11.064 horas en las que han ocurrido todo tipo de situaciones y hechos. Han aparecido y desaparecido grandes talentos conocidos y desconocidos. He conocido personas y olvidado a otras. Mi cabello se ha vuelto algo más escaso y algo más blanco.
Aun así, al buscar en mi memoria imágenes de este tiempo transcurrido, me invade una sensación de quietud. Como un extra en aquel capítulo de "The Twilight Zone" en el que el dueño de un curioso reloj puede congelar el tiempo.
Una dedicación exclusiva a la radio provocó que la intención que expresaba en mi anterior entrada, la de volver a escribir de forma regular, hubiese de ser pospuesta una y otra vez, alcanzando así, con la página en blanco, las cifras que daba al inicio.
Sin embargo hace unas semanas, poco antes de Halloween, se desató en mi mente una tormenta. Una de esas que los meteorólogos catódicos definen como "con fuerte aparato eléctrico", antes de proceder a recomendarnos un seguro dental.
Y en unas fechas tan terroríficas, que solían terminar salpicando este blog de una forma u otra, me picó el gusanillo.
Factor decisivo pudo ser el encuentro y posterior charla, en plena Gran Vía madrileña, con todo un Handsome Dick Manitoba, tras el concierto de Dictators NYC en la ciudad.
Cómo, minutos después, me descubría pensando que, con un poco de forma, dicho encuentro se podía convertír en una entrada perfecta para un blog, para este blog, y una salida perfecta (disculpen el juego de palabras) de la apatía.
Sí. Sin duda este hecho pudo ser el rayo que, dentro de semejante tormenta vital, acertase a impactar contra el monstruo, obligándole a volver a la vida e inaugurando así una nueva época para este blog de curioso nombre.
Así pues, ha llegado el momento, amigos.
Permitamos que el doctor más conocido de todos los tiempos, y cuya voluntad de crear vida ha aterrorizado a la humanidad durante casi 200 años, pronuncie su frase más famosa. Aquella que bautizó uno de los directos más famosos de la historia del punk: