De segundas oportunidades
“I'm going to take my talents to South Beach and join the Miami Heat.”
Desde que Lebron James pronunciara estas palabras en el ya famoso “The Decision”, programa con el que anunciaba su destino como agente libre, han pasado 2 años y han cambiado muchas cosas.
Quizá, hasta el odio que le profesan muchos de sus detractores.
La figura de Lebron James se ha visto marcada por el yugo de la opinión pública desde mucho antes de su llegada a la NBA.
Ya en el instituto era seguido por todo el país, firmaba contratos multimillonarios con Nike y era consciente de que su sitio estaba con los mayores. Y así sería.
La NBA no tardaría mucho en “buscarle” un destino en Cleveland, cerca de su querida Akron, donde comenzaría a forjar una carrera marcada por las críticas.
Y, en cierto modo, no es para menos.
“The Chosen one” o “King James” son algunos de los motes que luce orgulloso James, lo que sumado a su forma de encarar los partidos, el ya famoso numerito de lanzar el magnesio y desplantes como el que tuvo tras perder las finales de la conferencia Este con Orlando en 2009, han contribuido a formar una imagen de él que tiende a generar odio. Y puede que sea un odio totalmente fundamentado.
Bajo el estigma de la comparación con Michael Jordan, su juego también ha sido siempre objeto de crítica.
Unos prefieren a Kobe, destacan que nunca será un tirador, que nunca sabrá ser el jugador decisivo que se le pide.
Otros prefieren a Wade y sus demostraciones en las finales de 2006.
Muchos preferirán a Kevin Durant.
Otros dirán siempre que nunca llegará a acercarse a Jordan.
Pero lo cierto es que Lebron es un jugador que está construyendo su propio camino.
Con 3 MVP en su haber y exhibiciones como las de los últimos playoffs, es complicado no ver su impacto en el juego.
Desde su físico privilegiado, Lebron domina los partidos. Y eso puede gustar más o menos, pero no puede escapar al elogio meramente objetivo.
Lo que él hace, no puede hacerlo nadie más en la actualidad.
No seré yo quien intente ganar a la gente para la causa de James. Son sus números, son sus acciones en la pista, son sus partidos y sus logros.
No se puede cerrar los ojos antes eso.
Quizá no es el jugador que mejor representa los fundamentos del baloncesto, pero basta con ver cómo genera juego en Miami para comprobar que tiene una habilidad natural para el pase, mucho más destacada que muchos de los jugadores con los que se les compara.
Lo que pido es que se le de un trato justo al jugador que vemos cada noche sobre una cancha de baloncesto. Que no nos dejemos guiar por los comportamientos extradeportivos de un niño que tuvo que crecer demasiado deprisa, que lleva predeterminado para triunfar desde an tes de llegar a la NBA y que este año ha cumplido su deseo con una madurez que no se había visto en él hasta que algo cambió.
La derrota en las finales de 2011 frente a los Dallas Mavericks.
“The best thing that happened to me last year was us losing the Finals”
Todos necesitamos enfrentarnos a la derrota en alguna ocasión y aprender de ella.
Quizá es el momento de ver si hemos juzgado objetivamente a Lebron James.
@guard_wade









