Hay algo que no se ve, pero se me nota. No es desinterés. Es que me fui. Es que cuando algo me duele… no me duele poco. Me desborda. Y en ese momento, mi cabeza entra en una especie de protocolo de contención. Porque si hablo desde ahí, no soy justa, no soy yo. Soy una versión mía atravesada por una emoción que todavía no sé ordenar. Entonces me callo. No porque no quiera decirte lo que me pasa, sino porque me importa demasiado cómo decirlo. Me aíslo. Porque no quiero estar, pero no con vos, conmigo no quiero estar. Necesito bajar el ruido interno antes de exponerte algo que todavía no entiendo del todo. Y sí, cambia mi tono. Cambia mi cuerpo. Cambia hasta la forma en la que te miro. Y sé cómo se ve desde afuera. Parece distancia. Parece frialdad. Parece que algo se rompió de golpe. Pero no. Es todo lo contrario. Es justamente porque algo me importa, que necesito tomar distancia antes de tocarlo. Porque cuando siento, siento fuerte. Y no quiero que esa intensidad arrase con algo que quizás, en realidad, quiero cuidar. No necesito que lo soluciones. Necesito que quieras entenderme. Es un proceso. Uno incómodo, poco poético. Pero es el único que conozco para volver a mí y después, ver si quiero volver a vos.
Fer














