gidsprewett
El altar a Marlene había bastado para que Gideon terminara por perder la poca cordura que lo mantenía sin romper en llorar otra vez. Escondido en el callejón entre Las Tres Escobas y otro establecimiento, buscando esconderse de los demás, partió en llanto. Rara vez se le veía en ese estado, no recordaba haber llorado desde hace muchos años, pero la muerte de Marlene le había quebrado por dentro. Apenas era capaz de respirar, porque el constante dolor en su pecho se esparcía por todo su ser. — No vale la pena —gimió a la entidad que sentía acercarse, hundido en su dolor. Aludía al altar con la foto sonriente de Marlene McKinnon, donde las personas dejaban flores, veladoras y todo tipo de objetos—. Ya está muerta—su voz se quebró mientras sollozaba.
palabras quedan encalladas en su garganta tras observar inmensa tristeza que impacta en el masculino. más allá de creencias populares, los sentimientos se arremolinan dentro de ella aunque son confusos, siente igual que otra persona. “ lo está. ” nudo crece dentro den su pecho como una enredadera que se aferra y colapsa con todo lo que encuentra, a sabiendas de que estatus propio no será bien recibido a ojos ajenos. estalla con neutralidad propia de una señorita y se mezcla con la incapacidad de mostrar verdaderos sentimientos.














