Pienso en esta plataforma, la cual la hice como una parte íntima de expresión sincera, cercano a mis 12 años. Ahora que tengo 28, casi por cumplir los 29, miro en retrospectiva y como la vida va moldeando los bordes que nos separan de los límites. En algún momento, ciertos límites, generalmente los que tienen que ver con el dolor y la incomodidad deberán ser atravesados. Los caminos que he elegido han sido de una simbología que al atravesar el límite, me da un respiro de certeza ante tal sentimiento de abatido luego de expandir el campo.
Ya no me reconozco en una búsqueda hacia el exterior, he comprendido que en esta parte de mi vida lo que debo seguir, donde debo explorar es aquí dentro en mi interior, hago aquí un reparo, no es solamente cualquier lugar de mi interior, tiene que ver con esos lugares que se cultivan en el centro/núcleo, donde surge la llama, se extiende el calor. Merezco ser observador de esa sabiduría que comprende a mi voz interna, mi escucha interna y mi yo observador, que si o si es alguien más que solo yo quién observa este comportamiento. Me llegan recuerdos de todo lo que me dejó enseñado mi papá, estar tranquila, estar en paz, estar en mi centro, dejar que las cosas sucedan, observar, sentir y preguntar dentro mío cual es el camino, esa luz que no se apaga, donde hay que seguir. Presiento una convicción muy exacta sobre el comportamiento del tiempo, una de mis hipótesis es que es un elemento que va delimitando el camino hasta que la conciencia llega a expandirlo. Vivir una vida realmente justa tiene que ver con esa dilución del espacio/tiempo, clara vertiente donde se puede encontrar la verdad que nos posiciona en el lugar correcto para el goce y descanso de mi alma.
La primer lección que integré en este tiempo es ser compasiva conmigo misma, dejar de recibir los filos de la vida. Mi don es la observación, uno de mis dones, una visión que puede atravesar esos límites que la conciencia aún no atraviesa, como un tipo de oráculo, como un tipo de mundo mágico.
Fueron sinceras las premoniciones, no fue como me lo imaginaba, sin dejarme abatir debo seguir en una calma completa de mi alma, dentro mío se ha generado una gradiante de colores nuevos, se comenzaron a mineralizar elementos esenciales que se han convertido en amuleto, una suerte de guía, un ángel. Antes jamás lo hubiese advertido, ahora entiendo que siempre fuiste tu, ese ángel, esa guía sagrada, orientandome hacia el dolor necesario para no perderme en esta experiencia, generar material necesario para cumplir mi propia profesía, que tal como mía, tuya, nuestra, es este amor algo único, sólo mío y nuestro. Me siento millonario, me siento en un dolor profundo, ¿Es acaso justo?, ¿Es acaso preciso?. Y como una vez dijiste, justo en el momento donde yo pensaba que vivías un profunda depresión, por fin te abriste de corazón hacia mi y pude verte por completo: "Yo amo la vida, hija, la vida tiene tanto para dar, tanto para enseñar". Y tu mirada mirando hacia el cielo, tus ojos brillaron y a pesar de que ya llevaba tiempo sin desear la muerte, ese impulso en tu mirada produjo una pulsión tan profunda en mi fuego interior. Gracias por eso Apá, quisiera ser tu hija por absolutamente toda la eternidad, elegirte a ti como mi maestro, en esta dimensión ese es el desafío y que bien me preparaste para este momento Apá, sin decir mucho, sin conocernos tanto, sin confiar tanto en el otro, es algo muchísimo más profundo. Mi alma siente una serenidad tan similar a cuando observábamos las aves desde las alturas, tu me enseñabas sus cantos, sus colores.