Como todos, también dejo mi indie (en realidad es un poco de todo) para el que quiera seguir en contacto: @evi-writes. Fue un gusto rolear con todos ustedes, sigan escribiendo así de hermoso como lo hacen c:

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Como todos, también dejo mi indie (en realidad es un poco de todo) para el que quiera seguir en contacto: @evi-writes. Fue un gusto rolear con todos ustedes, sigan escribiendo así de hermoso como lo hacen c:
Arrugó la cara como si le estuvieran diciendo lo peor del mundo. - No digas eso que me echo a correr otra vez y ahora mismo. - A pesar de que el corazón ya no le latía tan fuertemente como antes, aun quedaban los restos de la adrenalina que había sentido durante la experiencia. Por lo menos había estado acompañado porque de otro modo era probable que aun se encontrara inmóvil al frente del oso, contando los minutos para la terminación de su vida. Al segundo comentario del mayor, alargó la mano para darle el puño como símbolo de éxito del escape. Una hora después y con las malas noticias dichas, decidió caminar de lado a lado en una acción nerviosa. Nunca había sido de los que se desesperaban de primero en situaciones de estrés, pero el cielo oscureciéndose más entre más tiempo pasaba lo empezaba a presionar. - No vamos a morir, no vamos a morir. - Se acomodó el gorro de la sudadera que llevaba puesta pues empezaba a sentir como la temperatura bajaba. - Bien, tenemos que mantenernos tranquilos y pensar con la cabeza fría. - Anunció, aunque él mismo empezaba a sentirse irritado. No estaba seguro de si caminar sin rumbo fuera la mejor idea, sin siquiera una linterna para alumbrar el camino corrían con muchos riesgos. Fue entonces cuando sus ojos cayeron en la muñequera que llevaba en el brazo derecho y que era obligatorio que todos los campistas usaran desde su momento de llegada. - ¡Thayer! - Llamó la atención del contrario. - ¿Crees que estos brazaletes tengan algún localizador GPS? - Aaron estaba casi seguro de que la respuesta era casi positiva, ¿de que otro modo estarían controlando su ubicación a lo largo de todos los viajes que hacían? - Puede existir una posibilidad, ¿no? -
La frustración era evidente en Thayer. La paciencia y su capacidad para razonar se encontraban agotadas después del largo (e interminable) trayecto que aún continuaban siguiendo. Caía en la cuenta de que se encontraban muy alejados, el sol bajaba, la noche empezaba a asomarse al igual que el frío que de pronto aumentaba estremeciendo su piel. Mientras caminaba, oía los dichos del contrario a quién en su interior contradecía, pero evitaba hablar en voz alta para no verse como un idiota pesimista que solo tenía cosas malas para decir. —Lamento anunciarte que mi capacidad para pensar se está acabando— mencionó aquel comentario que sonó con la intención de aliviar la tensión que se sentía, no entre ellos, pero si en la situación que estaban afrontando. Se tomó un momento, siguiendo el consejo ajeno; tenían que mantenerse tranquilos. Si seguía guiándose por su frustración y cansancio, nada bueno saldría de ello. Disminuyó el ritmo de su andar y se detuvo finalmente al oír la exclamación de su nombre con tanto entusiasmo. Así, tras oír la idea que acababa de pronunciar su compañero, Thayer se miró a sí mismo el brazalete, asomando una sutil sonrisa porque estaba seguro, esa era una solución. Saldrían de allí. —Eso es. Los brazaletes— coincidió, y se lo acercó un poco más, tratando de analizar los botones que contenía. —Tienen que tener algún tipo de GPS, estoy seguro de que lo tienen. ¿Crees poder adivinar que hay que tocar exactamente?— quería evitar equivocarse y arruinar el aparato. —Por cierto, es una gran idea. Esto tiene que funcionar— le hizo saber, a modo de alentarlo.
“Creo que sería algo que no podría perdonarme, más que un desprestigio.” Sonrió a pesar de la seriedad que conllevaban sus palabras, más allá del que dirán y lo que sus jefes pudiesen pensar, tenía un deber moral con los campistas, se había comprometido a cuidarlos y eso haría. Asintió, teniendo por seguro que no dejaría que al muchacho le sucediese nada siempre y cuando pudiese evitarlo. “Se entiende el punto, eso hacen los animales, acechan a su presa hasta que logran infringir miedo y luego, cuando están vulnerables, atacan. No muy diferente a los seres humanos, en realidad.” Muchos asesinos, criminales y demás utilizaban aquella táctica, había estudiado y visto lo suficiente como para tener esa información clara. “Supongo que tienes razón, el instinto es el instinto.” Ningún animal podría luchar contra naturaleza, de hecho, ni siquiera era algo que los mismos se plantearan, al fin de cuentas carecían de capacidad de raciocinio. “¿Nosotros también?” A pesar de que la situación y las palabras del muchacho eran bastante divertidas, le preocupaba bastante el hecho de no ir por el camino correcto, sin saber qué destino tendrían de cometer un error. “¿Que dice el tuyo? El mío me aconseja el derecho.” Admitió sin saber cual era el motivo real que deseaba tomar aquel camino, pero eligiéndolo de todas maneras.
