→ 31 de octubre de 2003, 15:45.
El Halloween siempre se había caracterizado por ser una festividad llena de misticismo ligado a sus orígenes paganos y celtas, así como cristianos.
Algunos creen que la noche del Halloween es una llena de peligro y carga espiritual, lo que la hace perfecta para realizar cualquier tipo de hechizo o invocación relacionada con el más allá.
Para otros no es más que una festividad infantil, una en la que incrementan los crímenes cometidos a lo largo del país y que esconde las escenas del crimen haciéndolas pasar como decoraciones alucinantes de la fecha.
Sin embargo, eso no impedía que la gente buscara maneras de divertirse.
Algunos optaban por quedarse en casa, ver películas de terror y darles dulces a los niños que tocaban la puerta; otros, principalmente niños, participaban en el trick or treat, recorriendo las calles para pedir dulces, y otros buscaban ir a fiestas de disfraces.
Los cuatro miembros de Interpol se encontraban discutiendo sobre esta fecha.
No era una pelea cultural, en la que Sam defendía las tradiciones de USA, Carlos trataba de explicar el festejo que se daba en Colombia, Paul insistía en que México celebraba de mejor manera, empezando el 31 de octubre y terminando todo el 3 de noviembre, y Daniel solo observa, tratando de mediar sin favorecer al menor de los 4.
Al contrario, su discusión era por qué harían en esa fecha.
Los mayores, Sam, Carlos y Daniel, insistían en que debían quedarse en aquella casa que compartían, ver películas y descansar para empezar las grabaciones de su siguiente álbum, Antics.
Por el contrario, el menor, Paul, acotaba que por esa misma razón debían salir a divertirse a la fiesta a la que los habían invitado.
El mayor no estaba para nada interesado en asistir a la fiesta; en sus 36 años de vida ya había vivido lo suficiente para saber que faltar a esa fiesta no lo mataría y lo hacía preferir descansar en casa.
Daniel secundaba esta idea; para ser alguien que apenas entraba a los 30, ya pensaba como un señor de mediana edad que se quejaba por la política y el dolor en sus rodillas y espalda.
Carlos era más bien un espectador en esa discusión; admitía que le encantaba divertirse en fiestas, pero no usaría un disfraz para ir con un montón de veinteañeros que apenas entendían de la vida adulta, menos considerando que sus veinte acababan de escaparse de sus manos.
Los tres discutían con el menor del grupo, que apenas cruzaba los 26 años, el cual insistía en que debían asistir a esa fiesta a la que su mejor amigo, Julian Casablancas, los había invitado.
Los mayores entendían el por que la insistencia del rubio, los 3 pasaron por la misma edad, pero el ego y la actitud engreída sumada a que la fama empezaba a subirse le a la cabeza los exasperaba.
—Paul, no moriremos por no ir a aquella fiesta; además, ya fuiste a muchas en todo este mes —trató de mediar el de ojos avellana, con su voz relajada, tratando de dejar su fastidio de lado y razonar con el de ojos índigo.
—¡No es opción faltar! —replicó el rubio subiendo el tono de su voz—. ¡Estarán varias bandas ahí! ¡Debemos ir! ¡Ni siquiera es una fiesta de disfraces!—
—¿Quienes irán?— preguntó esta vez el pelinegro, que trataba de mantenerse al margen de todo eso, sacando un cigarro para empezar a fumar.
—The Strokes, My Chemical Romance, The Used, Green Day, Panic! At the Disco, Fall Out Boy y Mindless Self Indulgence— fue enumerando el menor, provocando que Daniel enarcara una ceja.
—¿No la mayoría de ellos son problemáticos?— cuestionó Daniel mirando al menor con severidad.
—¡¿Y qué si lo son?! ¡No es una fiesta normal! ¡Son las mejores bandas de esta década! ¡Debemos ir! ¡No solo yo! ¡Los cuatro debemos ir!—
Los mayores suspiraron ante la insistencia del menor, aceptando asistir a aquella fiesta.
—¿Dónde será esa fiesta?— preguntó Sam, apagando finalmente la televisión y levantándose del sillón.
—Será en el 112 de Ocean Avenue— dijo el menor con una sonrisa de satisfacción al haber convencido a los 3 mayores.
Estos estuvieron un rato en silencio repasando mentalmente las calles de la gran New York tratando de dar con la ubicación.
—¡Ni loco me acerco a esa casa del demonio! ¡Ni siquiera a esa avenida!— dijo Carlos, alzando la voz.
—¿Qué tiene de malo?— cuestionaron Daniel y Sam al unísono, viendo al de raíces colombianas con duda.
—Amityville no esta embrujado, los Warren inventaron el disparate de la posesión demoniaca para hacer negocio— explico el menor con rapidez, sintiéndose derrotado por una estúpida leyenda urbana creada para vender ante los medios y la corte.
—¿Entonces por que hacer una fiesta de Halloween ahí?— volvió a cuestionar Carlos aun no convencido de estar en aquella zona de la gran manzana.
—tiene una de las peores historias de asesinato y la historia de los Warren le da la vibra perfecta, además no es el Cecil o Harrisville— explico con simpleza ganándose un suspiro de los mayores.
