún no he hablado con mis abuelos, pero supongo que les deberé de decir que ahora sí iré a casa para navidad, ¿vendrás, cierto?
Flora: Jajajaja, no era tan rebelde, sólo hacía pocas travesuras. Las normales, ya sabes.
Flora: ¿Me harás algo de comer? No tenía idea de qué cocinabas.
Flora: ¿De qué tienes ganas, cielo?
Mason: ¿Cómo de especial?
Mason: Pero te entiendo. Yo también siento eso. Y eres una de las pocas en las que confío tanto.
Mason: ¿Aún lo recuerdas?
Mason: No tienes nada que agradecer, Flora. Ya sabes que aquel día me lo pasé muy bien charlando contigo. Hacía mucho que no me sentía tan cómodo con alguien.
Mason: Estoy de acuerdo. A mí también me gustaría ir a visitarlos.
Mason: Zeta está bastante tranquila últimamente. Ya sabes, cuando necesites tranquilidad puedes refugiarte aquí.
Mason: Claro que te llevaré. Estoy deseando volver. Y si voy acompañado de una de mis mejores amigas mucho mejor.
Mason: No tengo planes para Navidad, así que acepto. Mi madre se irá a casa de mi tía y no quiero molestarlas.
Mason: Entonces yo era mucho peor que tú jajaja.
Mason: Sí te apetece, sí. Podría hacerte pasta a la carbonara con un poco de pollo.
Mason: Pero no me hago responsable si luego no sabe a nada.
“gracias, Mase” sonrió, guardando el espejo para luego pasar a acomodarse el cabello “no, para fiestas uso color rojo” comentó como si aquello fuera obvio “en realidad es para no verme como un zombie”
Le ofreció una sonrisa como única respuesta. –¿Cuántos colores usáis las mujeres diariamente? –inquirió con el ceño fruncido. Claramente, no sabía nada sobre el tema. En su vida se había aplicado pintalabios y desconocía si se usaban diferentes colores cada día. –Si me permites, en mi opinión parecías ni pareces un zombie –comentó alzando sus comisuras.
Negó despacio con la cabeza alescuchar las palabras del chico, aunque no fue capaz de enfocar su mirada en élgracias a que aún estaba doliéndose del ojo. —En realidad creo que me estoyriendo por no llorar—. Comentó, poniéndose en cuclillas como si aquellohiciera remitir el dolor que sentía, el cuál parecía partirle el ojo a lamitad. Esperaba realmente que no fuera demasiado grave. —Eso me pasa porjugar a hacer el bestia. Pero mira, aprendí algo—.
–Sí. Tal vez eso sea lo único bueno que has sacado de eso –comentó. Por una parte, no quería ver como la sangre empezaba a brotar de la herida recién hecha. Se acercó lentamente, intentando examinar la situación. –No soy médico, pero si se te ha abierto una herida, te recomiendo que vayas a la enfermería –propuso. –La enfermera es muy simpática –añadió. –Lo único que puedo hacer por ti es acompañarte antes de que empieces a sangrar –prefería dejar aquello en manos de un experto que pudiera hacer los arreglos pertinentes.