Thayer sonrió ligeramente ante aquel comentario, comprobando una vez más que la rubia se tomaba con gran seriedad y compromiso el puesto que ocupaba. —De todos modos, me aseguraré de no morir mientras esté bajo tu cuidado— sabía que nada ocurriría, principalmente por la capacidad que se destacaba en la contraria. Si se mantenían en equipo, saldrían sano y salvos de aquella expedición. —Algunos humanos comparten ese método, es cierto. Aunque otros, los más impulsivos quizás, simplemente atacan sin aviso alguno y nada sale como lo planearon— comentó, haciendo referencia a aquellos criminales que se precipitaban, convirtiendo el ataque en una lucha contra la victima, que incluso conseguía salir ganadora. —Lo es. Así que si quieren devorarnos, lo harán sin detenerse— una vez más hizo énfasis en aquella teoría, a pesar de que sabía que en general, estaban protegidos de los animales. —¿Derecho?— murmuró mientras observaba hacía ese rumbo, analizando si era conveniente o no continuar por allí. Algo de ese rumbo no le proporcionaba seguridad y no era capaz de explicar esa sensación. Solo podía decir que optaba por el contrario. —Me odiarías, pero ante mi vista, algo me dice que el izquierdo es el correcto— no omitió su opinión, llegarían a un acuerdo entre ambos y eso sí podía asegurarlo.
Lo estudió con la mirada durante algunos segundos, terminando por preguntarle lo que en su mente se cuestionó por un instante:— ¿Existe algo de lo que pueda culparte? —La mirada del instructor se enfocó en las facciones ajenas con la intención de mantenerse atento a cualquiera fuera la respuesta que le diera.— Es mejor que confiar ciegamente en todo el mundo, pero quizá necesitas un equilibro. Discriminar en quienes es recomendable confiar y en quienes no —pronunció, exponiendo su punto de vista y, quizá, el modo en que él mismo actuaría si se encontrara en la posición del campista. Comprendía que era sencillo ver al enemigo en todas partes en aquel lugar, principalmente para los campistas, que estaban en una posición de desventaja con respecto a los demás.— Las dos veces que fueron inculpados resultaron ser justificadas. Quizá les debas eso a algunos de tus compañeros.
Comprendió al instante que sus anteriores palabras se habían prestado a la confusión, dado que hablar sobre culpabilidad quizás levantaba sospechas. Se limitó a negar con la cabeza, su mandíbula apretada para evitar decir algo de lo que pudiera arrepentirse luego. —No. Todo está en orden— aseguró, realmente se había esmerado en seguir las reglas a pie de la letra desde que se integró al campamento. —Al principio desconfiaba de todos, no lo niego. Pero he ido acostumbrándome y sé que hay gente en la que puedo confiar. Solo qué... Bueno, nunca podré dejar de ser precavido— sin contenerse, admitió que sería muy complicado para él conseguir establecer una confianza plena con todos a su alrededor. Conocía de decepciones y de traición, simplemente se mantenía alejado de aquello. —Tal vez— se encogió de hombros, no tenía mucho más para decir. Aún así cuestionara el sistema, nadie tendría su opinión en cuenta por la posición en la que se encontraba.
“En algunas cárceles matan a los presos porque está llena y necesitan más espacio,” iba a comenzar, pero se percató de inmediato que el castaño estaba bien instruido y le robó las palabras que iba a usar. “Exacto—, y en teoría nadie nos extrañaría ahí afuera, y si lo hacen… el que no hayamos sobrevivido a esta caminata no levantaría sospechas,” entrecerró sus ojos, quizá era un plan muy elaborado y lejano a la realidad, pero ya no era el único que no pensaba eso. “Eso sería terrible. Quizá nos deje vivos, pero paralíticos y sea un oso que termine con nosotros— ¿podemos cambiar ya el tema? Siento que se me revuelve el estómago, intentemos pensar positivo,”
El comentario que lanzó el contrario, de inmediato reforzó su punto de vista, sintiéndose todavía más convencido de que aquello (por más disparatado que sonase), podía ser posible. —Nos culparan a nosotros por alejarnos y a eso se reduciría la explicación de nuestra muerte— agregó, todavía sin caer en la cuenta de que estaba yendo demasiado lejos con su modo de pensar. Tenía que dejar la paranoia de lado, pero en esa situación, era difícil. —De acuerdo, ya ha sido suficiente. Nada de muertes por el resto del día— coincidió, siendo la opción más lógica y adecuada. —¿Que tal si mejor nos ponemos a buscar un camino de regreso?— mirando a su alrededor, propuso lo único útil que podían hacer: tratar de salir de allí.
Tras decidir que la cantidad de leña recolectada era más que suficiente para cumplir con lo que se proponía, el guardia se dirigió hacia el sitio en el que la leña se acumulaba, decidiendo tomar algunas de ellas para colaborar con la tarea que se encontraba realizando el campista.— ¿Prioridades como cuál? —quiso saber, deseando entender un poco más de la situación a la que los campistas se enfrentaban y del modo en que ellos vivían aquella experiencia. Después de todo, hasta ese momento no había tenido oportunidad de hacerse una idea al respecto.–- Esa es una buena noticia. Me han informado que tenemos que ser cuidadosos con los campistas y su trato con el fuego, especialmente. Al parecer no son pocos los que tienen algún tipo de… historial con ello—pronunció, acercándose a la zona que él mismo había indicado con anterioridad para depositar sobre el suelo aquello que cargaba consigo.
