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Patricia Benito
Libro: Primero de poeta
“Sobre la intensidad del amor, o del acto de amar: ¿Cuánto es preciso y, dentro de lo que cabe, prudente amar a alguien? ¿Es posible medir el amor? ¿Es justo, quizá? Muchos dan una respuesta aparentemente razonable: amar siempre, pero no hacer imprescindible a la persona amada; es decir, que la unión sea eso: unión, nunca un lazo, un amarre, un apego. Otros alegan que es bueno amar hasta cierto punto, nunca entregarse por completo para evitar salir lastimados. Curiosamente, quienes lo dicen son los mismos que hicieron todo lo contrario. La experiencia determina un par de cosas: lo primero es que, luego de ser conscientes del daño, se crean nuevas actitudes (o quizá se eliminan las que había). Se deja de idealizar a la persona amada, la jerarquía de prioridades cambia y es uno mismo quien ocupa ahora el primer lugar. Lo segundo es que nuestra vida toma una ruta basada en la filosofía de nunca correr riesgos, medir los pasos, los tiempos; calcular los movimientos, limitar los detalles, entre otras cosas que garanticen cierta seguridad emocional. Y es inevitable preguntarme: ¿es amor esto? Si la respuesta es sí, ¿qué era, entonces, lo anterior? Si la respuesta es no, ¿por qué esto es más saludable? ¿Es que acaso lo dañino es intrínseco al amor? Y veo a otros demostrar su amor siendo incondicionales, siendo fuertes; y a quienes se ponen límites. ¿Quién determina qué es amor y qué no? ¿Cuál es el veredicto que nos permite determinar qué es lo bueno y lo malo? Pero los gurús del amor parecen darnos otra respuesta: hay que amar en su justa medida, que es amar sin medidas y, sobre todo, saber corresponder el amor que se nos entrega, evitar que la llama del ser amado se apague, cuidar la ilusión. En otras palabras, que el amor debe ser recíproco y que es responsabilidad de uno mismo saber a quién y de qué modo amamos. No es fácil, desde luego, porque nuestra humanidad nos hace propensos al fracaso. Pero también queda la buena intención y la comprensión de la otra persona ante nuestros yerros: fallamos no porque hayamos dejado de querer, sino porque estamos aprendiendo a querer bien.”
— Heber Snc Nur
Estoy en la edad en donde busco a alguien que me apoye en todo, porque para besos y abrazos, todo el mundo está.
“Hay días en los que cuesta hasta respirar. Pensar es otra manera de hundirse. El nudo en el alma me aprieta más fuerte. Y abrir el cajón de los recuerdos es la peor de las torturas. En estos días, todo lo que necesito eres tú, pero ya no estás.”
— Recovecos de mi alma
Tan Simple como eso.
“A veces pienso que una parte de mí se quedó contigo y otras me gusta pensar que una parte de ti se quedó conmigo. Sé que no estábamos destinados a ser, lo supimos desde el día que nos conocimos, lo nuestro era temporal, pero de esos amores temporales que quisieras se quedaran toda una vida, no solo a instantes. No íbamos a ser, no del todo, no como queríamos, no como hubiéramos querido. Pero de alguna manera, el ser nada que sentía todo nos convirtió en algo, algo que no podía ser destruido, como un intermedio, aquel que fue lo único que nos mantuvo en flote, hasta que el barco se hundió.”
— La sinfonía del alma.
El es la persona mas común, no es muy guapo, no tiene la sonrisa mas encantadora, no tiene el cuerpo mas atlético. Pero es mil veces más que eso, es el mas amable, el mas paciente, mas amoroso, mas consentidor, el es así, sencillo, noble, risueño, a veces un poco payaso, a veces un poco serio y no hay nadie como el, con su personalidad, con su humor, con su dedicación, con su tenacidad. Y así mismo, no hay nadie que lo ame como yo.
Callateydejamepensar. (Cartas a mi novio)
Un insomnio, Dos insomnios, Tres, cuatro, cinco días sin poder dormir. Lloré dos meses, Me sentí miserable un mes más. Grité sin saber la razón Te extrañé, extrañé tu voz Tus manos rascando la guitarra, Tu respiración, Tu humor ácido, La manera de pronunciar mi nombre La forma en que me hacías morir. Tu acento, Extrañe a tu mamá y tu casa, El calor y el color azul de tu alcoba. Las noches en tu boca, Tu barba y la manera en que Levantas la ceja. Te extrañe con rabia, Entre sudor y saliva. Te extrañé irónicamente Y te odié, te odié tanto. Me gano la ira y mi poco control Sobre la situación. Tu silencio fue una roca Pesada sobre mi corazón, Me cuesta respirar. De ser mar, te me volviste desierto Y sequía, cactus y arena En mis pupilas. Y Llore, lloré mientras comía y A la hora de la cena, También en regadera y cuando Cantaba. Miraba el celular esperando una llamada, Pero nada. Estoy enamorada de fantasma de ti, Del que solías ser en diciembre Del 15 y en enero del 16, Inoportuno y cursi, sonriente y menos gris. Pero no vas a volver y me recompongo Un presente, por mi bien. Dejaras de doler y serás la Cicatriz y ya no la herida. Las Secuelas del Desierto, Mercedes Reyes Arteaga
Cuando la tarde huele a ti
Uno no se desenamora tan fácil, y si es así, entonces nunca fue amor. Simplemente se aprende a sobre llevar la ausencia. Ese jodido vacío en el alma que sólo aquella persona puede ocupar. Y aunque lleguen más amores a tu vida, siempre hay uno que duele. Que duele de la manera más bonita al recordar.
