Yo iba disfrazada de Catwoman. Tu me pediste que te hiciera un "baile de gatito." Yo casi muero de náuseas.
Aqua Utopia|海の底で記憶を紡ぐ
will byers stan first human second
NASA
styofa doing anything
cherry valley forever

titsay
Misplaced Lens Cap

祝日 / Permanent Vacation
Cosmic Funnies

Kiana Khansmith
almost home
I'd rather be in outer space 🛸
🪼

⁂
Cosimo Galluzzi

Product Placement

❣ Chile in a Photography ❣
Claire Keane
occasionally subtle

izzy's playlists!
seen from Tunisia
seen from Tunisia
seen from United States

seen from Malaysia
seen from United States

seen from United States

seen from United States

seen from United Kingdom
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from United States

seen from Türkiye
seen from United States

seen from Türkiye
seen from Hong Kong SAR China

seen from United States
seen from United States
@mihistoriaconellos
Yo iba disfrazada de Catwoman. Tu me pediste que te hiciera un "baile de gatito." Yo casi muero de náuseas.
This love stuff is a motherfucker.
La cita con más certeza sobre el amor. Sabiduría de Sex and the City.
“To burn with desire and keep quiet about it is the greatest punishment we can bring on ourselves.”
Federico García Lorca
Jeffrey, Nueva York, Parte 1
Mi papá me había enviado a una zona de Nueva York que yo nunca había conocido. “Necesito que me compres una cámara, éstos son los detalles y tienes que ir a ésta tienda. Hoy.” Al entrar, noté que además de ser una tienda de electrónicos enorme, era operado al 100% por hombres judíos ortodoxos. Tenía 21 años, era invierno, y la falda y botas con tacón hizo que muchas miradas se fijaran en mi. Después de hacer una cola que me parecía interminable, mi número apareció finalmente en la pantalla luminosa. Ahí estabas, listo para atenderme. Eras uno de los más jóvenes de la tienda, y con simpatía y eficiencia atendiste mi pedido. En lo que esperábamos, empezamos a hablar. Qué estudias, cuántos años tienes, qué quieres hacer de tu vida. Un poco más personal de lo que una se espera al ir a comprar una cámara. Parecía casi inaudito que los dos fuéramos tan diferentes, y al mismo tiempo nos encontráramos en el mismo lugar, con intereses similares. Me pediste mis datos personales. Lo dude por unos segundos, pero finalmente te di mis datos. “Simpático”, pensé. Sonreí, y me fui con la cámara nuevapara mi papá.
William, Alemania.
Estaba de fin de semana con mis amigas en Alemania. Había conocido a tu hermana hace un par de meses antes. Cuando te vi, no podía creer que eran familia. No porque ella fuera fea, pero porque tu parecías sacado directamente de un catálogo de Abercrombie & Fitch. Mis instintos no estaban equivocados, habías sido (aunque sólo por un breve tiempo) modelo de aquella firma para jóvenes cool. Cuatro años menor que yo, y veintitrés centímetros más de altura (1.96 cm para ser exacta). Te conocí en un festival de vino en el centro de la ciudad. Te volví a ver en el brunch de cumpleaños de tu hermana, al día siguiente. Eras el único hombre ahí. “Willy te está volteando a ver cada 20 segundos”, me dijo mi amiga. Por muy guapo que me parecías, traté de mirar a otro lado. “¡Tiene 4 años menos que tu!” me repetía a mi misma. Llegué al bar con mis amigas, y ya estabas ahí; esperando. Después de algunos minutos, te acercaste. El hecho de que fuera mayor, te gustaba. Y a mí, me ponía nerviosa.
“¿Qué te parece Alemania?”, me preguntaste. “¡Me encanta!”, gulp. Ya no había marcha atrás.
Me diste el shot más asqueroso que he probado en mi vida. Yo te di mi palabra de irte a visitar después de que te mudaras a Munich.
José Antonio, Manos Chicas.
Te conocí en una fiesta a la que iba con mi mejor amiga. No eras tanto más alto que yo. Insististe acompañarme en taxi (ya que los dos habíamos tomado) a mi casa. En el camino me pediste mi teléfono. La siguiente semana me invitaste a salir tres veces. Cine, cena y una salida con tus amigos. Yo no sabía que pensar de ti. Nuestras salidas eran entretenidas, pero nada más. A la cuarta, me invitaste a una boda. “Es de etiqueta, y puedes traer a una amiga”, me dijiste. Al parecer, mi amiga tenía más encanto que yo a tus ojos, y rápidamente decidiste cambiar objetivo. Me fui de la boda con ella, y tu lograste conseguir su teléfono. Ella nunca salió contigo. Después de un tiempo, decidiste volver a buscarme. Ahora me mandas mensajes ridículos por medios sociales, tratando de pasar como “simpático.”
Por suerte, no lograste más que herir mi orgullo; pero nunca olvidaré el roce de tus manos de niño.
Carlos y los Nachos en el Cine.