—Poder reducir mi tiempo aquí, por ejemplo— comentó, dejando en evidencia que aquella era su primera prioridad. Thayer añoraba poder recuperar la antigua vida que tenía antes de llegar al campamento, aunque cada vez sentía cada vez más alejado aquel objetivo de la realidad. —Por eso intento cuidar mis puntos. Quizás, no lo sé, consiga algún beneficio con respecto a eso— además sabía que la buena conducta sumaba. Y él se esmeraba por tenerla. Mientras tanto, dejó los trozos de leña que sostenía en el sitio indicado y tras eso, se dedicó a recoger otros más. —Bueno, el fuego es peligroso en las manos de cualquiera que no sea precavido— en fin, cualquiera podía utilizarlo como arma, para perjudicar u ocasionar algún tipo de daño. —Supongo que en general deberían estar atentos— agregó a su opinión, encogiéndose de hombros y luego, levantó una establecida cantidad de leña para trasladarla al lugar señalado.
Sus labios se entreabrieron ligeramente a modo de sorpresa en el momento en que escuchó las palabras ajenas, desviando su mirada de los ocelos contrarios al sentirse expuesta, y ni siquiera sabía por qué, ya que no era ella la que estaba haciendo algún tipo de confesión. Mordisqueó su labio inferior con nerviosismo, sin estar completamente segura de qué decir, ni cómo responder a aquella pregunta que el australiano formuló. Creía que debía ser sincera, después de todo él lo había sido cuando podría haber contestado cualquier otra cosa, tal y como ella había hecho respecto a sus miedos. Asintió, un simple movimiento de cabeza para darle a entender que sí, aquello le preocupaba. “Pero… no sé por qué.” Y ahí iba otra mentira. “Quiero decir, sé por qué, pero… no debería.” No sabía cómo explicarse, su dificultad para expresarse le jugaba en contra una vez más, y se maldijo a sí misma por ser tan inútil en ocasiones. Comenzó a jugar nerviosamente con sus uñas, atreviéndose a alzar sus zafiros a encontrarse con la mirada ajena. “No sé cómo hacer esto.” Susurró, elevando sus hombros en un ligero gesto teñido de inocencia. Realmente no sabía. Era como si toda su inexperiencia referido a diversas situaciones se hubiese concentrado en ese preciso momento, impidiéndole hablar y pensar con claridad para expresar realmente lo que quería decir; se sentía incapaz de hacerlo. Quería hablar, quería decir algo de lo que cruzaba por su mente, explicarle que ella no podía involucrarse sentimentalmente con alguien más, y tantas otras cosas que simplemente no encontraban la manera de escapar de sus carmines.
Su respuesta había sido sencilla y precisa, nada de discursos o palabras complicadas que se prestaran a la confusión. Quiso ser sincero, dejar en claro lo que pasaba por su cabeza, asimilando aquella cuestión que los movilizaba a ambos. Fue una forma de aclarar su propio desconcierto, admitiendo en voz alta que no estaba jugando con ella, que sus besos iban más allá de ser simplemente una manera de pasar el tiempo. Aún así, no le impuso responder lo mismo sobre él, a pesar de lo mucho que apreciaría saberlo. Quizá ella estaba realmente confundida y lo entendería, por ende, prefería que no se sintiera obligada a darle una respuesta. Percibió su nerviosismo y fue él quien se sintió un inútil por creer que no había hecho más que incomodar la situación. —Es muy sencillo— respondió ante la última acotación, que una vez más había despertado ternura en su forma de mirarla. Su mano viajo hasta la contraria, para sostenerla como un gesto comprensivo. —Puedes decirme lo que sea, no importa qué. Estará bien, si es lo que sientes— aseguró, creyéndose capaz de comprender lo que sea que estuviese ocurriendo. Malo o bueno. No pretendía oír una mentira que lo dejara contento, simplemente quería la verdad.
Se dejó llevar por la danza de sus labios, disfrutando del contacto, de la electrizante sensación que recorrió su espalda ante las caricias ajenas. Sentía su corazón golpetear contra su pecho de manera acelerada, la sangre recorrer sus venas con más rapidez, aunque fuese simplemente una sensación. En el momento en que se apartaron, permaneció prácticamente inmóvil, con los ojos cerrados y la intención de regularizar su respiración, que acelerada, provocaba que su pecho subiera y bajara notoriamente. Presionó sus labios entre sí ante la pregunta, sintiéndolos latir ligeramente ante el previo contacto contra los del australiano. Apartó su mano del cabello ajeno, extendiendo sus dos brazos a los costados de su cuerpo y finalmente abrió los ojos, alejándose unos pocos centímetros para poder verlo, pero sin intenciones de romper la cercanía. “No tengo miedo.” Susurró, segura, pero sabiendo en su interior que estaba mintiendo. No quería ocasionar ningún tipo de situación incómoda respecto de su relación, fuese cual fuese. “Quiero decir, no soy fanática de las tormentas ni de los insectos, pero no me dan miedo” Parloteó, reconociendo que estaba diciendo cosas sin sentido y probablemente matando cualquiera fuese la magia del momento. “ Payasos, sí, esos me dan miedo.” De pequeña unos niños más grandes del orfanato le habían realizado una cruel broma y desde ese día odiaba a los payasos. “Yo… yo te…” hizo una pequeña pausa, tragándose cualquier tipo de duda que pudiese generarse en su interior en ese momento y se dejó guiar por el impulso que ni siquiera sabía de dónde le nacía, pero lo preguntó: “—¿yo te gusto?”
