Sin emitir una palabra, se volteó hacia el dueño de la voz para averiguar de quién se trataba. Le observó durante un momento, bajo la penumbra y las gotas que parecían hacerse más gruesas con el pasar de los minutos. Sólo entonces decidió iluminar la silueta impropia, cuidadoso de no llevar la luz directamente hasta su rostro para que no resultase una acción molesta, luego negó suavemente en respuesta a esa última pregunta. No, no planeaba regresar todavía, más que nada porque el hecho de no recordar el camino era cierto, pero la carencia de miedo también fomentaba sus decisiones y, por supuesto, la lluvia no era una excusa. Además, si comenzaba a caminar otra vez, probablemente sus pasos le guiarían en dirección a los aullidos y ladridos, lo cual era mucho menos conveniente. “¿También estás perdido?” Le preguntó, desviando la mirada hacia sus costados como si buscara justificar sus palabras. “En serio no sé cómo llegué hasta aquí.” Una confesión de pura sinceridad. Conocía parte del bosque, claro, pero de noche parecía un lugar completamente diferente.
“No mucho,” dijo él, plenamente consciente de que aquello no tenía sentido. No se podía estar un poco perdido, o lo estaba o no, y era definitivo que no conocía el camino devuelta, ni en dónde se encontraba exactamente al momento. Aún así, no retrocedió en sus palabras. En cambio otorgó una media sonrisa a quien le dirigía el foco, tanto literal como metafórico. Desde su lado de la historia no veía mucho por encima del torso, mas tampoco le importaba hacerlo, por lo que simplemente permitió el escaneo; una mano resguardada en el bolsillo de su saco y otra sobre la cabeza (como si lo salvase de mayor mal). Pronto su confusión disminuyó, sonidos de conmoción a la distancia sirviendo de señaladores al resto del grupo. “Parece que se acercaron más que nosotros,” observó, el tópico tácito sobre sus cabezas, pues de donde llegaron voces también lo habían hecho aullidos anteriormente.