observa accionar con cierto disimulo, atención precisa comprobar en silencio que, de hecho, interlocutora esté disfrutando de la velada. es inevitable para day intentar descubrirlo, siempre con esta necesidad de complacer al resto de alguna forma. “oh, no— si como algo más voy a desarrollar diabetes,” bromea con retintín juguetón, el chiste deslizándose acaramelado como el sabor del glaseado que persiste en la lengua tras el último bocadillo. se hace de una servilleta para, con unos toquecitos sutiles, asegurarse de que no hay residuos en comisuras, y cuando la escucha llamarla chica perfecta, day vuelve a mirarla. los ojos marrones se entornan con falso recelo, los labios estirándose en sonrisilla inevitable. "morgan, si sigues hablándome así vas a terminar enamorándome," bromista, se inclina un poquito en su dirección. "y creeme, no quieres conocer ese lado mío," si bien está jugando con ella, a veces sospecha que es su peor cara: empalagosa, atenta, un poco celosa, y sobre todo, completamente entregada. es básicamente la fórmula perfecta para que todo salga mal. "—— estuvo bien, diría... ¿cuatro estrellas? no me gusta el color de la mesa," otorga opinión respecto al local, evidentemente bromeando respecto a la decoración.