Tiffany estaba sentada frente a su mesa de dulces, literalmente ella se sentía en el paraíso, era feliz y no podía mentir, el hecho de que Franco estuviera en camino lo mejoraba todo, aunque no, definitivamente no pensaba compartir dulces con él. Abrió una paleta y se la metió a la boca, fue justo allí cuando escuchó la puerta de su habitación abrirse y recordó que no la había cerrado como dijo que haría, pero no le dio importancia —Puedes irte por donde viniste, mis dulces son mis dulces— dijo en un tono alto pero gracioso, sabiendo que él escuchaba.











