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@mistikadelmal
(via Violentamente Felices.)Publicado en sexus.cl
Ética
Yo me he elevado hace tiempo
muy por sobre la pobreza
de tu juicio mojigato
de piojo resucitado.
Yo ya rompí las cadenas
de tu magra billetera
de emergente clase media
con valores proletarios.
Yo ya encontré mi camino
a los muy nobles placeres
del amor verdadero que
no somete por la fuerza,
sino que me llena el alma
de una tierna libertad.
Nota al pie
No confundas mi candor con inocencia,
que gané a con mi dolor sabiduría
y aprendí que la verdad nos salvaría
de los juicios de la vida y la conciencia.
Mi descaro no permite las licencias,
de los que se entregan a la habladuría,
pues mentirte, en realidad, solo sería
un insulto a nuestras dos inteligencias.
Ya no estoy para ilusiones juveniles,
ni tu estás para emociones de mentira;
se acabaron ya los juegos infantiles,
pues el corazón maduro siempre aspira
a evitar esos dolores juveniles
y encontrarse con el alma que lo inspira.
Décima del poeta del Facebook
Porque no tenemos foros más decentes,
publicamos poesías en el Facebook;
porque no hay más herramienta que los notebooks,
la palabra se hace apenas elocuente
¡ante tanto ahuevonado indiferente!
Que no quiere sino leerse a sí mismo
en el más irrelevante narcisismo
de los burdos devenires cotidianos,
tan comunes para todos los humanos
y que no son otra cosa que lo mismo.
(c) Arturo Ruiz
Ley del embudo para la Iglesia
Por eso, para la próxima, cómprense sus propios santos a la salida de cualquier iglesia del centro y quémenlos ejerciendo el derecho de propiedad que la ley chilena consagra. Podrán encontrar en cualquier parte imágenes sgradas que podrán profanar por poco dinero y sin que nadie les diga nada.
¿Es que acaso nadie más que yo puede ver el desparpajo de Ezzati al presentar acciones legales por los “desmanes” de la catedral? Es cierto que es lo que haría cualquier institución o particular si sufriera algún tipo similar de incidentes; las profanaciones, independientemente de su contenido religioso, son un atentado a la sacrosanta propiedad privada, que, mal que mal, el ordenamiento jurídico chileno debe proteger porque no le queda otra, aunque debiera también poner por encima de ello al bien común, pero esa es otra historia.
Lo que causa mi indignación es que una institución que está, en la práctica, por encima de la ley, se atreva a invocar a la misma ley cuando necesita protegerse ¿no debería la ley estar al servicio por igual de todos los chilenos, si es que Chile aún significa algo? En los casos de los sacerdotes pedófilos, la Iglesia ha actuado como encubridora sin que nadie sufra por ello ninguna pena corporal. Karadima “cumple sentencia” en un convento en vez de pagar en la cárcel como cualquier hijo de vecino y recibe visitas periódicas de su jefe para velar por su estado espiritual. Si la Iglesia ha sido condenada a pagar ciertas indemnizaciones, podemos estar casi segur@s de que el monto de las mismas al menos se ha duplicado en donaciones que ha recibido de la oligarquía nacional. Casi segur@s, porque la Iglesia no le paga impuestos a nadie, por lo que no necesita tener una contabilidad transparente.
Pero nadie dijo que la vida fuera justa, a no ser que usted crea que la Biblia dice la verdad. Así son las cosas y, según la ley, el curita tiene todo el derecho de invocar esa misma ley para protegerse como si su causa fuera justa y como si pagara los mismos impuestos que todos los chilenos.
Por eso, para la próxima, cómprense sus propios santos a la salida de cualquier iglesia del centro y quémenlos ejerciendo el derecho de propiedad que la ley chilena consagra. Podrán encontrar en cualquier parte imágenes sgradas que podrán profanar por poco dinero y sin que nadie les diga nada. Si tienen el atrevimiento, pónganse en la fila de la comunión y luego escupan la hostia anunciando la muerte de dios, como un Nietzsche cualquiera. Porque así estarán actuando en conformidad con la ley y nadie podrá deslegitimar su protesta por un tecnicismo.
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Soneto resentido
Quiero exterminar al cóndor
y eliminar al huemul;
quiero quemar la bandera
porque soy un comunista,
un roteque resentido,
sin patria, ni dios, ni ley
que en cualquier momento puede
encumbrarse hasta Las Condes
para violarse una cuica
por el puro odio parido,
no por mera calentura,
como un mal nacido abyecto,
corroído por la envidia
de la ISAPRE del patrón.
Aborto: yo decido
No creo que yo tenga el deber de ser madre solo por seguir los dictados de un dios inexistente representado en la tierra por lacayos ingenuos, pusilánimes, homosexuales o pedófilos. Pero esa soy yo, adulta, universitaria y libre de supersticiones y no una menor de edad que además de sufrir los celos de su madre en la competencia por el deseo de un hombre que bien poca cosa, sufre también de la falta de recursos para escapar de la incomprensión de las leyes escritas en piedra por la manos de legisladores ignorantes.
Penetra en mí en estos días una indignación que se mezcla con el temor más profundo: me aterra y me indigna que una criatura no nata sea más importante que una niña abusada por un padrastro a quién su madre defiende diciendo que la niña había consensuado la relación. Me aterra y me indigna que el payaso que tenemos por presidente, el mismo de los bonos por el tercer hijo, felicite a la pobre niña ante el ridículo mundial, a una niña que cree que al final de su embarazo le darán un muñeca… todo esto me aterra y me indigna, pero nada de esto debiera sorprenderme y de hecho, no lo hace.
Me aterra, pero no me sorprende que las fuerzas conservadoras de la patria apuesten por la vida inocente del nonato, antes que la vida inocente de la niña nacida. Me enfurece, pero no me sorprende oírles hablar de la dignidad de la vida humana, la misma que no tienen reparos en pisotear una vez nacida y de la cual tampoco se harán cargo una vez que nazca –a no ser y acaso con su condescendiente caridad cristiana. No me sorprende ya que habíamos escuchado de la noble y profunda doctrina de prestar el cuerpo, de las encíclicas papales y en fin, todas esas cosas.
