Sentía la mirada de Joey clavarse en su espalda, pero no con una daga, mil dagas apuñalandola una tras otra. ¿De verdad lo estaba haciendo? ¿Estaba destruyendo todo lo que había logrado? Sí, impulsada por los desagradables celos que la vinieron cegando desde que salió de ese pequeño cabiculo en el que todo fue tan mágico e inesperado, especial. Sentir que alguien que jamás tuvo ni tendrá, le pertenecía, era absurdo, y ahora al pensarlo se sentía como la tonta más grande. Sus labios fueron sellados por su misma persona, sin necesitar más de otra palabra que fuera a desgarrarla por sus errores e inoportunos sentimientos tóxicos; pero, no sirvió de mucho su moderación y medida de la situación, porque una vez abres camino a la tempestad, viene la gran tormenta que termina por desmoronar todo, y él, se encargo de terminar, el estrago que ella empezó. Decidida por primera vez a no quedarse callada ante el intenso dolor que oprimía su pecho, sus palabras se trabaron en su garganta, sabía que el moreno pensaba así, desde que le conoce lo supo, pero ¿por qué ahora escucharlo tenía que doler un poco más? ¿por qué cuándo él lo decía le pesaba de sobremanera? Porque ella, en un tiempo, soñó con que hiciera de su noche especial—No todos piensan, ni son como tú—Su voz termino por tensarse, y comenzó a pesar, un escalofrío la estremeció, no cabía duda de que, su cuerpo no se encontraba en la capacidad de expresar indiferencia, porque por dentro se estaba retorciendo, afligida por sus palabras. Hostigada de banales palabras, se levanto con brusquedad de su asiento, acomodando su bolso en sus hombros, no quería seguir escuchando, o mejor dicho, no estaba en los mejores momentos para compartir habitación o aire con Joey Hill. En un tiempo se prometió no seguir huyendo, pero las promesas no eran más que eso, palabras, como hacer el amor no era otra cosa que sexo, el moreno la estaba educando y ella debía aprender antes de seguirse hundiendo.—L-Lo siento, pero no pienso quedarme por algo que obviamente no hice, ni haré.—Susurró en un tono casi inaudible, escapando entre los grandes pasillos de ese instituto, escuchando un par de gritos que pudo diferenciar bien, era el director exigiendo su regreso por una conducta inapropiada e irrespetuosa, también, pudo escuchar a pesar de estar en una considerable lejanía, como se llenaba la boca de repugnantes y erróneos prejuicios. Sin pensarlo demasiado se refugio en el baño de hombres, y es que era tanta su desesperación por desaparecer cuanto antes, que no se percato del lugar ni del nombre, tan solo entro en busca de una paz que no existiría, por el huracán con quien convivía. Saco su celular con cierta torpeza, y mensajeo con avidez a su moreno, el primr textro fue muy patético, ella misma lo acepto minutos después "Por favor, por favor no me odies" y el segundo, fue más una suplica que nada "Estoy en los baños ¿puedes venir? por favor..." no sabia que le estaría por decir, realmente no comprendió el por qué necesitó escribirle, estaba hecha un desastre, y ahora colmada su actitud infirió en el clima, en los baños de los lavabos y en los sanitarios, todo en esa pequeña habitación cobro vida y ella no podía detenerle, todo se le escapaba de las manos. Cerró sus ojos, mordiendo el interior de sus mejillas y relamiendo sus labios cuantas veces fuera necesario para poder tranquilizarla, su pésima concentración daba lugar a más frustración, se repetía un cálmate que fue desgastando, y ahora sus inquietas manos que parecían no causar nada en su desastre, la irritaron por completo.—Vamos Joey, no vengas...