La primera vez que te ví, yo era demasiado inocente, estaba a punto de cumplir cuatro años, no sabía bien quien eras, solo se que te llevastes algo que quería mucho y dejaste tristeza y angustia a mí alrededor. La segunda vez que nos vimos ya sabía perfectamente quien eras. Educadamente te pedí más tiempo pero solo sonreiste y te marchaste. Durante 22 días repetímos la misma secuencia yo te pedía más tiempo, vos sonreias y te ibas. Al llegar el día 23 te pedí que hoy no te lo llevaras pero me miraste y fríamente dijiste: "Hoy si". Intenté que hiciéramos un trato a cambio de más días, estaba dispuesta a darte hasta lo que no tenía pero tu respuesta fue un rotundo "No", sonreiste y te lo llevaste y todo volvió a teñirse de tristeza y dolor. La tercera vez que nos volvimos a ver fue más corta, pero algunas cosas volvieron a repetirse. Te suplique más días y solo me diste 11 horas llegado el momento intenté que volviéramos hacer un trato y tú respuesta fue "No". Eso me enojó mucho y te recriminé que la última vez me habías dado más tiempo. A lo que me respondiste: "Está es la tercera vez que nos vemos y aún no has aprendido nada. El tiempo no importa, cada vez que llego me llevo lo que he venido a buscar. No hago tratos, ni me gusta alimentarme de la tristeza de los demás como cree la mayoría de la gente. Existo desde que se creo la humanidad y desde ese entonces mi función es llevarme lo que ha llegado a su fin" No supe que decir, ví como dió media vuelta y se la llevó. Han pasado dos años y he reflexionado sobre tus palabras y el concepto que solemos tener sobre vos. Últimamente tengo la sensación de que tu visita se acerca y sí, esta vez va a ser un poco distinto porque ya no voy a suplicarte más tiempo ni intentar cerrar un trato. Ya lo entendí, solo venís y te llevas lo que ha llegado a su fin. Lo que pasa después de tu partida no es tu problema y no te importa.