Me aterran y sí me han sorprendido los apresurados juicios de la gente de la calle, de las mujeres de la calle sobre todo, a las mujeres –y hombres también– que con ocasión de la tragedia de Belén han querido poner sobre el tapete y defender el derecho al aborto y no solo al aborto terapéutico, sino del aborto voluntario, en una sana y desarrollada defensa de los derechos reproductivos. He leído a un comentarista falócrata recalcitrante, y completamente inconsciente de su falocratismo, comparar a una mujer que aborta con Hitler, como si el Führer hubiera tenido a los seis millones de judíos en su vientre.
Las vestiduras se han rasgado y los fariseos cristianos, e incluso algunos fariseos laicos, han cantado las lamentaciones por la muerte de todos los niños nonatos que han perecido a manos de mujeres irresponsables que tenían el deber impuesto, sino por dios, por la naturaleza, de amar a las criaturas en su vientre. Lo han hecho como si nadie supiera que de la clase media para arriba, si es que queda algo de la frágil clase media, el aborto en Chile es legal cuando lo hace algún médico amigo, o por último, más arriba en el escalafón social, se hace en países que no ponen problemas y que han evolucionado hasta el punto de entender que, mal que mal, la dueña de la incubadora tiene el derecho de decidir si incuba.
He visto a mujeres defender su maternidad soltera y esforzada y sin duda las he admirado, pero me han llenado de horror en el punto en que han dicho que su heroísmo es deber para todas las mujeres de la tierra, porque ese es el mandato que les ha dado la naturaleza y han decidido escucharlo; mi admiración se ha tornado en espanto cuando han dicho que cualquier mujer que se embarace debe asumir la carga por el resto de su vida y sin ningún derecho a elegir ¿porque cada polvo es solemne, grave y sagrado?
Belén es de alguna manera todas las mujeres, incluso las tontas viejas con título universitario, porque desde el momento en que se embarazan, su mayoría de edad, la erudición que hayan podido alcanzar, su derecho a decidir sobre sus cuerpos y su responsabilidad moral es decidida por otros, por gente con pene en su mayoría, pero no seamos injust@s, porque la Ena Von Baer, por ejemplo, no tiene ningún pene, pero se opina igualito un inquisidor del siglo XVI con su doctrina del préstamo del cuerpo.
Tal vez convenga saber, por ejemplo, que muchos de los óvulos fecundados –o embriones– no se anidan el útero y desaparecen sin dejar la menor huella en la mujer supuestamente embarazada. También conviene saber que en un tratamiento de fertilidad a una mujer le implantan entre tres y hasta cinco embriones con la esperanza de que uno solo logre acomodarse en la caprichosa matriz. Sin embargo, la porfía supersticiosa cristiana y especialmente católica nos quiere hacer creer que ya desde este momento son seres humanos completos y con derechos inalienables.
En lo personal yo no creo ni estoy dispuesta a sacrificar una vida presente por una vida potencial porque simplemente no creo que ello sea correcto, ni tampoco estaría dispuesta a sacrificar mi vida por el resultado de una noche en que una pasión intrascendente me haya llevado a correr los riesgos que todo el mundo conoce. No creo que yo tenga el deber de ser madre solo por seguir los dictados de un dios inexistente representado en la tierra por lacayos ingenuos, pusilánimes, homosexuales o pedófilos. Pero esa soy yo, adulta, universitaria y libre de supersticiones y no una menor de edad que además de sufrir los celos de su madre en la competencia por el deseo de un hombre que bien poca cosa, sufre también de la falta de recursos para escapar de la incomprensión de las leyes escritas en piedra por la manos de legisladores ignorantes.
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Aclaración
Mi crítica es específica contra la homosexualidad en el clero que es una hipocresía mayúscula y no contra la homosexualidad ejercida en privado o público por laicos. Yo misma soy bisexual, lamento no haber dejado claro ese punto en mi columna.
El cerdo fascista interior
Hace demasiado tiempo que estamos acostumbrados a la violencia. Supongo que fue producto de la dictadura que trataba a sus enemigos de comunistas, como si ser comunista fuera incompatible con ser humano y fuera, como dijo el almirante Merino, ser un humanoide. La dictadura pasó, pero con ella no se fueron los discursos totalizantes y absolutos. La violencia no tiene que ser física, a pesar de que casi semanalmente algún estudiante inocente que se atreve a soñar es golpeado por Carabineros en su rol de policía política. Pero no vengo aquí para criticar a la policía. Más que crítica, la policía requiere de procesos judiciales y de reformas de fondo que son responsabilidad del poder.
La violencia que me ocupa hoy es la violencia entre nosotros, los ciudadanos simples y de a pie, también conocidos como la sociedad civil. Es tan grave y violento el hecho de que un niño sea golpeado por Carabineros como el taxista que dice que los golpes están bien para que los “cabros” se dediquen a estudiar en vez de andar “hueviando” en cuestiones que “no les corresponden”. La autoridad política es por definición el monopolio del uso de la violencia, pero esta violencia solo debe aplicarse en casos calificados. Si pensamos que la violencia es un modo válido de resolver diferencias políticas dentro de una nación, ¿cómo podremos criticar a Carabineros cuando sus lumas caigan injustamente sobre nosotros? Si no desterramos la violencia de la sociedad civil, no tendremos autoridad moral para defendernos de la violencia omnipotente del Estado cuando caiga sobre nosotros.
Este es el pequeño cerdo fascista se ha instalado entre nosotros y dentro de nosotros. Mientras generalmente somos tan dulces y tiernos que rehuimos la confrontación cara a cara, porque en todas las reuniones sociales todos estamos de acuerdo y somos encantadores, el cerdo fascista interior se activa en algunos entre nosotros y murmura odio y eliminación de cualquiera que no esté de acuerdo con nosotros. No voy a decir que piense igual que nosotros, porque un verdadero pensar es un ejercicio demasiado complejo para la gran mayoría de la humanidad. Así, por ejemplo, los “mocosos” que protestan están bien torturados por Carabineros, los homosexuales deben ser marginados por ser una enferma lacra social, sin importar que sus contribuciones a la sociedad sean en mucho casos superiores a las de aquellos supuestamente sanos.
