RUTINARIO SURF
Alguien, no hace demasiado tiempo, me dijo que le gustaba este blog porque, normalmente, los blog que hablan de música suelen tener un aire pretencioso.
Agradezco (y agradecí en su momento) el cumplido pero, para ser honesto, he de decir que no pienso en este espacio escrito como en un blog de música. Al menos no sólo de música. Puede que, hace mucho tiempo, la semilla del mismo se plantase con la esperanza de verla convertida en una extensión del programa de radio que por aquel entonces emitía. La idea era conseguir por escrito algo parecido a aquello que perseguía con cada nueva emisión. Crear una atmósfera que generase sensaciones en torno a una idea, un recuerdo, una canción...
Actualmente constato que la realidad, esa que es gris (y pelea por no cambiar de color, acaso a tonos más oscuros) y comienza con el sonido de un despertador, aturde. Cada mañana, desde la orilla de un océano de asfalto, observo pasmado la facilidad con que sus olas de monotonía amenazan con ahogar tu cerebro y arrastrarlo a muchos metros de profundidad, al fondo de su rutina. Despertador, transporte, trabajo, transporte, hogar, amenaza de hipnosis catódica...
Esa es la idea que, de este blog, permanece en mi cabeza. Una especie de tabla de surf (por continuar con el símil surfero y porque tabla de salvación suena un poco dramático) con la que cabalgar dichas olas, escapando, a menudo por los pelos, de los días fotocopiados en papel reciclado. Combatir las canas (conceptualmente, al menos) y quitarle el óxido a los engranajes que ponen en marcha el mecanismo de la pasión vital, incluso a base de inocencia.
Y ya que esta entrada ha estado cargada de metáforas surferas como única vía de escape ante un mundo de hormigón... ¿Qué mejor cierre que este?



