Había sido necesario ese intervalo, a pesar de lo mucho que disfrutaba besándola y en lo adictiva que empezaba a transformarse aquella sensación, creyó que si quería evitar un desastre tenía que llevar la situación con cierto cuidado. Las palabras habían salido de su garganta con gran precisión, porque era justo lo que necesitaba saber, lo primero que deseo preguntar antes de caer nuevamente al encanto que tenía la forma en que otorgaba las caricias, el modo en que los labios ajenos permitían ser apropiados por los suyos. Hizo silencio al observarla en espera de una respuesta, aunque por un par de segundos fue capaz de creer que había sonado demasiado brusco, que quizás su manera de interrumpir no había sido la mejor, ni la más sútil. Sin embargo, esa clase de suposiciones se diluyeron al oírla hablar, a pesar de que sus primeras líneas fueron algo confusas. Creyó que tal vez, no había comprendido que su pregunta iba más allá de ese tipo de miedos, que se refería a algo más profundo. Pero de inmediato supo que simplemente evadía el tema, porque ella era lo suficientemente capaz (y mucho más) para darse cuenta acerca de lo que él intentaba hablarle. Aún así sonrió ligeramente por la respuesta, por oír de insectos y payasos, que nada tenían que ver con la situación. Sin embargo, no la interrumpió, no dijo nada, solo la escuchó y finalmente, por último se anticipó que había comprendido. La breve pausa fue el indicativo que las palabras tomaban otro rumbo y lo que siguió, lo tomó por sorpresa. —¿No es evidente?— respondió sin más, porque simplemente mentir marcaba un enorme ausente en sus opciones. —Lo siento, debería ser más claro— reconoció, a lo que continuó hablando. —Si, Nael. He pensado en ello desde la noche de la fiesta, y no podría negartelo— pensaba que era una obviedad. —Entonces, ¿eso es lo que te preocupa?— inquirió una vez más, ansiando aclarar lo que les tocaba afrontar.
Mentiría si dijera que no tenía miedo, pero no lo que fuese que los había interrumpido, sino por el hecho de que algo en el campamento la estaba cambiando. No sabía si eran las personas a su alrededor, no sabía si se trataba de aquella obligación ciega e irreal de socializar con los demás campistas, no sabía si era el hecho de haber hablado de su situación con dos personas diferentes, descubrir que había alguien en quien podía confiar. Pero, si debía ser completamente sincera, no se encontraba completamente segura de saber si aquello le gustaba o no. De todas formas, no era algo en lo que se detendría a pensar en ese momento. “Quizás.” Susurró con aires burlones, mordiendo su propio labio inferior al momento en que terminaba deslizando su mano sobre el brazo ajeno. El repentino acercamiento al cuerpo ajeno fue más que bien recibido, cerró sus ojos y sus labios se entrelazaron con los contrarios en un nuevo encuentro. Nunca estaba segura hasta dónde llegarían, cuándo entrarían en razón, pero no podía importarle menos. Se aproximó más hacia el cuerpo ajeno, inclinándose un poco hacia él para obtener un mejor acceso hacia sus labios, que con el correr de los días había probado ya unas cuantas veces y sin embargo parecía no cansarse. Subió nuevamente su mano hacia su nuca, siguiendo su camino hasta enredar sus dedos entre los oscuros mechones de su cabello. Ansiaba su contacto, su calor, y quería creer que era simplemente porque se trataba del australiano y no porque simplemente añoraba ese tipo de cosas, la calidez que una sola persona había sido capaz de brindarle en su vida.
Arremetió contra sus propias inseguridades, obligándoles a desaparecer mientras sus labios se acoplaban a los contrarios y se sentía cada vez más sumergido en algo que pretendía mantener en ese instante, porque le agradaba, porque le gustaba la sensación. Los roces sobre su piel, incluso se percibían más intensos y probablemente se debía al hecho de que no llevaba ninguna prenda como intermediaria entre el contacto y la calidez que emanaban las caricias ajenas. Aún sostenía sus manos aferradas a la cintura contraria, al mismo tiempo que sus pulgares se abrían camino acariciando el área que cubría sus costillas y así, planeaban ascender poco a poco. Tenía los ojos cerrados, disfrutando de lo que todo aquello provocaba mientras sus labios continuaban trabajando del mismo modo, capturando los ajenos, aumentando o disminuyendo el ritmo, tanto como fuera necesario. Pensaba en lo que sucedía, en lo bien que se sentía aquel privilegio de besarla, pero también pensaba en ella y deseaba que estuviera disfrutándolo del mismo modo. Le importaba lo suficiente para ser precavido, cuidando de no hostigarla o llevarla hacia un camino, por el cual quizás, no se sentía tan segura. —¿De qué tienes miedo?— preguntó cuando se separó, todavía sus dedos sujetando el torso contrario y lidiando también con su respiración, que se había hecho acelerada y profunda. —Puedes decírmelo— incitó la confianza y la contempló (gracias a la tenúe luz de la linterna) como si estuviera admirándola. Porque así se veía, hermosa.
