garage de su casa, allí donde ha construido su lugar desde que llegó a derry. si bien tiene su habitación, necesita un espacio propio, donde ni su madre ni iván puedan ingresar. es allí donde pasa la mayoría de su tiempo, sentada en aquel viejo sofá, fumando cigarrillos. golpear en la puerta provoca que se ponga de pie, creyente de que se trata de su madre. quita el seguro, y la imagen que encuentra le alarma. “holden, mierda.” maldice, labios se presionan entre sí. se arrodilla frente a él, mirada café inspecciona herida. “no lo sé, llamaré a oscar, pero primero ven, necesito que me ayudes a levantarte.” insiste, brazo rodea torso masculino, con intenciones de llevarlo hacia el sofá. una vez que lo ha logrado, busca entre sus cosas un botiquín, el cual encuentra. toma una botella de agua oxigenada y un par de gasas, mientras, busca en el marcado rápido el número de oscar. “¿quién te hizo esto?” inquiere, molestia se puede percibir en sus palabras. se arrodilla una vez más frente al sofá, alza la camiseta, dígitos se empapan de líquido bermellón. marca a oscar, el sonido del contestador le enloquece. “okay, quizás arde un poco, pero necesito ver.” no avisa más que eso, vierte agua oxigenada sobre la herida, consciente de que no arderá tanto como el alcohol, con una de las gasas se ayuda, limpia, se deshace de restos carmines, intentando averiguar la profundiad de la herida.
El simple esfuerzo que hace para ponerse de pie causa un aumento en el dolor, ceño se frunce evitando cualquier queja que quiera escapar entre pétalos. La sensación del sofá bajo su espalda resulta tranquilizadora, más el ardor sigue presente en su abdomen. Marrones intentan seguir los movimientos de la joven, párpados resultan pesados por el cansancio, energía desgastada por el camino recorrido para llegar a su puerta. ❝Un cabrón que no me quiso tomar en serio❞ responde, recuerda la discusión entre ambos, la manera en que el otro masculino se expresaba logró encender su mecha y lo impulsó a casi arrancar su cabeza de su cuerpo. Si él se encontraba jodido, el otro tipo había acabado peor. ❝Sabes cuánto odio escuchar tu nombre en bocas ajenas❞ menciona, voz ronca, palabras haciendo alusión a que el causante de sus heridas había estado hablando de ella y fue el detonante de una pelea que terminó en los extremos. Holden encontrándose en desventaja, no portaba ninguna arma con la cual atacar, peleando así a mano limpia. ❝Le quebré los putos dedos, uno por uno❞ una débil sonrisa se forma lentamente en sus labios, sintiéndose orgulloso incluso en su delicado estado. Mirada desciende, presiona los labios y no siente temor; no chista ante lo que está a punto de hacer. Ahoga un jadeo ante el contacto necesario para limpiar la herida, sus ojos vuelven a cerrarse con fuerza e intenta contener la respiración como si aquello le ayudase a controlar el dolor. ❝Valió la pena❞ murmura, se guía por instinto animal, violento, mismo que le dice que lo correcto es eso; se declara ganador.