El cerdo fascista interior se reconoce por querer imponer su regla a los demás independientemente de la convivencia social. Así, por ejemplo, no afecta a la convivencia social el hecho de que dos personas del mismo sexo que viven juntas como un matrimonio efectivamente se casen, pero el cerdo fascista interior dice estar en posesión de la verdad y algo como el matrimonio homosexual viola una normalidad y una realidad que existen solo en su mente, porque lo verdaderamente real y normal es que existan diversas formas de sexualidad, pero el cerdo fascista no lo sabe porque no quiere saberlo. Asimismo, el cerdo fascista interior condena a quien quiera legalizar la marihuana llamándolo drogadicto, mientras en los mejores lugares del país se considera elegante beber un whisky que cuesta caro en el mercado legal por ser un producto de lujo. Para el cerdo fascista el whisky es más aceptable simplemente porque lo conoce y la marihuana es un demonio desconocido que usa gente de otra clase, aunque la consuman en secreto muchos de sus amigos y compañeros de trabajo.
Al cerdo fascista interior no le interesa si las acciones de los demás tienen consecuencias para su vida o no, le interesan ciertos “principios” que curiosamente no es capaz de enumerar al ser consultado por ellos, pero los considera obvios, claros, consensuales y generalmente revelados por un dios en una Biblia que jamás ha leído, pero que de todas maneras conoce perfectamente. Si el cerdo fascista llega a sufrir la más mínima incomodidad por alguien que se haya atrevido a cuestionar el orden social, como un desvío del tránsito por una marcha, por ejemplo, se pondrá a sí mismo como ejemplo de una persona trabajadora y decente y supondrá ser la víctima de todos aquellos que piensan distinto y que, por ende, no son ni decentes ni trabajadores.
Pero no recordará este cerdo fascista interior que muchas de las libertades que para ella o él son derechos básicos fueron conquistas ganadas con sangre por antiguas generaciones de revoltosos. Tal vez nunca puso atención en alguna deficiente clase de historia y tal vez verdaderamente no lo sepa. Se olvidará que alguna vez algo tan simple como el divorcio era considerado una perversión y que los anticonceptivos aún son considerados una puerta al pecado por la Iglesia Católica. Este fascista interior entiende claramente en la diferencia de opinión debilidades del carácter, presiones de grupo o traumas producto de la separación de los padres. Para el fascista interior, esas cosas son obvias porque la realidad se explica de manera simple, con una causalidad lineal y unívoca. Para el fascista interior no hay nada como un matiz y por eso se siente con derecho a insultar, porque sus insultos para él o ella no son insultos, sino una mera expresión de LA VERDAD. Porque este fascista interior estará feliz con que las cosas no cambien para que no alteren la comodidad de su visión del mundo y porque esa visión del mundo es más preciada que la vida o el bienestar de los que piensan distinto.
Verde que te quiero verde; mi experiencia marihuanera
No conozco a nadie que nunca haya fumando marihuana, la mitad de mis amigos aún lo hacen. Todos tiene trabajos, vidas personales, hobbies y en general todo aquello que caracteriza una vida sana. No conozco a ningún adicto a la marihuana, pero sí conozco a gente alcohólica y a fumadores de tabaco capaces de arriesgar sus vidas a las cuatro de la mañana para ir a un punto de venta de cigarrillos.
No cuento este detalle en mis memorias. No dejé de hacerlo porque fuera un secreto, sino porque me pareció irrelevante, accesorio y de perogrullo: yo fumé marihuana. Comencé a hacerlo en tercero medio porque muchas de mis compañeras lo hacían. Al principio porque tenía un airecillo de transgresión y después porque simplemente me gustaba. Terminé tranquilamente el colegio, entré sin problemas a la universidad y los pitos fueron mis compañeros fin de semana por medio, hasta que su consumo se fue espaciando hasta desaparecer.
Dejé de fumar alrededor de los treinta años. El agradable efecto de la hierba se combinó con un efecto somnífero que me hacía dormir temprano y me obligaba a cortar las conversaciones y otras acciones más interesantes, y a mí siempre me ha gustado la noche, no la noche cabaretera ni discotequera, sino la noche íntima de los diálogos interminables. Me perdía la diversión, la fiesta, el ágape, la conversación y a veces hasta el sexo, por eso dejé de fumarla. No fue una decisión difícil, no quiero decir que soy una chica de gran fuerza de voluntad. Fue un simple “no gracias” la siguiente vez que corrió la “cola” entre los amigos del grupo y sería: nunca más.
No conozco a nadie que nunca haya fumando marihuana, la mitad de mis amigos aún lo hacen. Todos tiene trabajos, vidas personales, hobbies y en general todo aquello que caracteriza una vida sana. No conozco a ningún adicto a la marihuana, pero sí conozco a gente alcohólica y a fumadores de tabaco capaces de arriesgar sus vidas a las cuatro de la mañana para ir a un punto de venta de cigarrillos. De mis amigos ex fumadores de marihuana ninguno requirió ayuda psiquiátrica, ni psicológica ni fármacos. Mis amigos ex fumadores de tabaco son otra historia, pero el tabaco es legal, mientras que la marihuana carga con el más terrible de los estigma legales, aunque no sociales. Al menos entre la gente con la que yo me junto, la marihuana circula libre. Claro que bien puede ser que mis círculos sean demasiado alternativos.
Tal vez sea el momento de ponerme medio Salfate y suponer teoría de conspiración, porque lo que sí sucede con todos los fumadores o ex fumadores de cannabis es que cuestionan el sistema, viven con menos ansiedad, consumen menos televisión y consumen menos en general, restándose al movimiento consumista que mueve nuestra economía. Mis amigos cultivan su propia hierba, con lo que su afición no sirve a ningún propósito comercial, como sí sucede con mis amigos adictos a los buenos vinos o a los buenos whiskies, quienes deben satisfacer su necesidad comprando en el comercio establecido.
Cuando era niña, mi profesora de biología nos hablaba del “síndrome amotivacional” como uno de los terribles peligros de la marihuana: los “volados” no hacen nada, se quedan ahí tirados mirándose el ombligo mientras la vida pasa a su alrededor. La única falta de motivación que veo en los “volados” es la falta de motivación por consumir en las tiendas de retail, porque sí los he visto motivarse ante un poema de Baudelaire y conmoverse ante la visión del cielo estrellado; algunos llegan a extremos místicos sin la necesidad de ningún pedófilo encubierto o de un encubridor de pedófilos. Tal vez esa indiferencia al sistema de creencias comúnmente aceptado también sea un problema para ciertos minoritarios, pero poderosos sectores.
