Ya en el sexto día de la "Semana de Nimona" Y la temática de hoy es "Instantánea en el tiempo"
Este dibujo viene con una pequeña historia, la cual considero muy corta cómo para publicarla en la lista de fanfic de esta semana, así que se queda aquí.
Ella sabía que ese día inevitablemente llegaría, aun así, intento no pensar en eso, intento concentrarse en el momento, disfrutar el presente, y tal vez ese fue su error.
Se negó a ver los cambios del tiempo, se negó a aceptar que su feje estaba envejeciendo, muriendo lentamente por el paso del tiempo, pero es que Ballister nunca se dejó vencer, hasta el último momento se vio tan vivaz y lleno de energía, nunca sospecharías de todo lo que paso, uno nunca pensaría que una mañana simplemente ya no despertaría.
Fue repentino, despertó al ya no sentir latido, le gustaba dormir en el pecho del feje, en la forma de cualquier animal pequeño, conocía bien su ritmo de corazón y de respiración, así que fue lo primero que noto, pero no lo quiso aceptar, se quedó en su pecho, viendo fijamente su rostro, esperando cualquier señal, pero al pasar el tiempo, el cuerpo empezó a enfriarse, y ella ya no podía seguir fingiendo que no lo notaba.
Fue confuso, no recuerda bien cómo fue que Ambrosius despertó, no recuerda nada de cómo prepararon el funeral, su recuerdo más marcado era el de su feje en aquel cajón, con un rostro que aparentaba dormir, sabía que estaba pasando, pero incluso cuando lo enterraron seguía sin poder creerlo.
Fue en casa que racionalizo todo, viendo las fotos en las paredes y en los estantes, habían pasado más de ochenta años desde que conoció al feje, él ya tenía más de veinte en ese momento, los humanos normalmente no viven más de cien años, pero él lo hizo, tenía todo el sentido del mundo que estuviera cansado, que quisiera irse tranquilo, pero para ella se sentía tan poco tiempo.
Recuerda mirar las fotos, y luego recuerda el rostro de Ambrosius en su propio cajón, siendo enterrado al lado de Ballister, no se dio cuenta en el momento cuanto paso, pero no fue más de una semana entre ambos funerales, lloro y grito tan fuerte que asusto al resto de presentes, estaba sola, nuevamente sola, se abrazó a si misma mientras se cubría con sus alas, quería irse con ellos, no era posible que la abandonaran de esa forma.
Nadie se acercó a ella y poco a poco todos se fueron, no podía culparlos por tener miedo, en el pasado, su reacción hubiera sido motivo para atacarla, hoy por suerte le dieron su espacio, y es que estaba maldiciendo a Ambrosius todo lo que podía, ni una semana, ni una semana desde que perdió a su feje y él también la dejaba, también se fue en cuanto pudo, en cuanto dejo todo listo, todo arreglado para ella.
Poco a poco dejo de maldecir y a darse cuenta de que nadie la abandono, ambos eran humanos, ambos superaron su expectativa de viva para estar con ella, ambos estaban cansados y tenían todo el derecho de irse, tenía que agradecer a Ballister por irse en calma y no hacerla sufrir viéndolo con una enfermedad, y a Ambrosius por resistir lo suficiente sin el amor de su vida, lo suficiente como para arreglar todo el tema legal.
Volvió a casa después de horas, ya no había nadie por las calles del reino, así que se sintió cómo una sombra de camino a casa, ya que eso era lo que le quedaba ahora, la casa que durante décadas compartió con ambos, miro el cuarto principal, aquel que se supone era de la pareja casada, pero en el que la mitad del tiempo ella también dormía, lo contemplo más tiempo del que debía, mirando la cama ahora vacía y que a sus ojos lucia tan fría, cerró la puerta del cuarto y se dirigió a su propia habitación, quería acostarse y dormir por años, se puso su pijama, pero al momento de acostarse se sintió mal, una sensación de que algo estaba mal, era su cuarto, pero por lo general cuando dormía ahí, era porque Ballister la llevaba.
No pudo evitar llorar al recordar eso, su feje sacándola del cuarto principal, porque él y Ambrosius querían un momento a solas, ella molestándose o fingiendo molestia, para que Ballister le prometiera un buen desayuno en compensación, ya no estaban, nadie iría a arroparla, nadie estaba en el otro cuarto y nadie la estaría esperando para desayunar.
Tiro su almohada con fuerza mientras se levantaba de la cama, comenzó a caminar cómo un animal encerrado, variando entre distintos animales, estuvo sola tantos años, pero ahora sentía que moriría por estarlo, cambio a un dragón y tiro un libro con su cola.
-No, no, no –Grito al darse cuenta de que era un libro de fotos, la idea de perder una la aterro lo suficiente como para que dejara de cambiar de forma aleatoria.
Miro el libro de fotos, era viejo, era el que Ballister y Ambrosius le regalaron en su segundo año viviendo con ellos “Casi ochenta años atrás” Pensó mientras habría las primeras páginas, el tiempo pasa, aunque uno no quiera verlo, aunque todo parezca bien, y es que, al abrir el libro, algunas fotos cayeron al ya estar desgastadas las fundas, rápidamente las tomo.
“Nunca se dio cuenta del tiempo que paso” Contemplaba la foto en su mano, Ballister la trataba cómo si fuera su hija, no sólo eso, una niña, no le molestaba, pero que ese trato nunca cambiara la hizo ignorante ante la realidad, el tiempo paso, y aunque su feje intento que las cosas no cambiaran, eso se volvió imposible, él no podía evitarlo por siempre y ella tenía que ver la realidad, el tiempo paso, en esas fotos estaba más que obvio, el tiempo seguiría pasando y ella se quedaría ahí, viendo esas fotos por años, extrañando lo que no volverá.