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NUEVA PAGINA
Iglesia —Throwback: 2 years ago.
A Emma la despertó un maullido lastimero.
Abrió los ojos y vio a un gato persa sentado sobre su pecho. Era un persa, para ser exactos; una bola peluda con las orejas gachas y grandes ojos amarillos.
Emma soltó un gritito mientras saltaba de la cama. El animal salió volando. Luego siguieron unos instantes de caos, mientras ella buscaba a tientas la lámpara en la mesilla y el gato lanzaba sonoros maullidos. Consiguió encender la luz y lo vio sentado ante la puerta de su dormitorio, con pinta de estar tranquilo y saber que ese era su lugar.
—Iglesia —se quejó Emma—. ¿De verdad no puedes ponerte en ningún otro sitio?
Por su expresión, era evidente que Iglesia pensaba que no. Hacía nueve años había aparecido ante la puerta, dentro de una caja con una nota dirigida a Emma y un breve mensaje: «Por favor, cuida de mi gato. Hermano Zachariah».
En aquel momento, Emma no había sido capaz de imaginarse por qué un Hermano Silencioso, incluso retirado, querría que ella le cuidara el gato. Llamó a Clary, que le explicó que el felino había vivido en el Instituto de Nueva York, pero que, en realidad, pertenecía al hermano Zachariah, y que si Emma quería, se lo quedara.
Se llamaba Iglesia, les dijo.
Iglesia resultó ser la clase de gato que no se queda donde lo dejan. No paraba de escaparse por las ventanas y desaparecía durante días, incluso semanas. Al principio, Emma se ponía de los nervios cada ver que se marchaba, pero siempre volvía, más satisfecho que nunca. Cuando Emma cumplió catorce años, el gato siempre regresaba con regalos para ella atados al collar: conchas y trozos de vidrio marino. Emma había colocado las conchas en el alféizar de su ventana. Los vidrios se habían convertido en el brazalete de la suerte de Julian.
Emma ya sabía que los regalos eran de Jem, pero no tenía ningún modo de comunicarse con él para agradecérselo. Así que se esforzó por cuidar de Iglesia lo mejor posible. Siempre había pienso y agua limpia en la entrada. Ya no se preocupaban por sus desapariciones, pero todos se alegraban de verlo cuando volvía.
Iglesia maulló y rascó la puerta. Emma sabía qué quería: que lo siguiera. Con un suspiro, se puso un jersey sobre la camiseta y se calzó las chanclas.
—Más vale que valga la pena —le dijo a Iglesia mientras cogía la estela—. O te convertiré en una raqueta de tenis.
Iglesia no pareció preocuparse. Guió a Emma por el pasillo y escaleras abajo hasta la puerta principal. La luna estaba alta y brillante y se reflejaba en el agua a lo lejos. Dibujaba un camino hacia el que Emma se dirigía divertida, mientras Iglesia mantenía su trotecillo. Emma lo cogió para cruzar la autovía, y luego lo dejó en la playa al llegar al otro lado.
—Bueno, ya estamos aquí —dijo—. La caja de arena más grande del mundo.
Iglesia le lanzó una mirada diciéndole que no lo impresionaba su ingenio, y se dirigió hacia la orilla. Avanzaron juntos por encima de la marca del agua. Era una noche tranquila, con menos olas que viento. De vez en cuando, Iglesia corría para alcanzar un cangrejo, pero siempre regresaba para trotar delante de ella, hacia las constelaciones del norte. Emma estaba comenzando a preguntarse si realmente la estaría llevando a algún lugar cuando se dio cuenta de que habían rodeado la curva de rocas que ocultaba la playa secreta que compartía con Julian, y que no estaba vacía.
Aminoró el paso. La luna iluminaba la arena, y Julian estaba sentado en medio, alejado de la orilla. Emma fue hacia él. Los pies se le hundían en la arena sin hacer ruido. Julian no alzó la mirada.
Pocas veces Emma tenía la oportunidad de contemplar a Julian sin que él se diera cuenta de que lo estaba mirando. Le resultó raro, incluso un poco inquietante. La luna brillaba lo suficiente para permitirle ver el color de su camiseta (roja) y que llevaba unos vaqueros viejos e iba descalzo. El brazalete de vidrio marino parecía despedir un halo de luz.
Se detuvo a solo unos pasos de él.
—¿Jules?
Este alzó la mirada. No pareció sorprenderse lo más mínimo.
—¿Era Iglesia?
Emma miró a su alrededor. Tardó un momento en localizar al gato, que se había colocado en lo alto de una roca y se lamía la pata.
—Sí, ha vuelto —dijo Emma, y se sentó al lado de Julian—. Ha venido de visita.
—Te he visto cuando rodeabas las rocas. —Esbozó una media sonrisa—. Creía que estaba soñando.
—¿No puedes dormir?
Julian se frotó los ojos con el dorso de la mano. Tenía los nudillos manchados de pintura.
