Sin duda muchas personas estarían de acuerdo con que esta historia sólo podría encontrarse en un libro de fantasía. Un cuento de hadas, tal vez.
Pero fue real. Aunque el único que lo recuerda ya no lo cuenta, sucedió. Hay pruebas de que sucedió. No son pruebas tangibles ni perceptibles, pero están ahí… Probablemente ocultas en dos corazones.
Esta es la historia que le dio un impresionante giro a la vida de un hombre joven y una experiencia fantástica a un conejo. Esta es la historia de Jae…
Jae no siempre fue Jae, por más tonto que eso suene. Como todos, no tenía nombre al inicio. Sólo se dedicaba a sobrevivir las condiciones horribles del campo en el que le había tocado nacer. Estaba solo y tenía que arreglárselas para no dejar de ver el día siguiente.
Cierto día, el pequeño e inocente ser tuvo que huir precisamente para salvar su vida. No sabía siquiera hacia dónde correr, sólo se alejaba tan rápido como podía, en busca de un buen escondite. Casi quedaba muerto en las manos de un cazador, mas a veces el destino tiene jugadas muy extrañas… Eso hizo que quedara inconsciente en las manos de una joven hechicera que tomaba un paseo por el sitio.
La hechicera se arrodilló junto a la pobre criatura y la sostuvo unos momentos entre sus brazos.
—Oh, pobrecillo… —Le acarició la cabeza—. ¿Sabes? No tienes muchas oportunidades de sobrevivir, pero eso no significa que no debes intentarlo. Sólo por eso te ayudaré con mi magia. Sé cómo sacarte de esta situación.
A diferencia de los poderosos hechiceros que aparecen en muchos cuentos infantiles, esta hechicera era una persona muy noble y quería usar sus habilidades para nada más que el bien. No obstante, la vida es tan complicada que ni siquiera la magia puede arreglarla por completo.
—Mi magia ha de caer sobre ti —comenzó la joven, dejando al conejo en el pasto y alzando sus manos—, tu cuerpo débil y tu salud mejorarán cuando alguien te quiera con toda sinceridad. Cuando un lazo fuerte te una a ese ser, su forma tomarás. Mas presta atención, pues aunque cambies por fuera, siempre serás el mismo por dentro. Si quien te quiere llega a olvidar lo que eres o deja de quererte sinceramente como lo que eres después de que hayas cambiado, sus memorias de esos tiempos tendrán que desaparecer, y tú, por supuesto, a tu forma original has de volver.
Ese fue el hechizo que salvó a Jae aquella vez.
Lo siguiente que el pequeño recuerda es abrir los ojos y encontrarse en una tienda de mascotas, dentro de una jaula mediana. Asustado y confundido, el conejo permaneció ahí durante días que se convirtieron en semanas, después en meses y después en un año.
Dejemos esto de lado por un momento, no por crueldad hacia el animalito, sino porque en esta historia hace falta mencionar al hombre joven que también tiene un lugar importante… De hecho, en ese punto.
Jung Yunho era una persona solitaria y, a simple vista, incluso podía parecer algo frío. Aunque la mayor parte del tiempo lucía como si no pasara nada malo y como si no hubiese ningún tipo de nudos en su mente, él sentía que necesitaba de algo… De alguien. Quería compañía, y después de un análisis que duró aproximadamente un mes, se decidió a conseguir una mascota. ¿Por qué? Porque un amigo puede visitarlo y quizá quedarse a dormir una noche o dos, pero tarde o temprano tiene que volver a su hogar. Sólo por eso consideraba que comprar una mascota era mejor. Su primera opción fue un perro.
Los perros son muy conocidos por su lealtad. Yunho se convenció a sí mismo de que si necesitaba que alguien le fuera eternamente fiel y que alguien estuviera ahí de manera incondicional, entonces no había mejor opción que un perro. Un perro pequeño, ya que su apartamento en realidad no era lo suficientemente espacioso como para mantener a un perro de tamaño grande.
Pensando en eso, Yunho decidió visitar la tienda de mascotas. La misma en donde estaba Jae. Y en caso de que esto no se vea lo suficientemente predecible: sí, Yunho compró a Jae.
En vez de avanzar directamente hacia donde estaban los perros, Yunho se paseó por la tienda durante un buen rato, mirando con detenimiento a todos los animales que encontraba. Se sentía curioso, casi como un niño pequeño. Y así llegó hasta donde estaba la jaula llena de conejos.