Sus párpados se achicaron, la incredulidad adueñándose de sus facciones y por unos segundos olvidó sus mentiras. Claro que sabía lo difícil que era conseguir un encendedor, ni siquiera mencionar un par de cigarrillos, nada, absolutamente nada en ese lugar era fácil de conseguir. Aquellas palabras se quedaron prisioneras de sus adentros, asintiendo se dedicó a guardar el encendedor en sus bolsillos delanteros. “Lo tendré en cuenta” sus comisuras se elevaron apenas un ápice, su mirada regresando a los campistas que comenzaban a tomar aquel camino. “Deberíamos seguirlos” y ni siquiera esperó una respuesta, simplemente se dio media vuelta y comenzó a andar.
Dio por terminado aquel asunto del cigarrillo, ya no había nada de que discutir, se suponía que acababa de dejarlo en manos indicadas y había sido testigo de aquello al observar como lo guardaba en su bolsillo. Asintió, observando el grupo que caminaba tomando una determinada y los siguió, no pretendía perderse en aquel sitio. Fue cuando se integró entre la pequeña multitud, cuando otro campista se acercó, preguntando si por casualidad había encontrado un encendedor por la zona del lago. Thayer echó una mirada a la chica, buscando alguna señal de reacción, pero aún así, se adelantó a responder. —No, no he visto nada— mintió, evitando así delatarla.
Algo dentro de ella le pedía a gritos que se apartara, que no estaba bien dejarse llevar, que las cosas terminarían revoltosas y un desastre, cosa que no era inusual para la francesa. Pero si debía ser sincera, no deseaba apartarse. La cercanía con el australiano no era simplemente física, a pesar de que no podía contemplar la idea de que también se tratara de algo más. Acallando los gritos en su interior, se dedicó a saborear los labios contrarios con suavidad, dejándose llevar por lo que fuese que la guiaba a continuar con aquello; hasta que el contacto se rompió gracias al sonido que irrumpió en aquel silencio. Entreabrió los ojos para buscar los ajenos, emitiendo una suave risita ante la acción del contrario, la cual ahogó instantáneamente para no llamar la atención de quien fuese que rondaba fuera, si es que realmente se trataba de un alguien. “¿Tienes miedo?” Inquirió en un suave susurro, soltando las palabras contra los labios ajenos, sin apartarse siquiera un poco y acariciando la piel de su cuello con las yemas de sus dedos, recorriendo con suavidad hasta seguir su camino sobre su clavícula y hombro, aprovechando la ausencia de una prenda que cubriese el torso ajeno. No quería arruinar nada, pero tampoco quería retener sus impulsos, simplemente porque no se sentía correcto hacerlo, y no estaba segura por qué. Había perdido su identidad poco más de un año atrás, quizás toda aquella experiencia del campamento le ayudaría a encontrarse nuevamente.
El sonido exterior lo alertó, captando su inmediata atención aunque apenas pudo sostenerla unos cortos segundos. Ella delante de él invocando aquella intensa cercanía provocó que su preocupación emprendiera a deshacerse con tanta rapidez, del mismo modo que lo hizo ese extraño ruido que ya no se sintió. Quizás había sido un guardia, un insecto o un animal, pero cualquier opción probablemente ya se había alejado, o al menos a Thayer ya no le importaba demasiado. —No lo creo. Ha sido un error— si, había sido un error el dejar de besarla para detenerse ante un hecho insignificante, que incluso en ese momento ya había olvidado por completo. —¿Y tú? ¿Acaso te estabas burlando de mí?— murmuró divertido, al mismo tiempo que las caricias proporcionadas por la contraría empezaban a causar un efecto en él, siendo electrizantes y agradables, todo al mismo tiempo. Y sentía miedo, claro que lo sentía, y se trataba de una incertidumbre que de pronto se esmeraba a bloquear sus impulsos, impidiéndole que se dejase llevar por lo que realmente quería. En primer lugar, temía en perjudicar a la chica, temía no ser lo suficientemente bueno para sobrellevar una situación como aquella dentro del campamento, regido por las reglas. Y temía que esa conexión se convirtiera en una debilidad para ambos, haciéndolos perder. Pero, ¿por qué tenía que ver solo el lado negativo, cuando había comprobado que de una manera u otra, se hacían bien? ¿Por qué entonces, se empeñaba en buscar razones para negarse? Todo se debía al miedo y en ese instante, supo que ya no podía dejarse guiar por el. Así que tras lo último que pronunció, sus manos se aferraron a la curvatura de la cintura femenina con énfasis, atrayéndola con suma decisión una vez más hasta él y hasta sus labios, que se encontraban deseosos de tocar los contrarios nuevamente.
