“Créeme, te sorprenderías al ver lo que hay dentro de mi cabeza.” Palabras salen con naturalidad de sus pétalos, libera sus vocablos con una falsa tranquilidad que no posee. Es honesto al momento de liberar sus prosas, le advierte a la fémina que no es buena idea indagar dentro del caos que habita dentro de su psique. Relame sus belfos al escuchar las palabras ajenas, permite que la seducción se coloque sobre el tablero. Mueve la siguiente pieza de manera sabia, las anatomías de los trágicos amantes se encuentran cada vez más cerca. Peligro; eso suena en su mente al momento de posar sus dactilares sobre las facciones de porcelana, permite que sus yemas acaricien la mejilla de su cómplice. Fuego emana del juego de miradas que emplean, pero uno de ellos se va a quemar al finalizar la partida. “Estás tan perdida.” Busca seguir el juego que ha comenzado a despertar el interés del enmascarado, choca su aliento contra el de la fémina, busca más cercanía entre ambas figuras. “Te encanta jugar con fuego, ¿cierto?” La interrogante sale con tintes picardía de sus labios, correspondiendo al inocente roce que ella ha impuesto. Es de los que actúa, no permite que las palabras continúen arruinando el momento. Atrae la pequeña anatomía de la fémina, colocando ahora sus manos sobre la cintura de su víctima / presa. Deja que el silencio reine por algunos segundos, para colisionar sus pétalos con los de ella, degustando el sabor de éter que gobierna las acciones de los dos pecadores.
“¿Para bien o para mal?” muerde suavemente su labio inferior, sentía una curiosidad inmensa por conocer a la persona detrás del fantasma de la ópera. “Algún día lo averiguaré” algo le atraía de él, ahora no conseguiría nada por el rumbo que parecía estar llevando lo que empezó como un baile, pero no lo dejaría pasar: quería conocerlo. Una corriente recorrió toda su anatomía en el instante en que las manos ajenas acariciaron su mejilla, ladeó la cabeza y atrapó uno de sus dedos con la boca, para luego rozarlo ligeramente con los dientes. “Sé mi maestro” tono inocente acompañó las palabras, aunque el fuego que reflejaba su mirada en contacto con la del contrario demostraba todo lo contrario, además de las caricias que sus manos proporcionaron a su pecho. Dejó que su mirada respondiera a la interrogante por ella, le encantaba jugar con fuego y la adrenalina que traía consigo, sus ojos lo manifestaban a la perfección. Atracción innegable inundaba el ambiente, manos se posaron en el cuello del hombre que la estaba quemando en vida cuando él la tomó por la cintura. Ninguna regla tenía relevancia, ya era tarde para retroceder en aquel juego que podía convertirse en su perdición, lo besó con pasión, muy equivocada estaba el creer que su cuerpo ardía en aquel provocador juego previo, eso era arder, ardía por pecadora y demasiado peligrosas se estaban tornando todas las sensaciones en su cuerpo.