Mientras, sigue el debate con los fascistas, porque una concepción tan totalitaria que no permite el consumo de una substancia relativamente inocua, mientras permite el consumo de tabaco y alcohol, es necesariamente fascista. Hace mucho tiempo que abandoné el colegio, pero hay quienes todavía quieren que Chile se parezca a un liceo en donde todos vistan uniforme y le teman a la inspectoría general.
Son los mismos que nos dicen cómo debe ser el matrimonio y cómo deben ser las familias, que justamente coinciden con el modelo de sus matrimonios y sus familias, al mismo tiempo que nos permiten consumir lo que a ellos les gusta, alcohol y tabaco, mientras que le prohíben a otros lo que quieren consumir y disfrutar. Discutir con ellos ha sido un paso adelante, pero el paso siguiente sería ignorar a aquellos que simplemente quieren moldear una sociedad homogénea y desigual y comenzar a formar una sociedad diversa e igualitaria, en el que cada quien haga sin molestar a nadie lo que se le antoje ¿o es que eso sería libertinaje?
Algunas razones para tener en mente al momento de escoger entre la chica del bar o la de la biblioteca, la del maquillaje corrido o la del morral repleto de libros.
Placer y derechos politico sexuales
No soy o no era una persona política. Mi participación en el mundo de los intelectuales no era más que un montón de poemas y cuentos eróticos con una sensualidad ambigua que a mí por lo menos me gustaba y que otras personas parecían apreciar; era una diletante que se coló al mundo de los poetas. Un querido, muy querido amigo fue el responsable de este cambio. Insistía en la Internet 2.0, en usar las plataformas virtuales ciudadanas como una nueva voz y etcétera. Le hice caso y tenía razón; así nació Místika del Mal en Twitter y así nacieron la página web, las memorias en amazon.com y todo el juego que siguió.
Me gustaba mi nueva personalidad, la libertad que me dio el pseudonimato, el poema prestado del que a su vez me robé mi apellido ficticio, el sitio web que graciosamente me ayudaron a construir y sobre todo el Twitter en donde, salvo por un par de suspensiones, todo fluía poética y eróticamente, mientras Místika seducía a hombres y mujeres de una manera que yo misma no hubiera sido capaz… sin embargo, allí fue donde leí las primeras voces de la represión.
Había mujeres y hombres, sobre todo hombres que me aleccionaban con un tono aprofesorado acerca de dios, la patria y de la legitimidad excluyente de la heterosexualidad –aunque por cierto que no usaron esa expresión. Dijeron que no tenía derecho a insultar a su dios, a hablarle a la monja misionera @xiskya y amenazaron con acusarme a la invisible autoridad virtual de los mundos electrónicos; dijeron muchas veces que solo quería llamar la atención, siendo que no hago sino ocultarme bajo una personalidad ficticia. Ay de mí si me pronunciaba a favor del aborto, el matrimonio igualitario y la sexualidad libre; ay de mí si me atrevía a negarles a su dios.
Por cierto que este tipo de opiniones no fue la mayoría, al menos no la mayoría en mi timeline. Pero fue aquí en donde me topé por primera vez en décadas con los valores tradicionales que yo creía reservados para una minoría fanática del Opus Dei. Como saliendo de una burbuja, supe que había organizaciones protegiendo eufemísticamente a la familia, pero solo a una clase de familia y protegiéndola de personas como yo. Afuera el mundo seguía igual que antes. Era yo la que me había aislado en un mundo privado de amigos, de personas libres como una y, sin embargo, tampoco éramos tan libres. Así como alguna gente honesta del barrio alto se queja de que debe vivir tras las rejas, así nosotr@s mism@s vivíamos aislados en un círculo privado, mientras que afuera acechaba un mundo conservador rápido en sus juicios y condenas, acechando incluso en un trabajo en el que debo fingir ser quien no soy, en una doble vida que ya no debiera existir y que, sin embargo, todavía existe. Creo que hago mi trabajo razonablemente bien, pero si además no aparento ser una persona común y corriente y no hago como que no tengo opiniones “radicales”, perdería mi empleo. No tengo la fuerza, sobre todo no tengo la fuerza económica para dar la cara siendo quien soy.
Yo solo quería dar a conocer mis memorias, mostrar una parte de mí misma que no puedo mostrar así tan suelta de cuerpo, excepto a mi círculo íntimo. También quería rodearlas de encanto y llegar a un público más extendido, pero mi presencia lúdica reveló que hay quien teme como a la muerte al sexo y sobre todo, que hay quien teme como a la muerte a una mujer con opiniones firmes que no imita a los hombres con un terno con falda, como los que usan las mujeres en el congreso, la oposición y el gobierno. Muchas de las así llamadas mujeres poderosas lo hacen a costa de negar su feminidad, su derecho al placer, al menos eso es lo que hacen en el imaginario. La mujer seria se ve masculina, caballera, pero no lésbica, sino más bien asexuada. Las personeras de la derecha incluso son capaces de negar los derechos reproductivos de otras mujeres, como la alemancita que prestaba el cuerpo para cualquier cosa menos para gozarlo o que fuera gozado –no he sabido que ella sea una esposa santa con más de ocho hijos como quería Escrivá de Balaguer, por lo que asumo que todo es pura hipocresía.
Así fue como mi inocente juego erótico de bonoba se transformó en una lucha medio política, algo que solo podía pasar en una sociedad reprimida y represora como la nuestra en la que se protege la vida del que está por nacer, pero el nacido está condenado a rascarse con sus uñas desde el momento en que nace. El juguete que era Místika del Mal cobró vida y emite las opiniones que ahora me doy cuenta que no se pueden emitir así tan libremente, no en un país como este. Pero con todo, no soy una luchadora por causas, sino una persona tremendamente individualista, medio solitaria y que simplemente goza de sus placeres sola o acompañada… no han sido precisamente la compasión ni la preocupación social las que me llevaron a este tipo de columnas, sino el haberme dado cuenta del hecho de que mi felicidad individual exige necesariamente una sociedad más libre. Cuando entendí esto, supe que cada orgasmo confesado todavía es una reivindicación política y entonces me di cuenta de que confesarlo era la única manera de ganar la libertad.
