Pintar la Luna - ilustración por Soledad Gorleri.
Superficie total de la luna: 38 millones de kilómetros cuadrados.
Cantidad de pintura necesaria para cubrirla: 3800.000.000.000 litros.
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A veces quisiera pintar la luna y que se acabe la noche. Teñir el cielo trasnochado de otro color; rosa, verde, no sé, algo distinto.
Quisiera escalar las penas y que de una buena vez abunde la luz. Terminar con las mareas de reflexión, que los lobos sean delfines y que el pedalear desinteresado de ET por los cielos se encuentre con un panorama menos difuso por delante.
Quisiera que la claridad nos invada a toda hora, y que por eso nos veamos siempre perdiendo el tiempo.
Fantaseo con ser astronauta de la piel y que los lunares pasen a ser solares, que lo que me pidan sea del día al día y que los temores del crepúsculo, sean risas matutinas.
Me gustaría ver el atardecer infinito, encontrar tu palma bajo las sábanas, alumbrados los dos por un mismo sol. Me gustaría despertar borracho bajo la luz rasante de un día que nunca terminó y una noche que nunca existió, mientras enciendo un cigarrillo alumbrado por el astro más brillante.
Quisiera beber whisky sólo por el placer de su sabor, escuchar jazz a cualquier hora y sentirme fuera de tiempo. Me gustaría dormir sin barreras y soñar despierto, usar las lámparas para alumbrar pensamientos y que apagar la luz sea olvidado, como un simple reflejo.
Quisiera recrear escenas de amor sin velas para encender otros deseos, mientras vivo el estupor de siempre tener que estar amaneciendo.
Sueño con que lo tarde se vuelva temprano y por eso encontrarme siempre iluminado. Quiero estar siempre bronceado. Quiero que tomar sol sea algo de todos los días (y noches) y que el sol me tome a cada rato, en cada esquina.
Quisiera salir de un club nocturno después de haber visto su verdadera cara, que pasear por la calle sea en pos de chocarme con tus ojos y perder las sombras que de nuestros sentimientos nos separan.
Me gustaría que la luna fuese verde, así nuestro jardín se extiende más allá del horizonte, así lo extraterrestre también se siente como en casa. Me gustaría que fuese amarilla, para sentir que estamos dentro del sol, que nos queman las ganas, que nos encienden los deseos y que, a fin de cuentas, somos pequeñas esferas brillantes flotando por el aire de un cosmos que no tiene color. Me gustaría que la luna sea azul y que los mares también estén cuando nos acostamos boca arriba, esperando una nueva bocanada de aire. Que sea rosa, para que el cielo se tiña de un romance rechazado, aceptado u olvidado. Quisiera que sea naranja, para que esa mitad que nos falta aparezca cada vez que alcemos la vista y me gustaría que sea ultravioleta, así nuestras gafas y sentidos explotan de una vez por todas.
Cuando pienso en la luna pienso en un ciclo, en una órbita. Pienso que tal vez le damos muchas vueltas al tema y que nunca nos detenemos a apreciarla como se merece. Pienso que ella es tímida, y su brillo no será el más impactante de la galaxia, pero me recuerda que todos tenemos algo de luna desde que nacemos, ese fragmentito de luz que se expande a medida que miramos pasar los días desde más arriba.
M.
