—No entiendo a los jóvenes— dijo Sam, ya resignado a asistir a aquella fiesta, recibiendo un asentimiento de Daniel y Carlos, ya igual de resignados.
Después de esa conversación, los 4 fueron a arreglarse para la fiesta, agradeciendo que la fiesta no fuera de disfraces; ni siquiera Paul quería disfrazarse.
Paul muchas veces se comportaba como un adolecente caprichoso, esa insistencia por ir a la fiesta era el claro ejemplo de eso, a veces actuaba como si el mundo estuviera en la palma de su mano, como si el gobernará todo, algo extraño para una persona guiada por la lógica como era el.
Una vez los 4 estuvieron arreglados salieron de aquella casa qué compartían, para subir al carro del más mayor, quien conduciría para llevarlos hasta su destino.
El camino iba tranquilo; Daniel y Sam, quienes ocupaban los lugares delanteros, iban conversando tranquilamente sobre todo y nada, mientras Carlos y Paul discutían e inhalaban largas líneas de cocaína.
Para la desgracia de todos eso ya era muy habitual, desde 1998, cuando Paul acepto entrar a aquella banda iniciada por Daniel, Carlos y Greg no se llevó para nada bien con el de raíces alemanas, el ego de ambos era tal que no podían congeniar y ninguno bajaría la cabeza con tal de mantener la paz.
Ambos tenían una relación extraña; no se soportaban. Carlos no veía más que a un adolescente engreído en Paul y Paul no veía más que a un adolescente inmaduro, sarcástico y edgy de 30 años en Carlos.
Sin embargo esa relación tan tensa y llena de fricciones, mágicamente se volvía armoniosa cuando ambos estaban bajo el efecto de alguna sustancia ilícita.
Daniel suspiro al escucharlos, le dolía de sobremanera toda esa situación, claro, también a Sam le molestaba, pero a Daniel le dolía, odiaba verlos pelear, olvidar todo cuando estaban drogados y cuando él efecto de las drogas desapareciera volver a pelear.
La razón de tanto dolor detrás de todas esas discusiones era la relación que tenia con cada uno, si bien Carlos era uno de sus mejores amigos en el mundo, Paul era el amor de su vida, aun que claro jamas olvidaría los primeros años de la banda y como conoció a cada uno.
Algo bien sabido por todos aquellos que conocían a Daniel es que no es una persona sociable, si mantenía relaciones amistosas, incluso románticas pero solía guardarse muchas cosas para si mismo, siempre debía meditar bien lo que iba decir, y muchas veces fue la voz de la razón entre esos cuatro chicos que conformaban la banda qué con tanto desespero y anhelo había formado.
Carlos Andrés Dengler era una persona que siempre estaba en búsqueda del placer y la diversión, buscaba nuevas experiencias qué le resultaran placenteras en cualquier sentido, al verlo noto su estilo tan único y llamativo qué rosaba en lo gótico y alternativo, en su mente, inundada por el deseo de formar una banda, considero que una persona con ese estilo debía de tocar algo de música, por lo que se armo de valor para hablarle, terminando por tenerlo como bajista (a falta de una guitarra).
Después llego Paul Julian Banks Plenti, quien había sido una total experiencia conocer, lo recordaba de un programa de verano de la universidad en París, en aquel curso ambos parecieron interesados en el otro sin saber bien por que, tal vez era únicamente por sus personalidades.
Cuando Daniel volvió a toparse con Banks en la universidad, sabía que debía integrarlo a su banda sin importar que el rubio no estuviera interesado en lo más mínimo, pero jamás se rindió, logrando convencerlo de escucharlos tocar.
Paul aceptó unirse como guitarra rítmica al escuchar PDA y, finalmente, ser su vocalista después de que Daniel lo hiciera cantar al sentir que su banda estaba por separarse. Al escuchar el hermoso barítono que emitía Paul, no pudo evitar quedar cautivado con el de ojos azules.
Sin embargo fue inevitable qué parte de la banda se separara, ya que en el año 2000, Greg Drudy salia de la banda para enfocarse más en sus propios proyectos, fue entonces qué recurrió a un viejo amigo suyo, Samuel Fogarino, quien a pesar de la intimidaste presencia de Carlos acepto unirse.
Daniel volvió a suspirar, saliendo de sus hermosos recuerdos de su banda cuando escuchó a Paul chillar su nombre de una manera algo melosa; ya estaba drogado.
—Dani, eres malo— dijo el menor hacía su pareja, desatendiendo la presencia de Fogarino y Dengler.
—¿Por que soy malo?— cuestionó el mayor, mirando con irritación a los otros dos que empezaban a reír de la actitud que había tomado el de orbes índigo.
—No me has puesto atención en el ultimo tiempo, y te enojas conmigo por todo... por eso eres malo— volvió a hablar el rubio en tono infantil, haciendo que el corazón del de ojos avellana se acelerara y las rizas de Dengler y Fogarino incrementaran.