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Sexualidad, raza y clase: hacia una auténtica igualdad
¿Qué tienen que ver los mapuches, la educación gratuita para todos, el matrimonio igualitario, el aborto y también un poco la masturbación? ¿Hay acaso alguna maligna tendencia en esta autora – que ha hecho del mal su nombre – que quiere obligar a sus lectores a mezclar peras con manzanas? Existe algo que hermana a las condiciones étnicas, sociales y sexuales: el hecho de ser condiciones. Una condición es algo que escapa a nuestro control, algo dado por el entorno, la naturaleza o la biología, algo que no podemos cambiar.
A riesgo de parecer redundante, la condición condiciona, es decir controla aspectos de nuestra vida limitando nuestra libertad. Muchas de estas condiciones son invisibles y parecen incluso ventajosas, como por ejemplo la condición de hombre, heterosexual, blanco e hijo legítimo de buena familia. Sin embargo, a pesar de todas las ventajas que tales condiciones acarrean, esas condiciones no son mérito de la persona que padece dichas condiciones. Una condición siempre se padece, es decir el sujeto condicionado es pasivo con respecto a las condiciones que actúan sobre él, no importa que dichas condiciones puedan ser ventajosas. Una condición es algo que nos pasa sin que tengamos ninguna responsabilidad en ello.
Por supuesto que existen otras condiciones como no ser blanco, no ser hombre, no ser hijo legítimo de una buena familia, no ser heterosexual. Estas condiciones tampoco han sido elegidas por quienes las padecen. Aparte de las mujeres transexuales, nadie ha elegido ni ser mujer, ni vivir condicionada por un ciclo mensual, ni tener la capacidad de reproducirse. Es cierto que la gran mayoría de las mujeres abraza su condición con alegría, sin embargo, dicha condición sería casi imposible de sobrellevar sin métodos de control de la natalidad o tratamientosde hormonas para la menopausia. Las mujeres vivimos más que los hombres, pero esto es un fenómeno relativamente nuevo: las cifras del siglo XIX mostraban un panorama bien distinto y era aún peor en la Edad Media.
La mujer contemporánea goza de libertades que no soñaron nuestras abuelas, sin embargo, la gran mayoría aún dista mucho de alcanzar los mismos privilegios de la condición masculina. En Chile el aborto es un tema tabú y a la mujer que se atreva a mencionarlo la tratan prácticamente como si fuera una infanticida, siendo que una semilla no es un árbol ni un embrión es un bebé. Mientras no se alcance esta meta, la mujer no tendrá el mismo control sobre su cuerpo que tienen los hombres y estaremos siempre en desventaja. Para qué hablar del deseo sexual: toda madre, hija o hermana es virgen en este país; confesar que una se masturba es sinónimo de ser alguna especie de prostituta, por mucho que una se masturbe por amor al arte y no por dinero.
Un estudiante de colegio pagado, que además se sienta al lado de los futuros gerentes, ministros de Estado y, en general, de los futuros líderes de su país es muy diferente a un estudiante de colegio fiscal, que no sabe si podrá quedar en alguna universidad decente y que en el caso de poder entrar, él y su familia deberán realizar malabares inimaginables para poder pagar los costos estratosféricos de la educación superior en Chile. Sin educación superior, es prácticamente imposible vivir en el siglo XXI. No se puede hablar de ninguna justicia en este contexto.
Una persona que ha tenido la mala suerte de que su alma gemela sea otra persona de su mismo sexo no podrá aspirar al mismo trato que las personas llamadas ‘normales’. Para empezar, pese a que todos los manuales de enfermedades mentales dirán que esta persona es tan normal como cualquiera, la sociedad y, lo que es más grave, la ley dirá que esa persona no es normal, que no tiene derecho a convivir bajo el régimen de sociedad conyugal y que su depravada forma de vida solo podrá ser cobijada por un acuerdo de vida en pareja, es decir por un contrato menor que vuelve su sexo ilegítimo y de menor valor que el sexo de las personas heterosexuales. Estas personas no podrán adoptar hijos, pese a que los hechos han mostrado claramente que un hijo criado en una familia es mucho más feliz y adaptado que uno criado en la mejor institución para huérfanos. La ley no les reconoce el status de familia. Si se las arreglan para formar una familia biológica, esta familia será discriminada por su entorno social, al punto de que los padres de los otros niños no permitan que sus hijos vayan al cumpleaños del niño cuyos padres son del mismo sexo. Supe de este caso en particular.
No creo necesario seguir con el caso de las personas de raza no blanca, pero sucede que ocurren una serie de injusticias al no reconocer las diferentes condiciones de cada grupo de individuos. Si existe algún fin de la sociedad, este es mitigar el efecto que dichas condiciones tienen sobre nosotros y darnos a todos un punto de partida más o menos igual en una lucha no demasiado dura por una vida medianamente digna. Una sociedad que no cumpla estos fines, no es más que un conjunto de esclavos destinados a servir a unos amos que no tienen ningún mérito, salvo el haber nacido bajo mejores condiciones. Por ello, toda rebelión ya sea de género, de tendencia sexual, de clase, gremial o étnica es, finalmente, la misma rebelión en busca de la igualdad y, por ende, una rebelión que compete a todos aquellos que sienten que se ha mirado en desmedro a alguna de sus condiciones. Los derechos de la mujer, por ejemplo, no compiten con los derechos de los estudiantes, de los trabajadores o de las minorías étnicas o sexuales. Toda lucha por la igualdad, es una lucha por la igualdad de todos y todas nos acercan a ese fin que es una vida más generosa para todos y que espero que no sea una utopía.