- NEM
Tienes tantas primeras veces mías, y sabes qué, no hay persona que hubiera podido apropiarse de ellas tan bonito como lo hiciste tú.
La sinfonía del alma. (via este-desastre-te-amaba)
Le dio mil razones para que se fuera, sin embargo, en la despedida le dio una indestructible para quedarse: una sonrisa.
Benjamín Griss (via elchicodelayer)
Joder.
(via este-desastre-te-amaba)
Grabada en mi retina tengo tu entrepierna, dulce escuadra de piel, objeto de mis complacencias.
Transeúnte (via untransitardeideas)
No me gusta ponerme a pensar mucho. No me gusta por que entonces me pongo a recordar. Y recordar incluye pensarte. Y pensarte, tocarme la herida. Y no me gusta tocarme la herida. No me gusta sentirme ajena de mi misma. Por que me acuerdo de ti y siento que no soy quien debería ser. Siento que algo falta. Que aún no tengo todas las piezas del rompecabezas. Y no importa cuanto tiempo pase en museos, cuanto tiempo escriba cartas, cuanto tiempo me siente a beber café, ni cuanto tiempo mire tu película favorita. Simplemente hay algo que no termina por encajar. Aún faltas. Pero no me gusta pensar que es eso lo que me acongoja. No me gusta pensar que te hecho de menos. No me gusta pensar en los “hubiera”. No me gusta acordarme de lo que éramos. Todo termina en llanto. En ese llanto silencioso que empieza y termina en el baño mientras en el espejo no reconozco si hago lo correcto o no. Ese llanto que solo te deja los ojos vidriosos, el estomago revuelto, él corazón helado. Estoy dudando si acaso te olvidé o aprendí a pretender que no te recuerdo. Lo trágico: puedo asegurar que tú apenas te acuerdas de mí. Aún peor que eso: quiero engañarme pensando que si me recuerdas aunque sea poco. No, no, aún mucho peor: yo soy la que se cuelga de ti. Y no me gusta colgarme de las personas. No me gusta anclarme. Estancarme. Echar raíces. No me gusta pensar mucho. Hoy posiblemente, no dormiré nada.
(via una-escritora-amateur)
“Si te atreves amar, ve dispuesto a sonreir o a llorar, a todo o nada, si te atreves a amar, no esperes que te amen de la misma forma que tú lo haces”
Miguel angel (via thu-recuerdo-me-atrapa)
Tú no lo sabías, pero yo suspiraba por ti. Cada día esperaba con ansias contenidas el verte de nuevo, mirándome con esos ojitos que me volvían loco, tú me mirabas y sé que esos ojos me gritaban más de lo que yo mismo podía descifrar. Nunca te lo dije, pero eras asombrosa, pusiste de cabeza mi mundo sin siquiera pretenderlo. Llegaste un día, y me marcaste para siempre, fuiste la sorpresa y coincidencia que muy dentro de mí deseaba, y que un día después de tantos años se hizo realidad. Eras fuente de alegría siempre, amaba tu entusiasmo, las ganas que le ponías a todo, el empeño con el que siempre luchabas. No te lo dije, pero me enamoré de ti, me enamoré de tus gestos al hablar, y de la manera en la que me mirabas, me enamoré de la manera en la que me hacías sentir, porque no sabía que se podía sentir tanto en un segundo. Nunca te lo confesé, por idiota, por cobarde o por miedo a que fuera tan correspondido que no fuera posible. Tú nunca lo supiste, pero el día en que te fuiste mataste algo de mí, fuiste la lección más preciosa con la que pude toparme, y también una de las más dolorosas. Te fuiste un día, así sin más. Te despediste de mí y me abrazaste como si no hubiera futuro, aunque lo hubo, aunque no fuera el futuro juntos que deseábamos. Tal vez jamás leas esto, o tal vez jamás sepas que lo escribí, pero esta es la carta de despedida que siempre quise hacerte, pero que no hice. O al menos, que jamás te entregué. Fue el destino, la vida y la jodida suerte más precisa la que te trajo a mí, o la que me llevó hacía ti, de cualquier manera dejaste algo en mí que será por siempre inolvidable. Yo sé que no te dije tantas cosas, y me arrepiento, pero nunca olvides, que el amor tan intenso y prohibido que vivimos, jamás se podrá borrar, ni de mi mente, ni de la tuya. El deseo de un soñador.
La sinfonía del alma. (via este-desastre-te-amaba)