Arrugó la nariz ante sus palabras y sonrió, pero esa sonrisa se desvaneció al escuchar lo siguiente—¿Crees que le agrade a tu hermana? P-Porque a mi ya me agrada pero…Si no le caigo muy bien y-yo—Balbuceo, esas delicadas facciones se arrugaron en un fruncido ceño y mordió el inferior de su labio preocupada. Mel ya comenzaba a juguetear con sus dedos, nerviosa, muy nerviosa. Respiró hondo, manteniendo cierto control y con esas torpes y tambaleantes manos, busco algo en uno de los bolsillos traseros de su vestido—Oh, no te preocupes, son regalos muy pequeñitos que significan mucho, al menos para mi. La única diferencia de éste con los otros, es que ya te lo he dado en varias ocasiones—Aún con aquel “regalo” por detrás, lo tiro con cuidado por el aire, haciendo un ademán con las manos, para que con sus poderes lograra quedar encima de ellos, colgando de una lampara, claro que, todo con esa poca discreción—Adivina quienes están debajo de un muérdago.
Sus nervios no provocaban más que ternura en el moreno, quien deslizó algunos de sus dedos a través de sus mechones de cabello para tranquilizarla— Es... un poco celosa cuando se trata de mí, pero estoy segura de que le agradarás. Después de todo, no eres como las demás —Le aseguró con una amplia sonrisa, mientras se divertía jugando con uno de sus múltiples rizos. Últimamente era mucho más afectuoso con ella. Iba a continuar protestando, pero sus palabras se atoraron en su boca y una mueca picarona se hizo presente en todas sus facciones, especialmente su sonrisa. Alzó la mirada para encontrar el muérdago colgado sobre ellos, y sin pensarlo dos veces, se aferró a su cintura y la atrajo hacia él— Dios bendiga a esa jodida plantita —Bromeó con una carcajada mientras cerraba sus ojos y plasmaba un delicado beso sobre sus labios.