Jadeó, asintiendo. - Estoy bien, creo que nunca había corrido así de rápido en mi vida. - Respiró profundo en un intento de calmar los latidos de su corazón. Incluso se frotó el pecho con la mano, acción que acostumbraba a realizar para calmarse desde que tenía memoria. - No puedo creer que acabamos de escapar de un oso. - Negó con una pequeña sonrisa, visiblemente relajándose por estar lejos del animal salvaje. Escuchó a Thayer atentamente, pues aunque Aaron tenía buen sentido de la ubicación para los lugares a los que consideraba familiares, no podía decir lo mismo del lugar completamente extraño para él en el que se encontraban. Probablemente había sido culpa de los dos, por haberse quedado atrás del grupo con el que venían y por no tener un guardia o instructor con ellos que les mostrara el camino. - No, tienes razón. Sigamos por el lado derecho y si no tenemos éxito, cambiamos el plan. Además, no creo que podamos perdernos más de lo que ya estamos. - Tanto los campistas como los guardias e instructores se movían en un horario estricto y Aaron temía que si no los encontraban pronto seguirían avanzando sin ellos creyendo que se había adelantado en el camino. A eso había que sumarle que los peligros del bosque aumentan por mil cuando estaban a oscuras. En varias ocasiones les habían dicho que cuando caía la noche lo mejor era quedarse en sus tiendas de campaña. Inició a caminar de nuevo, de repente consciente de la gravedad de la situación. Pero, ¿por qué entre más caminaban más se le hacía familiar el camino? - Estamos igual de perdidos que antes. - Declaró una hora después. - Creo que estamos caminando en círculos. -
—Ya tendrás experiencia para la próxima vez que tengas que hacerlo— murmuró, permitiéndose bromear entre tanto terminaba de estabilizarse. En realidad, esperaba que no existiera una próxima vez, al menos no una donde tuvieran que escapar nuevamente de un animal salvaje que pretendía comerlos o quién sabe qué. —Lo hicimos, aunque siga sonando increíble— la cruda verdad era aquella, habían logrado huir con éxito, a pesar que el veloz trayecto les trajo como enorme consecuencia el perderse en un bosque que ninguno conocía, simplemente apenas. No era consciente sobre hasta qué punto se habían adentrado, ni cuantos kilómetros tenían hasta el campamento porque al fin y al cabo, ni si quiera tuvo tiempo de percatarse de esos detalles. Todo en lo que pudo pensar fue en correr lo más rápido posible para sentirse a salvo. —Y de hecho, caminar es la única opción que tenemos— se lamentó y una vez que sintió su respiración volver a la normalidad, retornó el ritmo de la caminata, aunque esta vez podían permitirse ir más despacio, tomando precauciones que antes no habían podido. Aún así, todo esfuerzo parecía ser inútil y lo confirmó tras el comentario ajeno. Apretó la mandíbula, evidente era que comenzaba a invadirlo una inmensa frustración por ser tan torpe y descuidado. —Esto es imposible— expresó, molesto consigo mismo. —¿Y ahora qué? ¿Se supone que tenemos que dejarnos morir?— su pronunciación seguía abarcando una tonalidad que evidenciaba cierta molestia, enojo que iba dirigido hacia él. —Tuvimos que dejar las mochilas, hemos perdido al grupo y no lo sé, la única idea que tengo es seguir caminando. Maldición— agregó, esforzándose por pensar algo mejor, pero nada se le ocurría.
Comenzó a caminar tan pronto como el campista decidió hacerlo, uniéndose a su marcha y dejando que su mirada permaneciera sobre el humo de la fogata que indicaba exactamente en dónde se encontraba.— A… el amigo de un amigo de mi hermano —bromeó, quizá haciendo evidente que hablaba de sí misma.— Es divertido irritar a las personas, en ocasiones —elevó uno de sus hombros, volviendo su mirada hacia la figura que le llevaba algunos centímetros.— Pero no te ves como alguien que se enojaría con facilidad, así que imagino que quien te molestó a ti traspasó algunos límites. —De cualquier forma, se estaba dejando llevar por las apariencias, y en realidad no tenía idea de qué tan fácil o qué tan difícil era molestar al moreno.— Al parecer es lo único que cenaremos esta noche. Eso y algunas galletas o barritas de cereal —comentó, aunque no se estaba quejando.— Creo que lo prefiero antes que tener que cazar a un pobre conejo o ardilla. Dudo que pudiera cazar siquiera algo como eso, además.
Se dejó guiar por la dirección que tramaba la chica, caminando al mismo ritmo de sus pasos, manteniéndose atento en la conversación. Distraerse ayudaba a que el reciente enojo comenzara a desvanecerse, hasta desaparecer. La observó divertido ante la primera expresión, deduciendo que se trataba de nada más y nada menos que de ella misma. —¿Que es lo que tiene de divertido? Bueno, supongo que no los haces enojar realmente— la gente podía demostrar molestia, pero enojarse de verdad era algo más profundo, más sentido. —En realidad, depende mucho de la situación. Solía enojarme con cierta facilidad, pero he aprendido a controlarme— admitió, recordando que cuando era tan solo un adolescente cualquier provocación le generaba una furia que no se deshacía con tanta facilidad. Sin embargo, ser así supo traerle consecuencias. —Esperaba algo más elaborado, carne asada, quizás— bromeó, dado que no olvidaba que estaban en un campamento donde simplemente tenía que agradecer por comer, fuese cual fuese el menú. —Mira que no soy tan quisquilloso, pero cazar un animal es... Digamos que no va conmigo. A menos que empiece a morir de hambre, ahí si que no tendría otra opción— se encogió de hombros, conservando el tono divertido.