—Se podría decir que no. —Negó con la cabeza—. Pesadillas raras. Demonios, hadas…
—Lo habitual para los cazadores de sombras —indicó Emma—. Quiero decir que suena como un martes normal.
—Ayúdame, Emma. —Se tumbó sobre la arena y el cabello le formó un halo alrededor de la cabeza.
—Si yo solo quiero ayudar.
Se tendió junto a él, mirando el cielo. La contaminación lumínica de Los Ángeles alcanzaba también la playa, y las estrellas se veían muy tenues. La luna iba apareciendo a ratos entre las nubes.
—Estaba pensando en lo que has dicho antes —explicó Julian—. Sobre todos los puntos muertos. Siempre que creemos que hemos descubierto algo que apunta hacia lo que les sucedió a tus padres, ha resultado quedar en nada.
Emma lo miró. La luz de la luna le afilaba el perfil.
—Estaba pensando que quizá eso signifique algo —continuó—; que tal vez tuviesemos que esperar hasta ahora para descubrir quién lo hizo. Hasta que estuvieras preparada. Te he visto entrenar, te he visto mejorar y mejorar. Sea quien sea, sea lo que sea, ahora estás preparada. Ahora puedes enfrentarte a ello. Puedes ganar.
Algo aleteó en el pecho de Emma. La familiaridad, pensó. Ese era Jules, el Jules que ella conocía, el que tenía más fe en ella que ella misma.
—Me gusta pensar que las cosas tienen un sentido —repuso Emma en voz baja.
—Lo tienen. —Calló un momento, mirando al cielo—. He estado contando estrellas. Creo que, a veces, hacer algo inútil ayuda.
—¿Recuerdas cuando éramos pequeños y hablábamos de escaparnos? ¿De dejarnos guiar por la estrella Polar? —preguntó ella—. Antes de la guerra.
Julian dobló los brazos bajo la cabeza. La luna le iluminó las pestañas.
—Cierto. Quería escaparme, unirme a la Legión Extranjera. Cambiarme el nombre por el de Julien.
—No creo que con ese cambio hubieras conseguido despistar a nadie. —Inclinó la cabeza hacia un lado—. Jules, ¿qué te preocupa? Sé que le estás dando vueltas a algo.
Julian guardó silencio. Emma veía cómo su pecho subía y bajaba lentamente. El sonido de su respiración quedaba ahogado por el del mar.
Le puso la mano sobre el brazo y dibujó suavemente con el dedo.
«¿Q-U-É-T-E-P-A-S-A?».
Él volvió el rostro hacia el otro lado. Lo vio estremecerse, como si hubiera sentido frío.
—Es por Mark —contestó él.
Julian seguía con la mirada apartada de ella. Emma solo le veía la curva del cuello y la barbilla.
—¿Mark?
—He estado pensando en él —explicó Julian—. Más de lo habitual. Helen siempre está al otro lado del teléfono si la necesito, aunque se halle en la isla de Wrangel. Pero Mark es como si hubiera muerto.
Emma se incorporó.
—No digas eso. No está muerto.
—Lo sé. ¿Y sabes cómo lo sé? —preguntó Jules con voz tensa—. Todas las noches solía esperar a la Cacería Salvaje. Pero nunca aparecía. Estadísticamente, deberían haber pasado por aquí al menos una vez en los últimos cinco años. Pero no lo han hecho. Creo que Mark no les deja.
—¿Por qué no? —Emma lo miraba fijamente. Jules casi nunca hablaba así, con tanta amargura en la voz.
—Porque no quiere vernos. Ni saber nada de nosotros.
—¿Porque los quiere?
—O porque nos odia. No lo sé. —Julian escarbó inquieto en la arena—. Yo si fuera él nos odiaría. A veces yo lo odio.
Emma tragó saliva.
—Y yo también a mis padres, por morir. A veces. Eso… no significa nada, Jules.
Al fin, él volvió el rostro hacia ella. Tenía los ojos enormes, anillos negros alrededor de los iris.
—No me refiero a ese tipo de odio —dijo en voz baja—. Si estuviera aquí, todo sería diferente. Habría sido diferente. Yo no tendría que estar en casa por si Tavvy se despierta. No estaría haciendo algo malo al caminar por la playa porque necesito alejarme de todo. Tavvy, Dru, Livvy, Ty… habrían tenido a alguien que los cuidara. Mark tenía dieciséis años; yo tenía doce.
—Ninguno de ustedes escogieron.
—No, no lo escogimos. —Julian se incorporó. Llevaba el cuello de la camisa abierto y tenía arena en la piel y el pelo—. No escogimos esto. Porque si hubiera podido hacerlo, habría tomado unas decisiones muy diferentes.
Emma sabía que no debía preguntarle cuando estaba así. Pero no tenía experiencia en verlo de este modo; no sabía muy bien cómo reaccionar, cómo ser.
—¿Qué habrías hecho diferente? —susurró.
—No sé si habría querido tener un parabatai. —Las palabras le salieron claras, precisas y brutales.
