Se había tomado una pequeña pausa para poder acomodar la pintura que debía utilizar, poco quedaba en su tarro actual y ,si sus cálculos no fallaban, no le sería suficiente para cubrir el espacio que aún le quedaba pendiente. Casualidad, mala suerte, torpeza ajena, las posibilidades parecían volverse infinitas cuando el desconocido agito el pincel que traía en su mano —. Si no me dices, no me doy cuenta — manifestó, calma mas impaciente mientras con un paño que cargaba consigo intentaba eliminar las manchas de pintura que ahora adornaban sus facciones —. Creo que tampoco te has percatado que has arruinado parte de tu trabajo, deberías ser más cuidadoso — sugirió, se sentía con menos energía de lo habitual y era evidente dado lo cerca que estaba a terminar su turno y lo arduo que había trabajado.
Trazó una sonrisa en sus labios al observar las manchas sobre el rostro de la joven. Nadie podía culparlo por divertirse con algo como aquello si se tenía en cuenta las largas horas que atravesó mirando nada más que una pared color gris. Sin embargo, esa idea que la campista puso sobre la mesa logró borrar todo atisbo de gracia en sus rasgos. “No se nota...” Musitó, mirando por un momento la pared que había ensuciado. Tenía un ojo tan malo para lo artístico, que si no se lo señalaban lo hubiera pasado por alto. Pero ahora la posibilidad de que los instructores intervinieran se hizo presente: “¿Qué, tú crees que me lo harán volver a hacer? ¿Saben qué estamos pintando cada uno?” Suspiró, siempre preparado para lo peor.