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Disfruta mis Memorias
Expresión emocional histérica
A "tere" Marinovic
Fascista de tomo y lomo que cree que solo los blancos de clase alta tienen derechos y que el resto les debemos sumisión incondiconal. Basura inmunda que contaminas la existencia con tu aire de superioridad injustificada y tu atrevimiento a tocar un teclado. Sabe que ser heterosexual no es ninguna virtud y sabe también que tu pensamiento jamás será filosofía. Aprende que formas parte de una lacra del pensamiento que no tiene cabida en ningún país desarrollado, salvo entre los fascistas católicos y xenofóbicos de las barriadas pobres de la vieja Europa, o entre la lacra serbocroata que alguna vez se masturbó pensando en el führer, soñando con matar judíos y traicionando a su pueblo oprimido. Tú has rebajado a la lealtad conyugal a la altura de la prostitución y lo digo con todo el respeto que me merece la mujer que vende su cuerpo porque no le queda otra. Tú has llenado de espanto a todas las mentes libres, ofendido a todos los espíritus sensibles, pero tu mujido de vaca vieja no llega a mancillar ni la pureza del amor libre ni la prístina justicia del deseo. Tú obedeces solo a tu vocación frustrada de policía del pensamiento, de agente de la DINA o de anuro de la CNI. A tí ni el más talentoso payaso podría parodiarte, porque ya eres tu misma una parodia absoluta de ti misma y de esos sentires a los que les das el inmerecido nombre de ideas. A ti te imagino dejándote dar toqueteos lésbicos de la Ena Von Baer, así como las rameras serbocroatas se vendieron a los alemanes por trozos de pan y atención. Sin embargo, mi repugnancia corrige a mi imaginación pensando que solo encuentras placer en hombres uniformados ya sea con vestimenta militar o el terno carísimo de la gerencia. A tí te veo claramente jadeando de placer en frente del dictador al que seguro llamaste "tata", y soñando con recibir sus caricias ensangrentadas. Suelta el computador y deja de teclear estos insultos a la inteligencia, porque una parte de mí no puede evitar dolerese ante tamañas barbaridades, por mucho que provengan de un espíritu ajeno a la compasión y cegado por la riqueza depravada de la clase alta chilena, a la que te encantaría pertenecer. Deja de hacer uso de tu derecho a la libertad de expresión y guarda consecuencia con la gente que alguna vez dijo lo mismo que tú, porque ese derecho es una conquista ganada con sangre precisamente contra la gente como tú. Deja de llenarnos de horror al recordarnos que todavía hay gente que piensa como en dictadura y que en el fondo de sus corazones desean más que nada soltar a las hordas de sus soldados para que nos maten a todos de Tobalaba para abajo y que dejen vivos solo al personal de la servidumbre que esté debidamente uniformado. Tere, ten piedad de nosotros... Tere, ten piedad de nosotros... Tere ten piedad de nosotros...
Por qué solo nos queda el mal
Muchas personas me han preguntado porqué del Mal es mi apellido ficticio. Solo puedo decir que en este país las personas de bien se cierran, por ejemplo, ante el aborto terapéutico, que es una medida de literalmente sano sentido común: es absurdo permitir un embarazo que está destinado a un término abrupto o a una tragedia interminable.Solo el pensamiento mágico de la gente de bien de derecha se atrevería a dejar este tipo de cuestiones en manos de una entidad tan caprichosa como un dios (no es un error, no escribo nunca ‘dios’ con mayúscula porque no es realmente un nombre propio), el Hada de los Dientes o los unicornios rosados. La gente debien tampoco está de acuerdo en legalizar el matrimonio igualitario, cualquier señal que den en este sentido nos más que cosmética, instrumental y finalmente falsa. Solo miren a la Fundación Desiguales.
La procreación consistirá́ en una formalidad anual como la renovación de la cartilla de racionamiento. Suprimiremos el orgasmo. Nuestros neurólogostrabajan en ello. Escribía Orwell en su 1984. Por suerte esto no es posible, porque de serlo, la gente de bien de la derecha ya habría implementado un plan para extirpar ese tremendo flagelo a la salud pública y Allamand ya hubiera ofrecido un bono para canjearlo en los hospitales de Mañalich o en las clínicas privadas de la gente de bien.
La gente de bien ha llegado a casi prohibir fumar. Me parece genial que le hagan difícil la vida a los fumadores, sin embargo, no parecen bien los motivos de la gente de bien para hacerlo. De hecho me recuerdan a la madre directora del colegio de mi pueblucho natal, cuando nos prohibió fumar incluso fuera del colegio si vestíamos la insignia de las Hermanas de Mitilene (nombre ficticio que le doy a mi establecimientoprivado de niña bien en mis memorias). Como a la madre directora, a las personas de bien no les preocupa la salud, sino que sienten la necesidad de mantener controlado hasta en los más mínimos detalles al populacho, o sea todos los que vivimos de Tobalaba para abajo y que no formamos parte de su distinguida clase de gente buena.
La gente de bien no quiere distinguir entre semillas y árboles ni entre embriones y bebés, pero a la gente de bien le gusta distinguir entre niños morenos y rubios o pobres y ricos. Así, permitir el aborto, aunque sea terapéutico, o el matrimonio entre personas del mismo sexo, sería inaugurar una era de un trato realmente igualitario entre las personas. Si las mujeres que abortan son iguales a las mujeres de bien, si los matrimonios entre personas del mismo sexo son iguales a los matrimonios heterosexuales ¿qué les daría a ellos la superioridad y autoridad moral que ellos creen tener para seguir siendo la clase dominante? No les importa quenadie más se los crea, ellos se lo creen y a pesar de que disponen de los mejores medidores de opinión pública, ellos todavía creen que el público cree lo mismo que ellos: esa es la naturaleza irracional de la fe de la gente de bien, ellos creen que la desigualdad está bien.
Por estas y otras razones, la agenda por la libertad sexual nunca será transversal, así como en los Estados Unidos la agenda del movimiento por los derechos civiles tampoco nunca lo fue, para dar un ejemplo. Es cierto que hoy mostrar racismo es un pecado social en las clases educadas del país del norte, pero ello no se logró con ningún acuerdo transversal, sino que fue una conquista de los movimientos sociales de izquierda de los sesenta, una conquista contra la gente de bien.
Se equivocan quienes piensan que desde la derecha o desde dentro del mundo de la gente de bien puede lograrse algún cambio hacia una mayor equidad; la gente de bien no quiere eso porque para ellos la equidad no es buena. El mismísimo Allamand, otrora el bastión de la así llamada derecha liberal, propuso dar un bono antiaborto. Las personas de bien no aceptarán nada que acerque a los chilenos a un trato igualitario, menos los derechos reproductivos y la igualdad sexual, al menos no para las clases bajas, porque los ricos son capaces de comprar cualquier cosa legal o ilegal, en Chile o en el extranjero. La transexual rica se transforma en mujer cuando se compra su vagina y sus senos, mientras que a la pobre no le queda más que ser un travesti. Cada homosexual que ellos presentan como aceptable es en realidad un obstáculo para quienes no se parecen a esos homosexuales hombres, blancos, limpios, cuicos y masculinos ¡ay del afeminado, del travesti o de la loca perdida! La mujer lesbiana parece ser para ellos un mito, porque no existe. Cada una de sus multíparas mujeres de bien es un recordatorio de que cualquier mujerque no tenga ocho hijos no es santa, y si no es santa es, por ende, una mediopelo y medio puta.
