mispequitas.
“¿Difícil? En lo absoluto. Nada que provenga de ti puede ser mínimamente agradable. Es una diferencia muy grande.” sus músculos despiertan tensos por su frescura; gruñe, sonoro y de mala gana, estampándole en la frente la mano a palma abierta. Sin tacto, menos aún delicadeza. “No lo repetiré, estrellita: estoy ocupado para tus niñerías, no necesito esta… basura.” huh, palabrotas. ¿dónde estaba la gente de esa maldita aldea? “Ahora que lo dices,” suspira, resignado, procurando distancias tras dar pasos atrás en su parsimonia imperturbable ”hay una forma, sí.”
Es el palmazo inesperado el que le lleva a dar un respingo, hundiéndose entre sus hombros con la naricilla arrugada y los ojos cerrados. Podría haber contestado de una y mil maneras; su paciencia infinita burbujea y se desordena por breves instantes, pero su última acotación deja sus cejas en alto y su boquita entreabierta. La sonrisa que se le asoma por un costado llega después, sumándose a una risa seca y ácida. “Luego de tales tratos, no sé si se me antoja ayudarte, peeeeeeero...” Esconde sus manos tras su espalda y se inclina hacia adelante. “Te escucho.”














