“Color de luna, la piel humedecida de sus anhelos,
Antes de verla obviamente la presienten,
pero sentirla así no los calma,
al contrario, los precipita como veloces aves ciegas,
hasta que de pronto la oyen.
Mogador es una ciudad de voces que resuenan
y sus murallas son como los labios que amplifican y modulan su canto.
El coro de dragones es algunas veces rugido y otras alegría de la ciudad,
es también su lamento, su más hondo canto.
Para los marineros, que a lo lejos lo oyen
es el anuncio de que por fortuna la carne es débil
y de que sus inquietudes que hace poco eran ambiguas e inconscientes
tomaran ahora un cuerpo deleitable,
como almas que vagaron puras y perdidas
y que por un descuido de su destino reencarnan gozosas en un acto de lujuria verdadera”