Emma se echó hacia atrás. Fue como si estuviera metida en el agua hasta la rodilla y que una ola repentina e inesperada la hubiese golpeado en toda la cara.
—¿De verdad piensas eso? —preguntó—. ¿No lo habrías querido? ¿Conmigo?
Julian se puso en pie. La luna había escapado de la cortina de nubes y brillaba con toda su fuerza, tanto que Emma pudo distinguir el color de la pintura que manchaba las manos de Julian; las tenues pecas sobre los pómulos; la tirantez de la piel alrededor de la boca y las sienes. El color entrañable de sus ojos.
—No —respondió—. Sin duda no lo habría querido.
—Jules —exclamó ella, perpleja, dolida y enfadada, pero él ya se alejaba hacia la orilla.
Para cuando Emma se puso en pie, Julian ya había llegado a las rocas. Era una larga y fina sombra subiendo por ellas. Y luego desapareció.
Emma podría haberlo alcanzado, de haber querido; lo sabía. Pero no quiso. Por primera vez en su vida no le apetecía hablar con Julian.
Algo le rozó los tobillos. Miró hacia abajo y vio a Iglesia. Sus ojos amarillos parecían compadecerla, así que lo cogió y lo estrechó contra sí, escuchando su ronroneo mientras subía la marea.
Maia: Si, también me funciona con mi hermana 😌.
Mark: Jaja, ¿Es desaparecer también?
Maia: No, pero cuando necesito de ella justo me habla.
Mark: Oh, es que ustedes se ven muy unidas.
Maia: Lo somos, sin duda.
Mark: Eso es bueno, siempre deben mantenerse así, aunque dudo que se alejen.
Maia: No, es difícil que eso pase. Sólo nos tenemos la una a la otra.
Mark: Si, eso es muy cierto.
Maia: Como ustedes, ¿No?
Mark: Tratamos, pero estamos adaptados a que en un momento tenemos que separarnos de alguna forma. Cuando el último ya haga su vida de forma independiente.
Maia: Claro, pero aunque hagan su vida independiente, siempre estarán ahí para el otro.
Mark: Claro, siempre la sangre es más poderosa.
50 eps of 50 shows from the 2010s ↳ The Shannara Chronicles // 1x06 Pykon *aired | February 2, 2016
“If I die, the entire world will fall into darkness.” “I’ve lived in the darkness for many years. Darkness is my home.”
Mark: What's The Opposite Of 'Thank You'?
Emma: I'm Pretty Sure It Ends In 'You.'
Mexicana melodramática
Mark: ¿Pero no admites que eres terca? Jaja.
Maeve: Jaja, también lo admito.
Mark: Es un gran avance jaja. También soy terco, pero nosotros los Blackthorn estamos genéticamente dados para serlo 🙄
Maeve: Lo tengo más que claro.
Mark: Bueno, compartes con todos. Lo has visto. Y no lavas los platos.
Maeve: Soy la peor.
Mark: No digas eso.
Maeve: Oh, y también soy melodramática.
Mark: ¿Si?
Maeve: Muy, mi alma mexicana. Me crié viendo telenovelas.
Mark: ¿Con Diego también eres así?
Maeve: Ni te imaginas.
Una bebé adicta a la cafeína.
Mark: Ya es muy tarde para ti.
Maeve: ¿Me tratas de bebé? No fue suficiente café en el día al parecer.
Mark: Eres una bebé. Y dependiente de la cafeína 🙄
Maeve: ¿O tú muy anciano?
Mark: No soy un anciano 🤔
Maeve: Entonces queda en que yo soy bebé 👶🏼
Mark: Si, una bebé que necesita ir a dormir, jaja.
Maeve: La verdad es que estoy a punto, mañana me vengaré de ti.
Mark: Haha, te puede el sueño. Lo sabía.
Maeve: No sabes cómo se ve un bebé enojado, eh.
Mark: Arrugadito.
Maeve: Eres un maldito.
Lady Nerissa
Jade: Ouh! Tu padre era increible!
Mark: Lo era, ¡Sin duda!
Jade: Y tu mamá lo era también. O sea la biológica no sé...
Mark: Jajaja, dudo que mi madre biológica lo sea.
Jade: Yo también lo dudaba pero no quería ser grosera.
Mark: ¡No lo eres!
Jade: Pues mejor porque tú madre biológica no me gusta mucho por como me cuentas qué es...
Mark: Bueno, ya no está en mi vida, entonces no es algo que me afecte directamente.
Mark: The sky looks beautiful tonight
Cristina: You know who else is beautiful?
Keiran: Cat calendars!
Tina and Mark: ...
Emma: Hold on, I’m having one of those headaches with pictures.
Mark: *gasps* Holy shit, me too.
Julian: An idea, they’re having an idea.
Had to lose my way
To know which road to take
Trouble found me
All I look forward
Washed away by a wave.
❦ ENFERMEDADES ENTRE SUBTERRÁNEOS 4401
CLASE MARK BLACKTHORN