Actualmente no posee ninguna, no cree ser capaz de poder cuidar de otra vida además de las que ya es responsable, pero le gustaría tener un gato otra vez. Es curioso que con los animales sea más fácil ver su lado sensible, quizá porque no se esfuerza demasiado en ocultarlo.
Era diez años mayor, trabajaban en el mismo sitio y parecía que el destino los había empujado a conocerse. Se complementaban a la perfección y habían construido una lenta historia que pronto comenzó a florecer. Simok en aquel entonces recién iniciaba como guardia en el hospital, era joven y quizás un poco infantil aquella característica resultó de inmediato contraste para el doctor que fácilmente se irritaba, mas con el tiempo y con el llegar de los sentimientos, Simok adquirió la madurez de la persona que admiraba y, a su vez le ayudó a relajarse. No estaba mal a veces dejarse llevar por bromas y juegos, mucho menos cuando el resultado era indudables risas y diversión. Aunque tal relación parecía perfecta y duró años el tiempo la fue desgastando, los pensamientos se fueron tergiversando y los impulsos descontrolando. No había suficiente tiempo en el que pasaran juntos, incluso cuando vivían juntos y las peleas comenzaron a hacerse repetitivas. La toxicidad finalmente golpeó sus puertas, el amor no era suficiente para sustentar aquella relación y ninguno se percató de la situación hasta que fue demasiado tarde. Incluso si las cosas llegaron al final, el amor prevaleció hasta ese último instante y quizá aún está ahí latente. Fue su primer amor y probablemente todas sus primeras veces, pero también es un hueco en el interior de Simok que lentamente se ha devorado todo lo que queda de él.