DiÔlogo entre Eyp y Atún.
Por un suelo empedrado, el pensamiento de Atún se vio interrumpido por una voz familiar, cariñosa a su juicio.
ĀæTienes algo que decirme, AtĆŗn pescado?
ĀæPescado? Estoy en tierra y respirando, aunque el proceso de caminar me resulte difĆcil; eso no quiere decir que estĆ© pescado.
CÔllese, es un producto de mi imaginación, no intenté confundirme.
No es confusión, dulce musa, este AtĆŗn Andante y Parlante, es real. Un atĆŗn de tierra. Por muy incómodo que me resulte y por muy confuso que pueda resultarle. Pues se podrĆa decir Eyp, respondiendo a su pregunta inicial... Me falta el Agua, la echo de menos. La sal de mi piel estĆ” seca y se cae a tiras. Se me cae a tiras aunque vuelva a aparecer esa seca piel que sustituye a las escamas que se me van cayendo.
¿Por la falta de qué? Querido pez andante, querido amigo parlante, querido, oh, querido pez de tierra...
Por la falta de vida. Eso es lo que me ofrece el agua, y, sin embargo, estoy aquà en tierra buscando nuevas expectativas, esperanzas... Alejado de aquello que aprecio y amo tanto... La vida. Y hablando de vidas, una de la que me interesa mucho es la suya. Querida Musa, hace mucho que no sé de ella.
Y no quiero que sepas. Ćltimamente ha sido turbulenta, caótica y sin sentido... Estoy encerrada. HabĆa escapado para verte, pero ahora tengo que irme. Se me hace tarde AtĆŗn Pescado, espero volver a verte.
El sonido de sus pasos, sonidos de piedra y charcos de agua, se marcharon rƔpido como el viento. RƔpidos como el de cualquier Musa.