Yo miraba por la ventana y no había más que infinito… Prendida en el éxtasis del recuerdo, cada instante de cada huella que había dejado tu silencio imborrable dentro de mí, me ponía en pausa, eran incontables las veces que mi respiración se había acelerado cerca de tu oído… traía huellas guardadas; que quería atesorar por siempre en mi piel(y el corazón), como cuando encuentras un refugio luego de estar perdido. Guardaba los pedazos que quedaban de mí y que rearmaste para recorrerme por completa, quitaste mi pudor, para dejarme llevar entre la fluidez del río que nació desde tu cama, como una vertiente que desbordaba de agua, agua de fuego… Pasaba el tiempo y fundida en tu carne sentí que solo fuimos uno y los cuerpos sobraban, todo acababa en un orgasmo infinito; que hubiera querido fuese eterno.
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