Te había conocido un fin de semana fuera de la ciudad. Tu eras 7 años más grande que yo, tu papá trabajaba para uno de los partidos políticos más importantes y afluentes del país. Me invitaste a nuestra primera (¡y única!) cita un jueves. “Estuve viendo la mejor manera de llegar a tu casa, por si vuelvo a venir”, me dijiste cuando me subí al coche. Llegamos al cine, y después de 20 minutos escogimos la película. Yo estaba nerviosa, tenía 16 años y quería causar una buena impresión. -”¿Quieres palomitas? ¿Algo de comer?”, me preguntaste de la manera más atenta. -”Una coca con hielo.” -”¿No quieres nachos?” -”¿Naaachos?! Eh, no, no gracias” – te respondí, pensando que era una broma. “¿Quién pide nachos la primera vez que sales?! Me encanta la junk food, pero, ¡no hay forma!” pensé. -”Bueno, si tu no quieres, los prepararé como a mi me gustan”, tranquilamente respondiste y proseguiste a aderezarlos con ketchup, mostaza y mayonesa (aparte del queso que ya traían, claro).
Nunca más he visto a alguien que coma los nachos en el cine como tu, aunque para ser sincera, no me quejo.
Sálvador, Zoolander Real
Estábamos en una fiesta de Año Nuevo. Mi amiga te vio llegar, e inmediatamente me dijo “¡Acaba de llegar el hombre más guapo de toda la fiesta!”. Te vi a lo lejos, y aunque claramente me pareciste guapo, no me llamaste la atención. “No es mi tipo”, le contesté. Nos encontramos con un amigo perdido de mi amiga. Ella estaba tratando de entablar una conversación con la música a todo volumen de por medio, cuando una niña me empujó a ti. Empezamos a hablar. No era ninguna sorpresa, eras modelo. Louis Vuitton, y otras campañas me dijiste, pero ahora, te querías concentrar en ser pro en el golf. Vivías en San Diego. Tus ex novias eran actrices y modelos, yo había estudiado una licenciatura y estaba por irme del país para estudiar una maestría. Tus ex novias estaban siempre súper producidas con pestañas postizas y extensiones, yo usaba perlas y maquillaje natural. Éramos seres de dos universos diferentes. La segunda vez que me viste, tu mamá ya sabía mi nombre y había visto mis fotos. Querías que nos hiciéramos un tatuaje igual, para acordarnos por siempre el uno del otro. No sabía como explicarte que la gente en el mundo real, no hace eso después de haber conocido a alguien 48 horas.
“¡La gente hace cosas raras por amor!”, me dijiste. Nunca pudimos hablar el mismo idioma.
Tu, taxista. Yo, ¿bailarina?
“A dónde, señorita?” – “Al teatro de La Scala, por favor.” – “Muy bien, enseguida. ¿Es usted bailarina?” – “No, por qué?” – “Parece bailarina. Siempre que llevo a alguna chica joven y bonita como usted a La Scala es una bailarina. Tiene el aire de.”
Y así, es como un taxista me ha dado el mejor halago de mi vida.
José Alfonso, historia de un mejor amigo.
Yo salía y estaba perdidamente enamorada de tu mejor amigo. Era un fin de semana, y estábamos fuera de la ciudad, en el lago. Te vi llegar al bar local, e inmediatamente sabía que eras tú; ya que él me había contado mucho de ti, e incluso enseñado fotos. Mi objetivo era ser encantadora, para que me dieras tu sello de aprobación como mejor amigo. Las horas pasaron, y al final nos quedamos con los dueños del bar (amigos en común), y una botella de mezcal.
El mezcal probó ser traicionero, ya que al acompañarme a mi casa en taxi te olvidaste de tu mejor amigo y trataste de intentar algo conmigo. No ha habido amigo más arrepentido que tu al día siguiente, ni ocasión que tu amigo no aprovechara para recordarnos de aquella noche durante mis dos años de relación con él.
Gianmassimo, un amor imposible
Acababa de llegar, no conocía a nadie en la ciudad. Mi vida social se reducía a los amigos de mis abuelos. Anna, nuestra amiga en común, me invitaba constantemente a cenas en su casa, donde te conocí. Tu eras su doctor de cabecera. Venías del sur, no hablabas otro idioma, y yo apenas me podía comunicar en el tuyo. Nunca habías conocido a alguien como yo; 13 años más joven, independiente, aprendiendo una tercera lengua y a punto de comenzar una maestría. Me trataste de impresionar con comidas en restaurantes, idas de shopping a Prada -donde intentaste que yo te hiciera un cambio de look, y regalos. Tantos regalos. A ti te parecía chistoso el hecho de no saber absolutamente nada sobre mi país y cultura. A mi me parecía increíble que un hombre de tu edad nunca hubiera viajado fuera del suyo. Anna creía que tu eras homosexual. Yo creía que tu eras asexual. Tu creías que me iba casar contigo y ser la “doña” de tu farmacia. No entendías porque no aceptaba tus regalos. No entendías ni siquiera el sarcasmo, ni mi sentido del humor. Eras muy amable, y generoso. Tu tenías 38 y yo 25. Eras dueño de una farmacia y querías tener una granja, yo quería ver y vivir el mundo. Cuando te dije que no era posible que “me cortejarás” (en tus palabras, no mías) te deprimiste e hiciste uso de los productos de tu farmacia.
La mejor descripción de lo que pensé sería mi vida a mis 25 años. (Ojalá!)
About me
El mundo está lleno de historias. Éstas son las mías, una mujer de 25 años, con el género masculino.
One travels more usefully when alone, because he reflects more.
Thomas Jefferson