Me sorprende este desapego que se me ha instalado en el pecho, como si hubiera aprendido a soltar sin hacer ruido. Personas, momentos, promesas… todo pasa y yo no me quedo a recoger los restos.
Y, sin embargo, no es vacío. Hay una especie de orgullo torcido en esto, una satisfacción casi silenciosa. Porque cuando amo, lo hago sin reservas, sin cálculo, como si no hubiera mañana… pero cuando se acaba, no arrastro cadáveres.
No cargo lo que no me sostiene. No negocio con lo que me pesa.
Tal vez es otra forma de sentir. O una manera más honesta de existir: amar con todo y soltar sin culpa, como quien entiende que aferrarse también es una forma de mentirse.
Y, extrañamente, me gusta.
-Vxl

