Se agachó y sonrió de lado al verlos. Eran adorables. No se podía pensar ninguna otra cosa al verlos dando saltitos por toda la jaula, comiendo algo o acurrucándose contra el cuerpo de otros conejos para tomar una siesta. Era una lástima que estuviese prohibido tomar fotografías.
Estuvo a una nada de levantarse y seguir con su camino, pero de repente un conejo llamó su atención. En una esquina, apartado de todos los demás, había un conejo de pelaje blanco. Se veía tímido, pero era muy lindo. Yunho no pudo evitar preguntarse por qué parecía estar tan… solo.
Sí. A pesar del montón de conejos que lo acompañaban en la misma jaula, él se veía solo. No convivía con nadie y no parecía tener ni la más mínima intención de hacer el intento por conseguir amigos. De un momento a otro, Yunho se identificó con ese conejo, se vio reflejado en él y lo invadió la sensación de que, sin importar qué, no podía dejar ahí a ese pequeño animal.
—Disculpe —se acercó a un empleado de la tienda—, me gustaría comprar un conejo.
—No hay problema —contestó el empleado con una amable sonrisa—. ¿Le gustaría uno en particular?
—Ya que lo menciona, sí —rio un poco, con simpatía—. Quiero el conejo blanco que está en esa esquina —señaló la única esquina ocupada en la jaula.
—Ah… Ese conejo… —Se sorprendió al escuchar la decisión de Yunho—. ¿Está seguro?
—Sí —respondió sin dudar—. ¿Por qué la pregunta? ¿Acaso le pasa algo a ese conejo?
—Sí… —Suspiró el empleado—. Verá, a esta tienda llegan alrededor de quince conejos por mes. La mayoría se vende en un par de semanas, pero… ese conejo lleva un año aquí, quizás un poco más.
—¿Un año? —Cuestionó con sorpresa—. ¿Por qué?
—Bueno, no estamos muy seguros… Lo que sabemos es que su salud es algo frágil. De hecho, el veterinario asegura que ese conejo sigue vivo gracias a nuestros cuidados. Es curioso que, siendo tan débil, resista tanto.
—Bueno… —Volteó a ver al conejo una vez más—. Es cierto que se ve un poco cansado —admitió—. Pero no importa. Yo… en verdad quiero comprar ese conejo.
Cuando la noticia llegó a los oídos de otros empleados, hubo todo tipo de reacciones. Mientras que algunos estaban emocionados porque el conejito por fin tendría la oportunidad de crecer acompañado de una persona, otros susurraban que no era “conveniente” que ese conejo saliera de la tienda, y otros más decían que Yunho volvería en menos de una semana a cambiarlo o a comprar otro.
Sacar al conejo de la jaula fue realmente difícil, pues el pequeño no dejaba de huir apenas veía que una mano se acercaba a él con la intención de agarrarlo. Cuando por fin lo atraparon, el pobre siguió moviéndose y luchando por escapar.
—Traeré todo lo necesario para el conejo —dijo un empleado.
—Bien —contestó otro—, déjame ayudarte.
Se levantó y dejó al conejo con mucho cuidado en las manos de Yunho, para después pedirle que esperara ahí y que tratara de tranquilizar al animalito aunque fuese un poco.
El conejo en verdad se movía demasiado. Estaba muy inquieto, lo único que quería era escapar y regresar a su esquina solitaria. Yunho no estaba seguro acerca de qué hacer, pues era la primera vez en su vida que sostenía a un conejo entre sus brazos. No obstante, se esforzó. Cargó al conejo de la manera más cariñosa que se le ocurrió y acarició su cabeza con suavidad.
—Oye, tranquilo… —Le decía mientras le regalaba aquella caricia—. No te haré daño. No tienes que preocuparte por nada. Ya no estás solo, ¿de acuerdo?
Nunca antes le había hablado a un animal de esa manera, pero sentía que sus palabras estaban funcionando de algún modo u otro.
—Eso… Tranquilo, tranquilo… No te pasará nada… Todo va a estar bien, ya no estaremos solos… Yo soy Jung Yunho —se presentó con una leve, pero sincera sonrisa—. A partir de hoy, yo te cuidaré y te querré mucho.