Se quedo meditando su respuesta, el rubio no mentía, últimamente su relación se había puesto algo tensa, entre la vida de excesos que llevaba Paul junto a su amigo Jules, la organización para las grabaciones de su nuevo álbum, vídeos musicales y sesiones de fotos habían mantenido a Daniel en un estado de estrés e irritación, que de manera inconsciente había desquitado con su pareja.
Suspiro pesadamente y cuando iba a responderle al rubio llegaron a su destino, por lo que, sin perder tiempo ni dejarlo hablar, Paul bajo del auto corriendo, entrando a la casa de Amityville para saludar a sus amigos, o más especifico a Casablancas, haciendo que Daniel volviera a suspirar.
—Kessler, ¿no será que Banks tiene una aventura con ese tal Casablancas?— cuestionó Dengler en tono burlón, buscando fastidiar al unos meses menor.
—¿A qué te refieres?— dijo Daniel, desconcertado; en realidad, en ningún momento le había pasado por la cabeza la idea del menor engañándolo. Tenía confianza en él, sabía que no haría eso.
—Bueno... los dos son de la edad y se conocieron en una fiesta... sin mencionar que los dos dan la misma vibra; quizás Paul es más serio e introvertido, pero fuera de eso se ve que tendrían buena química— explicó Dengler rápidamente, ganándose un gesto de descontento de Daniel.
—Para nada, yo confío plenamente en Paul, se que no me engañaría así como yo no le haría eso a él.—
—¿Entonces por qué bajó así del carro? Y no me sorprendería que tuvieran una aventura si es verdad eso de que has empezado a ser distante con él. Recuerda que es una persona que necesita de atención. Además, ¿conoces a Julián en persona?—
Y ahí Daniel empezó a dudar de su pareja y se sintió inseguro, pues todo lo que había dicho Carlos era verdad, no conocía a Julian Casablancas, era distante con Paul y este siempre buscaba tener la atención de alguien.
Con el corazón latiendo con rapidez, miles de pensamientos rondando por su mente, los celos, el sentimiento de insuficiencia y el miedo de que su pareja lo engañara bajo del carro bastante abrumado yendo directamente a la entrada de la casa para entrar.
Heads Will Rol de los Yeah Yeah Yeahs dejo de sonar dando paso a One More Time de Daft Punk, haciendo que algunos soltaran un grito de emoción por la canción, pero Daniel estaba más concentrado buscando con la mirada a Paul, analizando cada rincón del lugar.
Las luces estaban apagadas, solo había algunas luces de colores azules y morados iluminando los pasillos y escaleras del predio, así como una luz estrobotaica blanca, sincronizada con la música, qué 'iluminaba' la sala de estar donde se encontraban la mayoría de los invitados bailando y bebiendo grandes cantidades de alcohol qué posiblemente estaba mezclado con otras sustancias.
No tardo mucho para encontrar a Paul sentado en uno de los sillones, tenía los ojos cerrados mientras cantaba la canción del duo frances, completamente metido en su mundo, al acercarse un poco a donde estaba pudo divisar al tan famoso vocalista de The Strokes a su lado observando al rubio.
Sintió un apretón en el estomago cuando vio a Julian acercarse más a Paul y como lo tomaba del mentón, provocando que el rubio abriera los ojos y clavara su mirada en el de ojos negros, en su mente no dejaba de repetirse la idea de que iba a besarlo, sus ojos comenzaban a picar y le falto la respiración por unos segundos.
En ese instante aparecieron Sam y Carlos a su lado, viendo de igual manera esa escena sin saber bien cómo reaccionar. Sam tomó del brazo a Daniel, dispuesto a jalar lo para salir de ahí; sin embargo, paró en seco al ver a Casablancas vaciar una botella de cerveza en el rostro del rubio, provocando que ambos rieran.
—¡eres un imbécil Jules!— chilló el rubio en protesta mientras se limpiaba la cerveza del rostro.
—Y por eso te agrado, Paulie— dijo el castaño, restándole importancia a lo que había hecho y haciendo que Paul se levantara—. Mejor deja de reclamarme y llévame a conocer a tu tan amado Daniel, del que tanto hablas.—
Al escuchar eso, Daniel pudo volver a respirar y relajarse, sintiéndose un poco estúpido por creer en las palabras de Dengler, que afirmaban que Paul sería capaz de engañarlo.
Siendo seguido por Sam y Carlos se acercó a donde estaban ambos amigos, abrazando al rubio por la cintura y recargando su rostro en el hombro del contrario, haciéndolo sonrojarse y ponerse nervioso.
—¡No hablo tanto de el!— replico el de ojos azules tratando de defenderse a lo que Julian rodó los ojos aguantando la risa y las ganas de golpear al rubio por negar algo que mas de uno tenia evidencia de que era verdad.
—¡En la ultima fiesta a la que fuimos no parabas de hablar de el! ¡Y empezaste a llorar cuando una chica se te insinuó diciendo que te haría olvidarte de el! O no recuerdas el «¡No! ¡No quiero olvidar a mi Dani! ¡Dani es especial!»—
Paul se puso más rojo y mientras Carlos y Sam empezaban a reír a carcajadas cubrió su rostro con sus manos deseando que la tierra se lo tragara. Por su parte Daniel estaba más que satisfecho con eso.