Le dedicó una breve mirada, severa. Percibió el tono bromista con que aquello fue entonado, más sin embargo, la sola idea de verse en necesidad de echarse a correr le hacía retorcer por dentro. Una persecución de vida o muerte entre ellos y un oso salvaje no era precisamente un escenario que le agradara imaginar. Con la mirada fija en el suelo que pisaba, se abrió camino con cautela, pero manteniendo cierta prisa en su andar, teniendo como principal objetivo el dejar atrás a la criatura cuanto antes. Al recibir respuesta por parte de su contrario, se detuvo y dio media vuelta para encararle; con el ceño fruncido, le localizó a un par de metros detrás de ella. “¿Por qué te detienes?” Preguntó, tanto extrañada como molesta por que el trayecto hubiese sido pausado. Fue entonces cuando sus pupilas descendieron a los pies del otro campista, percatándose del inconveniente en el que se encontraba. Casi puso los ojos en blanco. “¿Qué ocurrió con tener un poco más de cuidado, pecas?” Inquirió, medio burlándose, medio quejándose, antes de encaminarse de prisa hacia él. “¿Puedes mover tu pie?” Consultó, acuclillándose para remover unas cuantas ramas y hojas del sitio, en busca de facilitarle las cosas.
Supo que debió haber pensado con más cautela en las opciones y no ser tan impulsivo a la hora de tomar una decisión, aunque ya era tarde para realizar algún tipo de modificación. Sus cuidados no fueron suficientes, el camino le demostraba que era realmente más complicado de lo que imaginó, atascando su pie en un sitio impensado. Ocurrió en un veloz instante, de pronto se encontraba imposibilitado de continuar hacia adelante, luchando con el profundo hoyo que lo mantenía inmóvil. —No lo vas a creer— desvió la vista hasta su pie, percibiendo que la chica se burlaría de algún modo de él, lo que comprobó ante el siguiente comentario. —Lo tuve, pero fue imposible anticiparme a esto. ¿Lo ves? Jamás habría intuido que era un pozo— y lo decía porque el gran montículo de ramas y hojas, que camuflaban el imprevisto totalmente. ¿Acaso alguien lo había hecho a propósito? Porque así parecía. Forzó el pie una vez más, de pronto sintiendo algo más de movilidad pero aún sin lograr liberarlo del todo. —Ahora está mejor. Creo que hay algo enredando mi zapatilla, ¿o no?— consultó, dado que la contraria probablemente tenía una mejor vista del panorama.
Sabía que no tenía que hacerlo, con Thayer, sabía que no tenía que forzarse por hablar cuando no quería hacerlo o no sabía qué decir, porque no importaba que se encontraran en silencio, no le resultaría incómodo. Se permitió cerrar los ojos en el momento en que sintió el suave tacto de su mano contra su mejilla, mordiendo interiormente su labio inferior. Abrió los ojos en el momento en que sintió que el contacto desaparecía, pero no tuvo tiempo siquiera de reaccionar antes que el choque de sus labios provocó que volviera a cerrarlos. Se mantuvo inmóvil en un principio, a pesar de que no era la primera vez que lo besaba, temía que las cosas comenzaran a complicarse, una sensación de inminente ansiedad se apoderó de ella, pero decidió ignorarla, hacerla a un lado y así finalmente sus labios comenzaron a moverse contra los contrarios. Acompañó el suave ritmo impuesto por el mayor, al momento en que su mano derecha se abría paso hasta colocarse sobre la nuca ajena, acariciando con suavidad los oscuros mechones de cabello. Su cabeza le decía que se apartara, que simplemente estaba confundiendo al australiano y que era demasiado bueno como para involucrarse con alguien como ella… pero, ¿desde cuándo Nael escuchaba a la voz de la razón dentro de ella? La respuesta era nunca, razón por la cual mantuvo la danza de sus carmines contra los contrarios, disfrutando de la paz que aquello le traía.
