Fe y Razon
En este 煤ltimo per铆odo de la historia de la filosof铆a se constata, pues, una progresiva separaci贸n entre la fe y la raz贸n filos贸fica. Es cierto que, si se observa atentamente, incluso en la reflexi贸n filos贸fica de aquellos que han contribuido a aumentar la distancia entre fe y raz贸n aparecen a veces g茅rmenes preciosos de pensamiento que, profundizados y desarrollados con rectitud de mente y coraz贸n, pueden ayudar a descubrir el camino de la verdad. Estos g茅rmenes de pensamiento se encuentran, por ejemplo, en los an谩lisis profundos sobre la percepci贸n y la experiencia, lo imaginario y el inconsciente, la personalidad y la intersubjetividad, la libertad y los valores, el tiempo y la historia; incluso el tema de la muerte puede llegar a ser para todo pensador una seria llamada a buscar dentro de s铆 mismo el sentido aut茅ntico de la propia existencia. Sin embargo, esto no quita que la relaci贸n actual entre la fe y la raz贸n exija un atento esfuerzo de discernimiento, ya que tanto la fe como la raz贸n se han empobrecido y debilitado una ante la otra. La raz贸n, privada de la aportaci贸n de la Revelaci贸n, ha recorrido caminos secundarios que tienen el peligro de hacerle perder de vista su meta final. La fe, privada de la raz贸n, ha subrayado el sentimiento y la experiencia, corriendo el riesgo de dejar de ser una propuesta universal. Es ilusorio pensar que la fe, ante una raz贸n d茅bil, tenga mayor incisividad; al contrario, cae en el grave peligro de ser reducida a mito o superstici贸n. Del mismo modo, una raz贸n que no tenga ante s铆 una fe adulta no se siente motivada a dirigir la mirada hacia la novedad y radicalidad del ser. Fe y Razon
CapituloIV. JP.II











