Protección: Cierra las puertas al enemigo
*ñ“Ningún arma que se forme contra ti triunfará, y tú refutarás toda lengua que se levante contra ti. Esta es la herencia de los siervos del Señor.”
Vivimos en un mundo donde no todos los ataques vienen de frente. A veces llegan de forma sutil, disfrazados de pequeñas decisiones, actitudes, o descuidos. Y aunque no siempre lo notamos, el enemigo —Satanás— está atento, buscando una rendija por donde meterse. Su meta es clara: hacer que pierdas credibilidad, que tropieces, que te desanimes… y que abandones lo que Dios te dio.
Pero hay buenas noticias: no tiene por qué lograrlo. Dios ha prometido protegernos. No dijo que las armas no se formarían… dijo que no prosperarían. ¿Cuál es la clave? No darle espacio al enemigo. No abrirle la puerta. La Biblia lo dice así de claro: “No den lugar al diablo” (Efesios 4:27).
¿Cómo le damos lugar? Con un mal hábito que no enfrentamos. Con una conversación que no deberíamos tener. Con la falta de perdón que arrastramos. Con la indiferencia a la voz del Espíritu.
A veces queremos la protección de Dios, pero seguimos haciendo cosas que nos dejan expuestos. Es como jugar un partido de tenis sin cubrir los ángulos. Por muy bueno que seas, si dejas espacios libres, el otro equipo va a aprovechar.
Dios te llama a cerrar las brechas. A vivir con integridad, con respeto, con coherencia. No para ser perfecto, sino para ser real. Para ser honesto contigo mismo y con Él. Todo lo que concierne a nuestra vida es valiosa. No la pongas en manos del enemigo por descuido o comodidad.
Hoy es un buen día para hacer un chequeo del alma. Nos preguntamos: ¿Hay algo en mi vida que le esté abriendo puertas al enemigo?
Si la respuesta es sí, no te condenes. Entrégaselo a Dios. Pídele fuerza para soltar, cambiar y cerrar esa puerta.
Dios quiere protegerte. Pero nosotros también tenemos una parte por hacer: vivir conectado a Él, alineado con Su Palabra, y con el corazón dispuesto.