Un ramo de flores envuelto en un plástico, translúcido y opaco al mismo tiempo, las ofrendas tienen vida rejas divisorias, de acá para adentro: silencio y respeto, afuera, caos y la certeza de que todavía estamos de este lado. Estatuas renacentistas para la aristocracia, para ricos, para los que cayeron bien parados, casas de muñecas con vidrios esmerilados, maderas de árboles africanos, fuertes y resistentes, la desigualdad no desaparece, ni muere. El resto, al fondo de la tierra, compost de una vida, a la intemperie, jóvenes de negro, leen Baudelaire imaginan qué voz habrá tenido la señora que más placas tiene qué accidente habrá sufrido el cuerpo debajo de todos esos juguetes ¿qué cambia el metro cuadrado que no habitas si todas las flores se mueren?












