NEW TOKYO
Nos encontramos en el año 2111 d.C. Japón siempre fue una ciudad cosmopolita, poblada por un sinfín de razas y personas cuyos gustos podían diferir mucho los unos de los otros. Era un epicentro cultural, donde el modernismo y las técnicas más antiguas confluían en armonía, componiendo un país que iba en avance y no en retroceso o estancado. En este ambiente ya de por sí variable se dejaron ver por fin los antiguos dioses a los que tanto se había adorado desde antes de que se pudiese escribir la historia. Suzaku, el dios fénix, Seiryuu, el dragón azul, Genbu, la serpiente enroscada y Byakko, el tigre blanco, descendieron desde su divina posición para desvelar a los seres humanos, sus perfectas creaciones, la existencia de razas sobrenaturales entre ellos, y proponer una tregua de paz entre el mundo que les había sido ocultado desde el inicio y el universo mortal, mucho más cerrado y compungido. Los gobiernos re reunieron, debatieron entre las cuatro paredes de sus cámaras y llegaron a un claro consenso: si aquellas criaturas no ofrecían problemas o se rebelaban ante las autoridades, les permitirían convivir entre los humanos cómodamente, gozando de sus mismos derechos, deberes y comodidades. Hace cinco años de esta enmienda. Los dioses que iniciaron la revolución decidieron divertirse con sus hijos, y crearon cuatro grandes Universidades o escuelas, donde curtirían y educarían por igual a mortales y sobrenaturales. Los cuatro consideran divertida la rivalidad entre colegios, y la fomentan con diversas competiciones donde disfrutan de los avances de sus alumnos y sus recientes conocimientos adquiridos. Pero no todo es de camino de rosas ni es oro todo aquello que brilla. Muchos fueron los humanos que acogieron a sus más raros compañeros con los brazos abiertos, pero también hubo una abundante marea de personas que consideró injusta la inclusión de aquellos seres en sus trabajos y sus vidas diarias. Ellos poseían poderes y habilidades especiales que pasaban por encima de los corrientes potenciales mortales, y amenazaban con arrebatarles sus empleos y sus posiciones sociales… o al menos así es como lo ven. Estos detractores formaron grupos, sectas que planeaban y planean el exterminio de las extrañas criaturas a las que se niegan a aceptar. ¿Podrán los más afines a la tregua firmada tiempo atrás convencer a los más reacios de la posibilidad de esa convivencia? Todo está por verse y nada está escrito.
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