A veces me vuelve el sentimiento. Y quisiera decir que pasados los meses se ha vuelto débil y cada vez más lejano, casi imperceptible en mi memoria. Pero no.
Generalmente me agarra desprevenida y se me atraviesa en las pequeñas cosas. Por ejemplo, hoy pensé en una dirección. Se me hizo un nudo en la garganta al pensar en el cómo, en el cuándo y en el dónde. Más tarde pensé en una consecuencia, en un juego de palabras para calmar la sed de verdad, pensé en una mentira.
Me aferro a la idea de buscar y encontrar las respuestas, mientras crece en mí estómago un vacío grande que me ayuda a aguantar el asco. A la par, aprendo a respirar para aguantarme las lágrimas que luego llegan sin avisar en los lugares menos adecuados, con las cosas más absurdas.