Las personas de bien son capaces de perder los gobiernos antes de dar sus brazos a torcer, después de todo no necesitan cargos públicos para gobernar este país, que ahora es atendido por sus propios dueños. Nunca entenderán que no les creemos ni les queremos y si llegan a entenderlo, pensarán que somos siempre una minoría de inútiles y subversivos. Sin embargo, tenemos que entender que las reivindicaciones sexuales, económica, sociales, étnicas y educativas son todas partes de un mismo paquete que pide grito una sola cosa: igualdad. La lucha es siempre lucha de clases, el desprecio de la gente de bien por el otro en cualquier momento sevuelve el desprecio contra ti. Un día son las mujeres a quienes se les niegan sus derechos reproductivos, otros día los mapuches a quienes les niegan sus reivindicaciones ancestrales, otro día las minorías sexuales, otro día los trabajadores, otro día las pymes o cualquiera menos los grandes empresarios. Pero la gente de bien nunca querrá que veas la opresión del otro como la posibilidad de que tú mism@ seas oprimid@. Por eso es que para ellos hay que dividir, enfrentar a unos contra otros. No sea que de pronto, la suma de esas minorías se vuelva mayoría, por eso es que para ellos hay que mantener vivo el racismo, la homofobia, el machismo y la discriminación en general. No sea que hombres y mujeres terminen la guerra de los sexos y se concentren en la lucha de clases, no sea que chilenos y mapuches se den cuenta de que los subyugan los mismos patrones, no sea que héteros y homos se den cuenta de que a los dos los arriendos les cuestan lo mismo y que tienen que trabajar igual para pagarlos. No sea que por fin nos demos cuenta de que el enemigo no está al lado, sino en la cúpula; no sea que entendamos finalmente en qué se trae entre manos la así llamada gente de bien.
Comentarios en el Quinto Poder
Sexo mentiras y consensos
Entre los siglos V y IV antes Cristo, cuando los siglos iban al revés, Diógenes de Sínope solía masturbarse en público en Atenas. Su comentario era “ojalá el hambre se quitara sobándose el estómago”.
En 1948 mucho antes de que yo y mucha de la gente que me comenta naciera, Alfred Kinsey publicó su libro Comportamiento sexual del hombre. En este libro se supo por primera vez que muchos hombres se masturbaban y tenían lo que él llamó discretamente “reacciones sexuales” ante personas del mismo sexo. En 1953, Kinsey publicó Comportamiento sexual de la mujer. Los resultados fueron similares. Las razones para hacer primero un libro sobre hombres eran que se consideraba descortés e inmoral hacerle ese tipo de preguntas a las mujeres.
Kinsey fue vital para que la comunidad científica revisara lo que hasta entonces había sido considerado “normal” por las academias y centros de investigación. A él, y a muchas personas más, por supuesto, se le debe que en 1973 la homosexualidad halla sido sacada del famoso DSM [1] (por primera vez del DSMII) y de la lista de enfermedades mentales de la OMS en 1990. También gracias a él la masturbación dejó de ser considerada una conducta desviada – ¡bendito sea!
Antes de Kinsey, el problema en los Estados Unidos era que la gente pensaba que era “mejor no hablar de ciertas cosas”, como hubiera dicho Luca Prodan. En ese contexto, muchas personas ocultaban sus verdaderos sentimientos e inclinaciones sexuales. Kinsey liberó a los Estados Unidos del silencio sexual haciendo que las personas respondieran cuestionarios de forma anónima y de esa forma las personas pudieron responder sin temor al estigma.
La comunidad científica de los tiempos de Kinsey no estaba sorda, el problema era que nadie más hablaba del tema. En este orden de cosas, las afirmaciones de la moral tradicional, validadas por la costumbre, el statu quo y el silencio parecían lo normal y no se sospechaba que podía haber alguna necesidad de cuestionarlas. A falta de un Diógenes que se masturbara en público, bueno fue un Kinsey que condujo el primer estudio serio sobre la sexualidad humana.
En nuestra larga y angosta faja de tierra, como dice la gente que se apega a las imágenes del pasado, no se puede hablar, no se puede discutir y no se puede mostrar disenso. ¿Habrá sido aquello siempre así o es solo una consecuencia de la dictadura de Pinochet? No conozco los orígenes de este respeto obligado por la así llamada opinión general, solo sé que me ha tocado vivir con ello toda mi vida. En mi trabajo todos “somos” católicos. La gente presume de sus comidas marítimas de semana santa y muchas veces de sus momentos de reflexión y recogimiento. Algunos incluso presumen de no comer pescado y de llevar una devoción más auténtica… ¡pero qué sé yo de eso! La gente sabe que yo no soy “muy” creyente, pese a que muchas veces me he definido como una persona sin religión. Eso es más aceptable que mi sexualidad. Aún así las personas que esperan que reflexione al mismo tiempo que ellos y que en lo posible llegue a las mismas conclusiones que ellos vuelven a encontrar correctas todos los años. Muchas personas dicen que en estos días se liberan del flagelo del consumismo, mientras compran pescados y mariscos sobrepreciados y yo compro carne a mitad aprecio.
Kinsey habló de sexualidad y dejó claro que la realidad era muy distinta de lo que era entonces la opinión general. Yo tengo la sospecha de que muchas de las normalidades de esta sociedad nuestra, muchos de los acuerdos y muchas de las obviedades en moral no se deben sino al silencio. Es por eso que se me ocurrió hablar y decir que yo me masturbo, que como carne en el viernes santo y que, en general, no camino con el mismo paso del resto de los chilenos a no ser que mi sobrevivencia, o sea mi sueldo, dependa de ello. Yo no tengo los recursos ni intelectuales ni logísticos de Kinsey, pero sí podría ser una de las personas que llena el cuestionario y que con sus respuestas cuestiona lo tenido por normal, por sano y por bueno.
