Víctima es una palabra femenina supongo que por casualidad. Víctima no ha necesitado masculinizarse como “modisto”. Supongo que también por casualidad. Femenino genérico.
Las mujeres no somos seres de luz. Que parece que hay que aclarar las obviedades. La prueba de que las mujeres no somos seres de luz es que cuando algunas se atreven a confesar su condición de víctimas y a luchar contra lo que les ha ocurrido y se unen tratando de evitar que otras pasen por su situación en el futuro, hay algunas otras mujeres que escriben comunicados acusándolas de victimizarse.
Si las mujeres fuésemos seres de luz no habría ninguna mezclando churras con merinas y confundiendo el coqueteo con una agresión. Dejemos de lado esa innegable realidad: lo que entendemos por “seducción” no deja de ser una simulación de caza león-gacela donde las mujeres tenemos que ser las gacelas. Todo eso protegido por el mito de la mujer fatal que, si rascas un poco, resulta ser una mujer asumiendo un rol menos pasivo y menos “de víctima” de lo que le corresponde. Una mujer peligrosa porque no se queda en el papel de víctima.
Porque no se victimiza. Victimizarse no es ser víctima. Que parece que hay que aclarar las obviedades. La condición de víctima existe. Si te atracan has sido víctima de un atraco, te pongas como te pongas. Si te violan has sido víctima de una violación. Punto.
Victimizarse es fingirse víctima o utilizar tu condición de víctima para sacar beneficio, a tu favor. No como el hecho que es. Victimizarse tiene una parte de manipular.
Decir “hemos sido víctimas de esto y nos negamos a callarnos y ocupar el rincón de la derrota” es lo contrario a victimizarse. Es asumir tu condición, asumir el hecho, pero no dejar que te domine, te defina, te avergüence o te bloquee.
Victimizarse es quejarse cuando la gente muestra su desacuerdo con algo que dices y acusarles de no respetar tu derecho a disentir. Eso sí es victimizarse. La gente tiene derecho a no estar de acuerdo contigo del mismo modo en que tú lo tienen para criticar a las mujeres valientes que salieron del rincón de la víctima y tomaron el control.
Fingirse víctima de un ataque cuando se está atacando a otra persona es jugar muy sucio. Y no me gusta. Y me parece lo contrario al feminismo.
Entiendo, porque lo entiendo, que nos hemos criado todas en este sistema que nos premia, aparentemente si colaboramos con el enemigo. Caen mejor las mujeres que dicen que los señores poderosos tienen derecho a “insistir” en su “coqueteo” que para eso son leones y nosotras somos gacelas.
Caen mejor a los que tienen el poder, a los privilegiados. A los que marcan las reglas de todos los juegos.
Pero el feminismo nos enseña que ese mecanismo de ponernos a nosotras a atacar a las que desobedecen las normas es patriarcado en vena. Del peor. Del dañino. Y que tenemos la responsabilidad de plantearnos en cada cosa que hacemos si colaboramos con el enemigo.
Por nuestra propia salud mental. Porque una cosa que pasa con los colaboracionistas es que siempre serán basura para su enemigo, por muy buenos que sean en su labor. Llega un punto en que son prescindibles. Ya han cumplido su función y siguen siendo el enemigo.
El feminismo es, entre muchas cosas, esa herramienta que te explica que eres víctima pero que no necesitas hacerte la víctima. Que puedes luchar para no serlo más, no serlo tanto, para que otras no lo sean. El feminismo escuece porque te hace consciente de tu condición de carne de cañón, pero también te salva porque te explica que tienes derecho a estar enfadada, a expresarte, a responder al enemigo. A luchar contra quien te oprime, te ataca, te viola, te agrede, te insulta, te hace de menos y te dice encima que calladita estás más guapa y que si vas a hablar no te olvides de quién manda aquí. Así que piensa bien qué mano vas a morder.
Por eso yo le doy las gracias a esas mujeres de Hollywood, que son privilegiadas, que tienen poder económico y espacio en los medios y lo han usado esta vez para dar voz a activistas contra el acoso y la violación en lugar de a hablar de cómo hacer para usar una talla 36 con 68 años y aparentar 25 toda la vida. Les doy las gracias por atreverse a llamar acoso al acoso en vez de fingir que es “seducción”. Les doy las gracias por explicar eso aun sabiendo que iba a salirles caro. Como siempre que nos metemos con los señores.