Años esperando.
Te conocí cuando el mundo
cabía en una mochila
y el amor era una promesa
que no sabíamos nombrar.
Crecimos entre risas torpes,
mensajes a medianoche
y besos que sabían
a cosas que no se decían.
Tú fuiste hogar sin paredes,
refugio sin puertas,
un lugar donde mi piel
se sentía elegida
aunque mi corazón no.
Años mirándote
quedarte en el umbral,
con un pie dentro de mí
y el otro listo para huir.
Me diste caricias
pero no certezas,
me diste tu cuerpo
pero no tu futuro.
Y yo,
con el amor hecho costumbre,
me conformé con migajas
creyendo que eran banquete.
Te amé en silencio primero,
después con palabras,
y ahora te amo
con la valentía de soltar.
Porque no quiero ser
tu mientras tanto,
ni tu noche sin mañana,
ni tu “no sé”.
Quiero ser
la que elijas
cuando no tengas dudas.
Y si no eres tú,
que al menos sea yo
quien por fin
se elija.