Sin embargo, no hay nadie en ninguna parte tomando esos cuestionarios. No al menos que yo sepa y lo más parecido que alguna vez tuvimos a Kinsey fue al “Rumpi” con su “Chacotero Sentimental”, a quien no por su falta de rigor científico – nunca el “Rumpi”dijo tenerlo – hay que mirar en menos, pero el “Rumpi” no es suficiente para lo que yo quiero decir, así que tomé lo decisión de hablar por mi misma en mis torpes ensayos, cuya estructura tomé de los cursos de capacitación en inglés que me dan de comer. Quiero decir, por ejemplo, que rebelarse no es la continuación de la esclavitud, sino que la continuación de la esclavitud es acatar en silencio o al menos hacer como que se acata, pues cuando una hace como que acata parece que obedeciera, los amos no ven ningún cuestionamiento a su poder y el temor de los sometidos sigue. Quiero decir que no me siento cómoda en esta sociedad en la que la heterosexualidad está bien, pero todo el resto de la amplia gama de sexualidades posibles no pueden aspirar al mismo statu de sacralidad del sexo matrimoniado y quiero decir, sobre todo, que es insoportable vivir sin cuestionar los consensos, porque esa no es una democracia, si no una tiranía que no es ni siquiera de la mayoría, sino de un invisible “se” que nos ordena lo que debe decir “se”, pensar “se” y hacer “se”.
A diferencia de Diógenes yo no puedo masturbarme en público precisamente porque ni el hambre se quita sobándose el estómago ni el frío sobándose los brazos. Pero si puedo, desde este anonimato que irrita a tantas personas porque no pueden tomar represalias,insistir en que no estoy de acuerdo, en que siento, en que pienso y en que examino al mundo desde mi propio juicio y la propia intensidad de mi verdad.
[1] El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (en inglés Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, DSM) de la Asociación Americana de Psiquiatría contiene una clasificación de los trastornos mentales y proporciona descripciones claras de las categorías diagnósticas, con el fin de que los clínicos y los investigadores de las ciencias de la salud puedan diagnosticar, estudiar e intercambiar información y tratar los distintos trastornos mentales – de la Wikipedia.
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Tuve sexo y comícarne en viernes santo
Este viernes, con un grupo de amigos que al igual qe yo se vio en la obligación de quedarse enSantiago, hicimos un asado. No soy vegetariana, aunque de un tiempo a esta parte he limitado el consumo de carnes rojas. Una se preocupa por su salud, sin embargo, el viernes ameritaba que se honrara la disidencia comiendo carne. No fuimos esta vez a ningún parque público, sino que usamos el quincho para asados del edificio de una pareja de amigos. No fue difícil conseguirlo, nadie más lo pidió.
Mi madre es una mujer inteligente y ha decidido evitar discutir ciertos temas conmigo porque simplemente ya no doy mi brazo a torcer; a estas alturas no seré millonaria, pero tengo la suerte de no deberle nada a nadie y por eso mismo ya no siento ninguna necesidad de complacer siquiera a la mamá. Una de mis amigas no tiene tanta suerte y por alguna razón posee la extraña manía de decirle la verdad a su padre, quien aparentemente se molestó con ella luego de llamarla por teléfono.
“Mi papá dice que hay que tener respeto”, reportó mi amiga luego de cortar la llamada. No conozco personalmente a su padre, pero por lo que me ha contado no es una familia especialmente católica. No soy ajena al discurso del “respeto”. Mi propio padre era un hombre librepensador, pero por respeto a mi madre acataba el ayuno de semana santa – que no era tampoco ningún ayuno, sino más bien un banquete de productos del mar sobrepreciados. Puedo entender que mi padre haya hecho eso porque mal que mal, mi padre compartía el hogar con una esposa devota, pero no puedo entenderlo fuera de ese contexto.
Hace mucho años, yo era una estudiante de provincia en otro viernes santo y no quise darme el trabajo de volver a mi pueblo de origen a celebrar un misterio que para mí no tiene ningún significado. Mi novio de entonces quiso ir con su familia a algún lugar irrelevante, pero yo no estaba escapando de la religiosidad de mi propia familia para ir a caer en los brazos la devoción de una familia ajena. Así fue como me quedé en Santiago y paseando por calle San Diego decidí que quería comer una vienesa italiana en un boliche cualquiera, pero el mesero me miró con cara de espanto: “¡hoy no tenemos! Hay que tener respeto ¿Cómo se le ocurre?”
Se asume que en Chile hay una mayoría católica, o al menos de católicos a su manera, sin embargo, el respeto de las tradiciones católicas debiera ser algo que solo hagan los católicos. A nadie nunca en este país se le ha pasado por la mente dejar de comer carne de cerdo por respeto al judaísmo ni dejar de comer carne de vaca por respeto a los hindúes. Los católicos, sin embargo, sí quieren imponernos al resto su manera de vivir como correcta y nos hacen vivir a todos como si fuéramos católicos.
La presión social religiosa ya es una herramienta opresiva, una suerte de bullying espiritual, pero nuestros propios bravucones ateos como Richard Dawkins, Christopher Hitchens o una misma, podemos defendernos muy bien e incluso defender a otros si se requiere, además, los últimos escándalos sexuales de los curitas han dejado bien maltrecha la autoridad moral de la Santa Madre Iglesia. Sin embargo, es bien poco lo que podemos hacer cuando ese bullying es legal, es decir, cuando se sirven del aparato estatal para hacernos cumplir preceptos cristianos, cuando abortar es un delito o cuando el matrimonio entre personas del mismo sexo es jurídicamente imposible.
Es por ello que el asado de semana santa se ha hecho una tradición entre mis amigos y yo: es un acto de disidencia y de afirmación de la libertad, un acto de negación del dios de los cristianos y una comunión de profundo significado espiritual – la parte del sexo tendré que dejarla a su imaginación y a mis memorias, pero también estuvo presente en la noche. No me fue posible ir al asado público del parque Alberto Hurtado ex Intercomunal, pero exponiendo mi disidencia y la de otros, puedo decirle a muchos no creyentes que no están solos, que el rey sí está desnudo y que dios (las minúsculas no son un error) nunca existió. Con esto también quiero decirle a los devotos totalitarios que se están quedando solos, rodeados de gente que respeta sus tradiciones por mero temor supersticioso y que se están volviendo una prueba de que en el remoto caso que exista algo así como un dios, seguramente no es católico.