Hombre entregado al viento. Salí a caminar al atardecer en tu encuentro. El silencio llegó acompañado de ti
De memoriam bitácora.

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Hombre entregado al viento. Salí a caminar al atardecer en tu encuentro. El silencio llegó acompañado de ti
De memoriam bitácora.
Memoriam bitácora. Al voltear la mirada, tu mirada penetrada de luz, me miraba como un juego.
Tres. Nómadas al atardecer. Descubriendo algo, sólo algo.
Hoy a las 6am
Recuerdo de un hombre sin rumbo.
Crónica de un reflejo.
No soporto las noticias, me derrumban de una manera peculiar.
El domingo (12 de junio 2016) en la tarde, mi papá (viendo el celular) grita ¡Atacaron un bar gay!
El lunes en la mañana afuera de mi casa encuentro un bebé gato que maúlla asustado a su mamá gata. Está desintegrado de la camada y no sabe cómo regresar.
La información se acumula en el noticiero: la felicidad de algunos por las víctimas, las disculpas del papá humano en nombre del hijo humano, el número de muertos. Cincuenta en el bar gay de Orlando y veintiuno en el llamado “fin de semana negro” en Puebla.
El martes veo a dos bebés gatos. Me preocupa verlos en la calle, tan expuesta su inocencia. La mamá gata los trata de proteger. En su redondez adivino que está preñada. La vida es redonda.
Verla así, tan preñada y con dos criaturas, me hace pensar en las mujeres que están pasando por situaciones parecidas. De algún modo enlazo su caso al de la mujer abusada, sometida, abnegada. ¿Ella también debería marchar?
A las seis de la tarde, del mismo martes, una mancha roja deja su último aroma enfrente de mi ventana. Bebé gato ha muerto. Mi mamá humana trata de borrar la masacre con agua, pero mamá gata se impregna de su criatura restregando su cuerpo en el pavimento. Su maúllo llora.
Una hora después los miro desconcertados ante su perdida. La gente gato está triste. Bebé gato logra abrazar con su cola a la redonda de su madre. Intuían la despedida. Como el hijo humano que se despidió por celular de su mamá humana, aterrado de miedo desde los baños del club gay.
Escucho la voz de un niño, luego sus pasos rápidos. La gente gato sale corriendo, ella logra trepar el muro, él no, como el chico del club gay.
Antes del atardecer la mujer gata había perdido a sus hijos gatos. Al mirarla y preguntarle por ellos, ella me respondió con sus ojos verdes expresivos. Comprendía el sacrificio.
Se echó en medio de la banqueta y muy pensativa observó el horizonte. Yo la acompañé sintiendo el viento fuerte que, como siempre, trajo noticias; las cuales ni la mujer gata ni yo, la mujer humana, entendimos. Pero ella en sus maullidos y yo en mis silencios, algún día las descifraremos para comprender un poco más de la vida.
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En esta crónica lo único que quiero transmitir es la empatía que logré con esta mujer gata y lo mucho que me hizo ver la realidad del humano, la cual no es tan diferente de lo que vivió ella en esta semana. Y me dio una lección al verla tomar la experiencia con tanta sabiduría. Ya sé que no somos gente gato, al parecer ellos son mejores.
Pilar Macuitl
Recuerdo de: si te vi, ni me acuerdo.
El morado.
Recuerdo de “¿Quién será más rápido?”
Chaïm Soutine
En el invierno del 2013, atraída por la mercadotecnia de la exposición temporal las Obras Maestras del Musée de l'Orangerie, me aventuré a atravesar la (ahora) Ciudad de México para encontrarme a los TOP de la pintura en El Museo Dolores Olmedo.
Entro al museo y primero me llega la hermosa impresión de los elegantes pavo reales luciendo sus turquesas, los jardines oníricos y por supuesto los xoloizcuintles que si no se mueven dudas si son esculturas.
Entonces empiezo a recorrer la sala, Picasso, Monet, Renoir, etc. Y de repente llego a una pequeña sala del museo en donde, con poco protagonismo y gracias a mi dulce ignorancia, me presentan a este pintor de principios de s.XX, Chaïm Soutine con La Table, 1919. Esta maravillosa naturaleza muerta que me ha acompañado desde hace tres años en mi imaginario.
Reacciono a su pintura como si ese rojo sangre me gritara un secreto. Y lo guardo.
Esta técnica que él emplea en la pincelada, la furia de lo impreciso, de un grito en colores conversa conmigo, igual con mi pintura, que ingenua va dando sus primeros pasos. Siento como si lo hubiera conocido de toda la vida. Y ahora que leo su biografía, siento que él también, en su época, fue definido por sus limitaciones, cosa atroz que una sociedad realiza. Pero la cual considero un reto; ya que eso nos hace más fuertes y nos obliga a la autenticidad de nuestra personalidad.
Dejo sonando sólo la idea de este pintor que me da otra vez sentido de vida, que me arranca la emoción precisa para seguir pintando.
Pilar Macuitl
Nuevas identidades en el zoológico.
Identidades en el zoológico.
Recuerdo de un viaje en diciembre..
Entre olor a preguntas
Retratos de Pilar Macuitl, principios del siglo XXI. Ejercicios en diferentes técnicas que ahora son recuerdos de una vida.
--Sin gente. --(Apocalipsis; mientras me acuerdo que mi abuela se está muriendo en el hospital).
Muerte en la playa. Conmemorando fin de año 2015
Jacksito merece un homenaje.