Comprobó una vez más lo bien que se sentía alcanzar los labios ajenos, tocarlos con los suyos, perderse en ellos, dejándose llevar por la sensación que lo despegaba de la realidad haciéndole sentir que todos sus problemas desaparecían, que nada más importaba. Se sumergió con intensidad en aquella sensación en el momento exacto que Nael respondió, percibiendo como movía sus labios siguiendo su ritmo y el modo en que sus dedos dibujaban caricias por entre su cabello. Sus manos, en cambio, se encontraban sujetando los laterales del rostro contrario, como si la proximidad que mantenían nunca fuera suficiente. Aún no encontraba la razón exacta para explicar su forma de actuar, en realidad había más de un motivo, una variedad de sensaciones que ella le provocaba y eso le generaba un especie de cosquilleo que le impedía pensar con frialdad. Simplemente no conseguía resistirse, eso era todo lo que podía explicarse. El tan solo contemplar su labios un segundo, fue suficiente para desear hacerse de ellos una vez más y así, volvía a estar inmerso en ellos, capturandolos, acariciándolos una y otra vez con los suyos. Solo hubo un detalle que lo liberó de los encantos ajenos, siendo un ruido que escuchó a escasos metros de ellos. Probablemente era un guardia, cumpliendo con su turno, vigilando. Pero aún así, se despegó conservando la cercanía, inmóvil y expectante con lo que sucedía fuera. Lo único que emitió fue un gesto, elevando su dedo indice hasta sus labios para modular un sigiloso “shh”.
“No estás cerca de morir.” Aseguró con una pequeña sonrisa en el rostro. “No en mi turno.” Finalizó, haciendo referencia a sus horarios como guardia y su deber de proteger a todos los campistas. El muchacho no era la excepción, por lo cual no permitiría que nada le sucediese. “¿Y como ha resultado eso para ti?” Preguntó mientras continuaba caminando, queriendo saber que tanta suerte había tenido el muchacho hasta ahora puesto que, si se había topado con animales antes, probablemente lo haría nuevamente. “Puedes dormir encima de un árbol.” Propuso divertida, imaginando la escena del hombre intentando mantenerse en equilibrio en una de las ramas. “No creo que te ataquen mientras duermen, deben de tener códigos.” Vale, ahora solo estaba siendo tonta, intentaba aminorar la clara preocupación que estaba demostrando su acompañante y que, a pesar de ser tomada por humor, entendía que en cierta parte podía ser un problema serio. “¿Cual es el camino?” Preguntó, deteniéndose tras ver como existían dos direcciones que seguir ya que el camino se abría en derecha e izquierda.
—Sería un enorme desprestigio tener un muerto en tu turno ¿no?—una media sonrisa se asomó en su expresión, simplemente bromeaba. —Vale, sé que no me dejarás morir— aseguró, dado que de verdad confiaba en la eficiencia de la chica. A su consideración, era de las mejores profesionales que tenía el campamento, la había visto realizar el trabajo de guardia como pocos lo hacían. —Una mezcla de miedo a morir y adrenalina. Quiero decir, estaban lo suficientemente lejos como para lograr escapar, pero al mismo tiempo lo suficientemente cerca para intimidarme. ¿Se entiende el punto?— comentó, recordando el modo que había huido de lo que bajo su opinión, era un león de montaña. —Si, podría. Pero me suena a una muy mal idea. Caería dormido y moriría de todas formas— volvió a resaltarse el tono divertido con el que emergían las palabras de su boca. —El solo hecho de que tengan hambre les haría dejar todos esos códigos de lado. Somos carne fresca— tras la acotación, sus pasos se detuvieron al toparse con dos caminos que insinuaban direcciones contrarias. Los observó, sin poder sacar conclusión alguna sobre cual debían seguir. —¿Quieres la verdad? No lo sé. Creo que ha llegado el momento de dejarnos guiar por nuestros instintos— le echó una mirada a la contraria, en espera a su reacción.
—Considerando tu preocupación porque te estuviera siguiendo, esas deberían ser buenas noticias —comentó, dirigiendo su mirada a posarse sobre la figura masculina, sin estar seguro de que aquello fuese realmente de ese modo para él. Volvió su mirada hacia el frente una vez más, dejando que la misma repasase todo aquello que aquel mirador hacía perceptible desde ese punto, sin dejar de poner atención a lo que el moreno expresaba a cierta distancia de su posición.— Estar paranoico no te juega a favor, de cualquier manera —opinó con tranquilidad, imaginando que una actitud a la defensiva podía ser fácilmente confundida con nervios delatores o utilizada como una razón para desconfiar de la inocencia ajena.— Suficiente con la paranoia de los guardias y demás instructores —añadió, pues lo dicho por el campista guardaba cierta razón. Se esperaba que ellos actuaran mal, que hicieran algo indebido, y eran los primeros en la lista de sospechosos siempre que algo fuera de lo normal sucedía.
—Supongo, lo son— se encogió de hombros, aunque todavía no había concluido su idea. Thayer era bastante expresivo, por lo que callarse fácilmente no era algo habitual. —En realidad, me preocupaba el hecho de que estuvieras sospechando de mí por alguna razón. Pero, olvídalo. Ya tengo las cosas en claro— comprendía los dichos contrarios y le creía, dado que la actitud revelada lo comprobaba. No estaba siendo juzgado, tampoco cuestionado y eso le bastaba para quedarse tranquilo. —Intento no estarlo, pero no es tan sencillo como suena— admitió, a su parecer, tenía motivos para justificar su inusual paranoia. —De todas formas, sé que me juega en contra— el instructor tenía razón, esa manera de actuar no lo beneficiaba de ningún modo, pero conseguirlo estaba algo lejos de ser simple. Alzó las cejas ante el último comentario. —A veces se sobrepasan, ¿no? Es evidente la desconfianza, pero en fin, es como funciona la seguridad aquí. Siempre están a alerta.